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¡México quiere paz!

1 de septiembre de 2008.

De pronto estalló el silencio. Era un silencio desconcertado, cansado. En la gran plaza, por unos momentos, quedaban guardados los gritos, las demandas, los desahogos.

Luego se apagaron las luces de los edificios que son sede del Gobierno de la República y del de la capital. Se escuchó el canto de bronce, repicaban todas las campanas. Un enorme alarido las acompañó. Se encendieron las veladoras.

Un par de minutos después, reaparecieron incontenibles las voces: “México quiere paz”, “¡Si no pueden renuncien!”. También: “¡No más secuestros, no más violencia!”. Y: “¡Por un México seguro!”. Y como a lo largo de toda la marcha, como se oyó, como se leyó: “¡Ya basta!”.

Fue una tarde blanca. De ese color vistió la gente en su mayoría. Pero blancas también fueron las lágrimas de una mujer, pintado su rostro, trabaja como payasa en fiestas infantiles. Hace cuatro años secuestraron a su hija, le hablaron por teléfono, le dijeron que se la iban a regresar en pedacitos. “Aunque sea así, pero que me la devuelvan” clamaba ella, Adela Alvarado, “Salchicha” es su nombre artístico.

Y casi blanco, muy pálido era el rostro de un hombre. Participó en la marcha de 2004. Desde entonces lo han asaltado, lo robaron. Levantó el acta, le dijeron que no era víctima de secuestro exprés, porque no estuvo cautivo el tiempo que marca la Ley. “Ellos están libres seguramente, pero yo, yo ya me quedé preso para siempre, estoy en la cárcel de mi propio miedo, de mi angustia, de mi terror” exclamaba, lloraba, temblaba. Frías sus manos se estrujaban.

Una marcha, la de ayer, cuatro años, y muchas vidas, y muchos crímenes, y muchas impunidades después. Algo o mucho fue distinto. Había enojo, irritación, rabia, impotencia. Fue la marcha del hastío.

Una manifestación que literalmente rebasó a sus convocantes. Ellas y ellos quedaron atrás. Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, niños, se fueron uniendo en diversos tramos y aquéllos quedaron atrás.

Desde las tres de la tarde ya había varias personas ante la Columna de la Independencia. Ahí estaban las mantas, las fotografías, las leyendas. Ahí una anciana terriblemente sola. Jorge Alberto, su hijo, fue secuestrado cuando tenía 18 años, una semana después del plagio, encontraron su cuerpo en el Estado de México.



Ahí estaban, esperaban. Y cayó la lluvia, se convirtió en tormenta. Aguantaron, se empaparon.

Ahí también, los mercaderes. Vendían camisetas, gorras, banderitas, paraguas, moños.

Cuando se fue la lluvia, llegaron los silbidos. “¡Fuera, fuera, fuera!” gritaban. Querían que se marchara el secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Manuel Mondragón, quien montado en su poderosa motocicleta Harley Davidson se colocó al frente unos segundos, hasta que se tuvo que ir.

“¡Fuera, fuera, fuera!” gritaron también contra reporteros, camarógrafos. El enojo contra todo, contra todos, flotaba en el viento húmedo.

A las cinco y media de la tarde empezaron a caminar. Así, por que sí, sin que alguien diera la orden. En la primera línea iban los dirigentes de las diversas agrupaciones organizadoras. Pero a los pocos metros, ya iban adelante decenas de personas. Luego centenares. Posteriormente, miles.

Avanzaron. En vano, jóvenes voluntarios intentaban recordar a los manifestantes que se trataba de una marcha silenciosa. Así, por Paseo de la Reforma, y luego en Avenida Juárez, y en Madero, volaban los: “¡No más secuestros!”... “¡Si no pueden renuncien!”... “¡Ya basta!”.

A las seis y cuarto entraron los primeros a la Plaza de la Constitución. Pero ahí ya estaba la multitud. Formaron una valla. Nadie les impedía el paso, pero respetaban las líneas de cal que fueron trazadas desde el asta bandera hasta el inicio de la plancha.

Y ahí en el corazón del país otra vez a esperar. Llegaba poco a poco el río humano, nutría a la blanca mar. Y de ella brotaban como en oleaje los reclamos contra las autoridades. “¡Que se vaya Ebrard!” de un lado, “¡Que se vaya Felipe!” de otro. “¡Esto no es de partidos!” nació, creció otro coro. “¡Fuera, fuera!” corrieron a una mujer que llevaba una capa con frases contra la reforma petrolera y en favor de su líder.

El cielo estaba otra vez cargado de nubes. A las ocho de la noche alguien encendió una vela, luego fueron más. Una voz entonó el Himno Nacional, se le unieron otras. Reunidos estaban los de la ropa fina y los de la prendas baratas, los del blanco de marca y los de “pirata”.

