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La opinión de:
Edna Lorena Fuerte
CELEBRACIÓN DE LAS RAÍCES

12 de agosto de 2008.

Este viernes se inició en el Parque Central de Ciudad Juárez la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas...

Propuesto por la Asamblea General de la ONU en 1993 como un reconocimiento al valor de los pueblos originarios del mundo, en los que se reconoce la base del desarrollo cultural de la sociedad actual.

Reunidos en una fiesta de color y tradición, los mixtecos, huicholes, purépechas, otomíes y las cuatro etnias del estado de Chihuahua, que son los rarámuris, pima, guarojíos y tepehuanos, darán a los juarenses una muestra de sus culturas, definidas cada una por una cosmovisión particular que se traduce en sus ritos religiosos y sus tradiciones sociales.

Este festejo, realizado por primera vez en esta frontera, reviste una gran importancia no sólo como un reconocimiento para estas culturas, sino por su papel en la sensibilización de la sociedad en torno a estos grupos sociales, y su papel en la preservación de las raíces y el orgullo en nuestros orígenes.

La importancia simbólica de esta fiesta, en la se ha tenido la opción de observar manifestaciones artísticas, culinarias, religiosas, etc., reside en que nos permite disfrutar de este abanico de posibilidades culturales de una manera tangible, como lo que son, tradiciones vivas que se siguen reproduciendo de generación en generación, una historia que se escribe día a día.

En nuestro estado, y particularmente en esta ciudad fronteriza, tenemos la oportunidad de vivir la cultura ética de una forma muy intensa en lo cotidiano, ya que el fenómeno migratorio ha traído hasta acá a los más diversos grupos sociales que buscan una oportunidad de mejorar su calidad de vida y la de los suyos. De acuerdo con datos del INEGI hay cerca de 18, 971 hogares en los que se habla lengua indígena en nuestro estado; y en Ciudad Juárez se tiene presencia de al menos 30 lenguas distintas.

Entonces a los grupos indígenas del estado se suman aquellos que vienen del centro y sur del país, generando un intercambio cultural muy rico e intenso; sin embargo, tampoco como parte de este intercambio, las raíces culturales se van perdiendo al salir de sus lugares de origen y no tener las condiciones sociales necesarias para seguir preservando sus enseñanzas ancestrales.

Se pierde el uso de los trajes típicos, los oficios artesanales, el sentido religioso y ceremonial de ciertos acontecimientos y, sobre todo, de manera muy lamentable, se pierden las lenguas que identifican a cada grupo étnico, pues en el mundo urbano del desarrollo económico no hay espacio para estos aspectos.

La tarea es clara, debemos encontrar los mecanismos de preservación de los grupos originarios, pero no como curiosidades de museo o atracciones turísticas, sino a través del reconocimiento y el respeto mutuo, de la enseñanza y el aprendizaje que nos permita compartir y hacer que aquellos que pertenecen a esa herencia directa se sientan orgullosos aun cuando busquen la integración a la economía y la sociedad moderna.

Se trata de la libertad de elección de las personas, que el nacido indígena tenga las oportunidades para desarrollarse sin que ello implique que deba cambiar; quienes debemos cambiar somos el resto, la sociedad que debe abrirse a todas las manifestaciones culturales y fomentarlas en lo social, lo cultural, lo económico y lo jurídico.

La igualdad en este sentido es el reconocimiento y el respeto a la diferencia y, como sociedad, la valoración de la riqueza cultural que tenemos, lo que nos distingue en un orgullo multicolor que es la huella de nuestro valioso pasado, pero que también debe ser el signo de la evolución a un futuro más igualitario.

Tan sólo la riqueza lingüística de nuestra nación es un patrimonio invaluable y su preservación depende del fomento y la enseñanza, de su inclusión en los programas oficiales de estudios, como se ha venido promoviendo, así como de los mecanismos oficiales que permitan facilitar la convivencia social de quienes no hablan español, a través de facilitar la presencia de traductores en diferentes eventos.

El camino de la tolerancia y la convivencia es largo, pero debemos partir sobre todo de la concienciación de unos y otros, conciencia que nos lleve a sentirnos orgullosos de que, como mestizos, tenemos en nuestra sangre las milenarias costumbres que los grupos originarios han luchado por preservar hasta nuestros días.

Trabajemos juntos por que nuestro estado y la frontera en particular, sean centro de convergencia de culturas, no sólo un lugar de oportunidades económicas, sino también un sitio abierto al diálogo y la convivencia que nos enriquezcan, que venidos de muchas partes, seamos chihuahuenses todos por nuestra capacidad de reconocer en los otros el valor propio. No perdamos la oportunidad de reconocernos en los ojos del otro. Vale la pena.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas Gracias.



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