Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Nueva charra magisterial

29 de septiembre de 2008.

Por increíble que parezca, en México existe una izquierda ultraconservadora...

Parte del teatro del absurdo que con lo anterior se sugiere, se ubica en el hecho de que el agente o actor social que representa tal fenómeno es la disidencia magisterial, agregada en una especie de constelación de grupos semicohesivos identificados por la etiqueta compartida de Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE-, archipiélago de grupalizaciones varias que impugnan a El SNTE –Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación-, siglas éstas que generalmente y a conveniencia usan para impugnar al grupo institucional dominante y mayoritario que es jefaturado por la sempiterna lideresa, Elba Esther Gordillo Morales.

Oponiéndose a la vigencia del pacto federal signado por las instancias oficiales de la SEP y el SNTE llamado Alianza por la Calidad Educativa, el pasado día 15 de Mayo de 2008, algunos grupos de la CNTE han protestado con fiereza para evitar a toda costa el proceso sistemático y periódico de evaluación profesional, encaminado a probar y actualizar la competencia en el servicio de los profesores mexicanos, así como también para conservar el arcaico privilegio de heredar o vender las plazas magisteriales a los familiares cercanos de los mentores que abandonan el servicio docente activo, en un extraño acto de nepotismo izquierdista, por identificarlo de algún modo.

Saltan a la vista perentoriedad y conveniencia de la Alianza Educativa, incluso Chihuahua se ha adherido a ella, al abordar, entre otros varios aspectos de la reforma educativa mexicana, este par de factores que no pueden esperar más para transformar una situación educativa nacional que deja mucho que desear y que a ojos del mundo entero, no solamente de la visión propiamente interna, significa una deficiencia cercana a la vergüenza en la contemplación de los observadores diversos que valoran la inconsistencia de nuestro sistema educativo básico. En la lógica de un verdadero y trágico “elefantazo”, la corriente “izquierdista magisterial”, la CNTE, agrupada sí y no –a contentillo de sus jefes- en la institucionalidad de El SNTE, se levanta con la última reivindicación de su declarado espíritu democrático y fogosamente antiautoritario, una auténtica joya de la revolución de los grupos capitaneados aún por el tropicalismo mesiánico: furiosa negativa a la evaluación y actualización profesional, conjugada con el poema dinosáurico de la prerrogativa irrenunciable para heredar y vender plazas no únicamente otorgadas en definitividad, sino apropiadas a perpetuidad, cual si fueran lotes para cementerios.

Sin duda que la izquierda ultraconservadora mexicana como tal, tiene algo de religión. Ofrece a sus creyentes una triple dispensa: una, de carácter intelectual, consiste en retener sólo los hechos que a su parecer idiosincrático le resulten favorables en relación a las posturas políticas que sostiene, omitiendo todo aquello que pueda amenazar con refutarlos; la otra dispensa es práctica: permite despojar de todo valor a los fracasos que inflige la realidad; y, con frecuencia tratándose de creencias aquejadas de síndrome autoritario populista, hay una dispensa moral mediante la cual todo se justifica en aras de la redención nacional, incluyendo mandar al diablo a las instituciones de manera discrecional, condenar a los otros por vendepatrias, linchar a los traidores propicios, masacrar simbólicamente a los charros no pertenecientes al propio clan o tribu y por supuesto, agraviar de manera casi racista a los grupos extraños dirigidos por la fácilmente lapidable “chiva expiatoria” del sindicalismo magisterial mexicano: Elba Esther Gordillo Morales. Curiosamente o quizá no tanto, estas posturas abiertamente reaccionarias de la disidencia magisterial nacional, no han despertado la indignación febril de una opinión pública dada a vapulear cualquier manifestación de impericia o torpeza políticas en el gremio de profesores mexicanos; por el contrario, tal pareciera que por venir en el presente caso de dichos grupos disidentes, se debiera asumir una posición pudorosa para no fortalecer a las odiosas causas “charriles”. Sin duda, de seguir así, parafraseando a Jorge Luis Borges, el magisterio mexicano tiene todo el pasado por delante.





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