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La opinión de:
Edna Lorena Fuerte
Las funciones del rito

3 de noviembre de 2008.

Frente a la celebración de los Santos Difuntos, llena de coloridas tradiciones, sabores especiales y ritos que reconcilian nuestra vida con la de los que ya no están.

contrasta la vivencia del duelo, la pérdida como algo tangible y doloroso que sentimos ante la muerte de alguien cercano, lo irremediable de la muerte. Ambos momentos representan nuestro mayor acercamiento con la muerte, pero entre ellos existe una frontera muy grande.

La celebración es color y el luto ausencia de él. En estos días de festejo, los panteones de todo nuestro estado se llenaron de flores nuevas, olores de incienso, rituales, peregrinaciones de familias enteras que van por sus obligaciones con el recuerdo; pero durante todo este año hemos visto, también en peregrinación, a miles de familias en duelo por las recientes muertes de sus familiares a manos de la terrible ola de violencia que vivimos.

De acuerdo con el análisis antropológico, el ritual de celebración de los muertos es una manera de reconciliarse con la ausencia, la creencia en el regreso, durante estos días, de nuestros cercanos fallecidos nos ayuda a sobrellevar el peso de lo inevitable. Hoy, las flores en los panteones de Chihuahua aun están frescas, las lágrimas no han dejado de llenar los ojos de esas familias y ahora, cómo es que se unen a este festejo, tan reciente su dolor para poder reconciliarse con pan y cempoalxochitl.

La muerte se ha vuelto una constante, es cotidiana, tangible, se lee todos los días en los medios de comunicación, se vive como un predecible infortunio, está ahí en forma de fuego cruzado a plena luz del día, de secuestro, de asalto, de la mala suerte de estar en un lugar y un tiempo inadecuados. Cuántos de ellos eran o no inocentes, no lo sabemos y quizá nunca podrá saberse, no hay un juicio posible ante la muerte, lo único que queda es el dolor de sus familias.

Y así llegamos a estos dos primeros días de noviembre a "celebrar" todas estas muertes. En nuestro estado conviven dos rituales, el Día de muertos y el llamado Halloween o Día de brujas; aunque tradicionalmente se les ha considerado opuestos por sus orígenes e implicaciones, provienen de una misma raíz religiosa: el catolicismo. El primero de estos rituales está basado en la simbiosis entre las tradiciones de las sociedades prehispánicas y las creencias religiosas de los misioneros católicos; mientras que el segundo proviene de una celebración irlandesa, cuya población, aun actualmente, es casi en su totalidad (86%) católica romana.

Aunque se reconozca de manera evidente que el Día de muertos busca preservar tradiciones de una profunda cosmovisión, y el Día de brujas está más enfocado a divertimentos comerciales muy arraigados entre los más pequeños que disfrutan con los disfraces en estos días, aunque las tradiciones terminan siempre con complementarse, pues por más que nuestros niños vayan vestidos de brujas o personajes de la cinematografía hollywoodense, piden su "calaverita".

La coincidencia entonces es de origen, para ambas tradiciones, y para todas las que forma parte de ellas como predecesoras en las sociedades antiguas, con sus respectivos matices, durante estos días se abría una puerta de convivencia con los muertos, quienes volvían a convivir y disfrutar de lo que tuvieron en vida. En algunos casos eran considerados días espiritualmente riesgosos, pues convivían la materialidad y la inmaterialidad de una manera abierta, en una mezcla de energías.

Entonces, si nos apegamos a estas creencias, estamos en un momento de apertura que permite la reconciliación, si quienes se fueron, de alguna manera están aquí, es un buen momento para perdonar y ser perdonado. La muerte siempre es inadecuada, nunca se está listo, siempre se quedan palabras por decir, mucho más cuando la gente se van de manera trágica, tan de repente, sin la posibilidad de pensar que al otro día ya no podremos hablar con ellos.

¿Sirve creer entonces en estos días, en ese vínculo que puede acercarnos?, preservar las tradiciones es tarea de todo Estado, porque se reconoce en ellas una función social inalienable, por algo durante siglos, incluso milenios, se han conservado, porque son necesarias para la construcción de las estructuras sociales. Pensemos entonces que, quizá ahora más que nunca, nos sirva creer en esto, y reconciliarnos aunque sea por dentro, en silencio.

Lo que vivimos día a día no sólo en Chihuahua sino en muchas partes del país es una de las peores tragedias a las que llega la Humanidad, la falta de respeto por la vida, su nula valoración. Nos habituamos a leer que hoy hay dos, tres, ocho cadáveres más a la cuenta acumulativa, hemos dejado de pensar en ellos como personas y se van volviendo sólo cifras. Que estos Días de muertos sirvan para reflexionar sobre la vida.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.



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