Y de ese humano mar se hicieron varias corrientes que iban a un lado, a otro, a todos, a ninguno. Se amontonaban los cuerpos. Crecía el desconcierto. Fue entonces, a las ocho y media, cuando estalló el silencio. Un silencio cansado. Luego, el canto de bronce, y el alarido, y se encendieron miles de fuegos. Y reaparecieron incontenibles los gritos.

Más tarde, llegó la noche. Encontró veladoras en la plaza. La gente regresaba a sus hogares. El miedo también.

Mexicanos en el mundo se unen a reclamo

La capital española así como Londres y Tel Aviv se sumaron ayer a la demanda ciudadana de mejorar los niveles de seguridad en México, cuando decenas de connacionales caminaron por sus calles, horas antes de las marchas que se viven en ese país.

En las tres ciudades los asistentes expresaron su respaldo a la demanda ciudadana de seguridad vistiendo todos de blanco o al menos con alguna prenda de ese color, así como portando velas encendidas.

En Madrid el punto de partida fue un restaurante de comida mexicana, desde el cual el contingente recorrió los tres kilómetros que lo separan de la Embajada de México.

La marcha fue impresionante ya que su toque distintivo, más que el color o las veladoras, fue el silencio en que se llevó a cabo.

Hugo López, uno de los estudiantes que participó, dijo que es interesante la estrategia que contra la inseguridad sigue el presidente Felipe Calderón, pero “desde aquí, estamos preocupados de las historias de terror de las que nos enteramos”.

En Londres, en tanto, también tuvo lugar un “Iluminemos México” en apoyo a la exigencia ciudadana de mayor seguridad y fin a la impunidad de los delincuentes.

En la capital británica el contingente estuvo formado por mexicanos residentes así como estudiantes que en su mayoría cursa estudios de posgrado en alguna institución de Reino Unido.

Aquí, a diferencia del recorrió que vieron las calles madrileñas, los caminantes corearon varias consignas, en particular “Ya basta de impunidad”.

El grupo, que concluyó su recorrido en la Embajada de México en Londres, entregó un documento a los representantes mexicanos donde piden a las autoridades garantizar la seguridad ciudadana.

Tel Aviv se convirtió así en la ciudad más al Oriente en el mundo en apoyar la demanda ciudadana por la seguridad, a la cual se sumaron manifestaciones similares en Varsovia, Polonia, mientras que en Estados Unidos hubo marchas en Chicago, San José y Houston.



¡Un grito de paz!

Cientos de duranguenses se reunieron la tarde de ayer para pedir paz en el país e iluminar la esperanza de familiares que han sido víctimas de la delincuencia organizada. Marcharon para pedir “ya basta” a la impunidad y a la corrupción de autoridades.

La marcha inició alrededor de las 7:10 horas, líderes de los diferentes sectores empresariales empezaron a organizar la caminata, a ella se unió el arzobispo Héctor González Martínez y a un lado lo escoltaban religiosas con un rosario y vela en la mano.



A la marcha se unieron familiares de José Estrada Acuña, quien fue secuestrado desde el 31 de mayo de 2004 y que hasta la fecha no se sabe nada de él; también se encontraban personas cercanas a los agentes de la Dirección Estatal de Investigación que han fallecido en los últimos días, así como del comandante Jorge Serrano y el agente Jesús Cavada, quienes se encuentran desaparecidos desde hace más de 104 días, todas con lágrimas de dolor y desesperación.



Algunos ciudadanos fueron llegando poco a poco a la marcha y se fueron incorporando en los diferentes cruceros, todos unidos al silencio del dolor. Una manta en el crucero de 20 de Noviembre enojó a los Caballeros de Colón, “La verdadera paz emana de la justicia” y se repartieron algunos volantes.

Al llegar a la Plaza IV Centenario las personas entonaron el Himno Nacional y se alzaron las luces hacia el cielo; posteriormente se formó en el piso la palabra paz y se colocaron veladoras en las escaleras de Gobierno del Estado.

Apaga el desinterés la marcha en Juárez La marcha contra la inseguridad Iluminemos México fue apagada por la lluvia y el desinterés ciudadano, en Ciudad Juárez.

La llovizna, que desde el mediodía comenzó a caer, tal parece que desalentó el interés por participar en el movimiento nacional contra la inseguridad, además, la falta de organización oportuna redujo las expectativas de que una de las comunidades más afectadas en el país por la violencia se manifestara de forma pacífica.

Ixcel Sandoval, una de las organizadoras, reconoció que tuvieron poco tiempo para circular correos electrónicos, invitando a la comunidad a la manifestación.

Otro factor que también impactó en el esfuerzo ciudadano fue el partido de futbol a unos metros del sitio donde se convocó a la marcha entre los Indios de Ciudad Juárez y Tuzos del Pachuca.



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