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Nueva Orleans se vacía antes de la temida llegada de Gustav

30 de agosto de 2008.

Los habitantes de Nueva Orleans comenzaban el sábado a dejar la ciudad antes de la temida llegada del huracán Gustav, una evacuación dirigida por las autoridades preocupadas por no repetir los errores cometidos durante el pasaje de Katrina en 2005.

Paragolpe contra paragolpe, las filas de automóviles, sobrecargadas a veces de niños y hasta animales, obstruían las salidas de la ciudad hacia el norte y el este, mientras que el huracán, que pasó el sábado a categoría 4, se dirigía hacia el golfo de México. También había autobuses que se precipitaban sobre las rutas.

"Tendríamos condiciones de vida miserables si nos quedáramos. Sin agua corriente, sin electricidad", reveló Maria Chopin, tras cargar el baúl de su auto con alimentos y material de supervivencia, antes de dejar la ciudad junto a sus hijos.

Gustav, que ya provocó la muerte de 85 personas en el Caribe, debería impactar las costas estadounidenses el lunes de noche o el martes.

"Extremadamente peligroso", Gustav es el huracán más violento de la temporada después de Bertha, que pasó en julio, según el Centro Nacional de Huracanes estadounidense (NHC).

En agosto de 2005, los habitantes de Nueva Orleans habían esperado hasta el último minuto para dejar sus hogares antes de la llegada del huracán Katrina, que arrasó con la ciudad y provocó 1.500 muertos en Louisiana y en los estados vecinos.

Los distritos costeros de Nueva Orleans lanzaron órdenes de evacuación obligatoria. Antes de partir, varias personas cerraban las ventanas con tablas y apilaban sacos de arena frente a las casas para intentar resistir a las inundaciones en caso de nuevas rupturas de diques.

Abandonar el hogar "sabemos que es una decisión muy difícil. La emoción es enorme", reconoció Craig Taffaro, presidente del distrito costero de St. Bernard.

"Podemos manejar aproximadamente 1,67 m de agua por encima del nivel del mar, pero no los 2,70 a 3,70 de los que se habla", explicó el alcalde de Jean Lafite, pequeña ciudad costera al sur de Nueva Orleans.

Se estima que la población total de la aglomeración urbana es de más de un millón de habitantes, pero no había ninguna estimación oficial disponible el sábado del número de personas involucradas por la evacuación obligatoria.

El aeropuerto de Nueva Orleans cerrará sus puertas el domingo de noche. Los hoteles pidieron a sus clientes que se fueran de la ciudad. Las escuelas permanecerán cerradas toda la semana.

Las evacuaciones voluntarias y asistidas comenzaron el viernes, pero no todos los habitantes quisieron someterse a éstas.

"Se supone que tendría que estar partiendo, pero continúo esperando un poco más para ver qué hará la tormenta. Sé que es arriesgado", explicó a la AFP Sheile Robertson, una habitante de Nueva Orleans.

En 2005 había partido la víspera de la llegada de Katrina, que destruyó su casa, y la obligó a compartir desde entonces, un apartamento con otras cinco personas.

Otra residente, Maggie Hawkins, interrogada por la cadena CNN cuando se preparaba para tomar un autobús con su pequeño perro, contó: "Nací aquí, mis padres nacieron aquí. Si puedo, volveré y reconstuiré". Estimó que el gobierno estaba trabajando mejor que hace tres años.

El presidente estadounidense, George W. Bush, declaró el estado de emergencia en Louisiana y Texas. Su popularidad se había hundido luego del pasaje de Katrina, que provocó inundaciones catastróficas, que hicieron desaparecer el 80% de Nueva Orleans.

La falta de coordinación fue total: decenas de miles de personas intentaron sobrevivir sobre los techos o las autopistas elevadas, mientras que en el estadio de la ciudad, que protegía a 20.000 refugiados, reinaba la violencia y la desolación.



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