Weekly News

Opinión de:
Edna Lorena Fuerte
Interpretación de la violencia

22 de septiembre de 2008.

Desde que aparecieron las terribles imágenes de los hechos violentos vividos en Morelia, Michoacán en pleno festejo de la conmemoración de la Independencia...

El pasado 15 del mes corriente, hemos escuchado, leído y visto una enorme cantidad de interpretaciones de estos hechos, y cada uno de nosotros, tenemos, por supuesto, nuestra propia opinión.

La escalada de acontecimientos violentos en el país parece llevar una trayectoria inevitable hacia la descomposición y la gravedad, cada día esperamos amanecer con titulares más sangrientos, de mayor impacto, y ante lo que sucedió en Morelia, parece que la crueldad no tiene límite, se puede ir contra quién sea, de la forma qué sea y frente a toda una ciudad y sus autoridades.

Pensamos, de manera generalizada esto, basados sustantivamente en interpretaciones, pues de la mayoría de los hechos que han marcado a nuestro país en los últimos meses, no tenemos datos claros, ni precisión suficiente para marcar responsabilidades: seguimos esperando entender qué pasó en Creel aquí en nuestro estado, quiénes eran y por qué murieron las 24 personas encontradas en el Estado de México hace unas semanas, y ahora, qué fue lo que pasó en Morelia, y más aún, qué sucede con los asesinatos cotidianos que se suman en cifras alarmantes.

Entonces, desde el principio, se marca una línea de interpretación generalizada: todo esto es por la lucha contra el narcotráfico, por la guerra entre cárteles, por el daño que las fuerzas del orden le están causando al crimen organizado. Entonces, de cada nuevo hecho, vamos siguiendo la misma línea, parece que no hay razones para creer que haya sido alguien más si se da por hecho que es el crimen organizado quién actúa detrás de toda esta situación.

Frente a esto, aun sin ser suspicaz, resulta de llamar la atención el acomodo del panorama ante la rápida evolución de los acontecimientos, y que de pronto veamos con la mayor naturalidad las comparaciones con la etapa más negra en Colombia, los calificativos de Terrorismo en los titulares y las declaraciones de funcionarios, e incluso las denominaciones que pretenden exactismo al hablar de "Narcoterrorismo", y sobre todo, los políticos que capitalizan la desgracia, pues parece ser el mejor argumento para sus discursos.

Considero que es necesario que hagamos un alto en el camino, que no nos dejemos llevar por el decurso de los hechos y volvamos al principio, la capacidad de asombro es necesaria, la indignación y la resistencia ante esto es básica para que no seamos arrastrados como sociedad por los caminos fáciles que conviene que sigamos. En principio, no podemos dejar fuera ninguna posibilidad en la interpretación, hoy, como ayer, no tenemos bases reales para fincar responsabilidades, entonces todas las interrogantes están abiertas.

¿De qué le serviría al crimen organizando atacar a la población de esta manera, teniendo la capacidad probada de ir contra altos mandos policíacos o enfrentarse al propio Ejército con bastante éxito?, la respuesta fácil dice que se trata de causar terror y escarnio entre el pueblo y con ello presionar al gobierno, ¿no le serviría más causar terror entre el propio gobierno directamente si ese fuera su cometido?. Si ha sido bastante aceptado el descartar una posible acción de grupos guerrilleros por considerar este tipo de actos fuera de su código de conducta, por qué no proceder en el caso del narco de la misma manera, pues hasta ahora no se tenía noticia de ataques contra los ciudadanos.

Quién lo haya hecho estaba esperando que se adjudicara al crimen organizado, sean ellos o no; si partimos de esta consideración, es fundamental que no dejemos fuera ninguna posibilidad y que no nos dejemos llevar por la interpretación generalizada, debemos exigir resultados claros y contundentes. Y, sobre todo, ir más allá de las interpretaciones, lo que necesitamos es contrarrestar los efectos de la violencia, venga de donde venga.

En su artículo de esta semana en EL Universal, Sara Sefchovich llega a una conclusión francamente atendible ante estos hechos, cito: "En todo caso, sea quien sea el responsable del atentado y sea cual sea la razón por la cual eligieron Morelia, es un hecho que su afán era desestabilizar. Y por eso la respuesta tendría que ir por el camino de conseguir lo contrario: estabilizar. Para ello, en lugar de seguir el patrón tradicional de respuesta y con el pretexto de los atentados dedicarse a hacer reuniones y a recortar presupuestos dizque para destinarlos a la seguridad, habría que soltar el dinero y empujar la generación de empleos, la construcción de obras y sobre todo lo que más urge: el impulso a la educación, la promoción de la cultura y del esparcimiento."

Ojalá más voces se unieran a este criterio, por el momento, ponemos la nuestra en este mismo tono, hace falta un combate real, con inteligencia y fortaleza, no una guerra sin cuartel.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas Gracias.



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