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Millares viven en Italia como seres invisibles

3 de noviembre de 2008.

Aunque hablan italiano, devoran comida italiana y celebran a las estrellas del futbol italiano, no son italianos. Por cierto, es difícil saber qué son.

Miles de personas están viviendo en Italia sin documentos de identidad de algún país del planeta. Eran ciudadanos, en su mayoría, de países que cesaron de existir, como Yugoslavia o la Unión Soviética. Pero nunca obtuvieron la ciudadanía de los nuevos países que reemplazaron a esas naciones, y tampoco cumplen con los requisitos para convertirse en ciudadanos italianos.

Es difícil saber su cifra exacta, pues sobreviven en los márgenes de la sociedad, pero la Comunidad Sant’Egidio, una organización católica con sede en Roma, calcula la cifra entre 10 mil y 15 mil. Con frecuencia son perseguidos por las autoridades, que intentan deportarlos como inmigrantes ilegales, aunque no tienen a dónde ir.

Vivir en el limbo puede ser especialmente difícil para aquellos que nacieron y fueron a la escuela en Italia. Una vez cumplen 18 años, se suman al Ejército de indocumentados.

“No somos yugoslavos, ni tampoco italianos. Somos como nubes”, dijo Toma Halilovic, que vive con sus padres, su esposa y sus hijos en dos contenedores en un campamento improvisado en los suburbios de Roma.

Halilovic, de 26 años, nació en Roma, hijo de padres yugoslavos que llegaron a Italia de manera legal en la década del setenta. Él fue a la escuela primaria, se hizo amigo de los niños de su localidad, y se convirtió en un fanático del equipo de futbol Roma.

Cuando cumplió 18 años, Halilovic pensó que recibiría la ciudadanía italiana. Los hijos de extranjeros nacidos en Italia no reciben de manera automática la ciudadanía, pero pueden reclamarla entre los 18 y los 19 años de edad si han vivido en el país de manera continua y legal.

Halilovic dijo que su solicitud fue rechazada pues no había sido registrado como residente al nacer. En esa época, señaló, eso no era requerido por la Ley.

“Me dijeron que había nacido en tránsito”, dijo. “¿Qué significa eso? Este es mi país”.

En algunos casos, los padres no registran a sus hijos al nacer porque han perdido la ciudadanía de sus propios países de origen y no pueden renovar sus permisos de residencia en Italia, dijo Paolo Morozzo della Rocca, profesor de leyes de inmigración en la universidad de Urbino, en el Centro de Italia.

Muchas de las casi invisibles personas en Italia son gitanos que vinieron de la ex Yugoslavia. La falta de documentos y de permiso de trabajo les ofrece escasas oportunidades de estudio, obtener un empleo estable o abandonar campamentos miserables donde reside la mayoría de la población de gitanos de Italia, estimada en 150 mil.

Los gitanos son el objetivo de un censo muy criticado emprendido por el Gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi, que incluye tomar las huellas digitales de adultos y de niños si carecen de un documento de identidad válido. El Gobierno conservador alega que la medida tiene como propósito establecer quién vive en el país de manera ilegal, reducir el crimen en las calles y lograr que los niños de gitanos vayan a la escuela.



En agosto el Gobierno emplazó miles de soldados en las calles para ayudar a combatir el crimen, patrullar las calles y revisar documentos.

“Tengo miedo de salir a la calle”, dijo Halilovic. “Mi miedo se ha acrecentado con todos esos soldados en la calle. Si me agarran, me meterán en la cárcel como si fuera un ladrón”.

DIFÍCIL SOLUCIÓN

Una solución para aquéllos en la situación de Halilovic es ser declarados oficialmente apátridas. De acuerdo a una convención de 1954 aprobada por la Organización de las Naciones Unidas, aquellos reconocidos como apátridas pueden obtener un pasaporte especial, permiso para permanecer y trabajar en Italia, y conseguir la ciudadanía por la vía rápida.

Pero existe una situación de “Trampa 22” o círculo vicioso con la Ley italiana: el Ministerio del Interior exige un permiso de residencia para admitir que una persona es apátrida. Y un permiso de residencia sólo puede obtenerse con un pasaporte válido, algo que un apátrida no posee. El ministerio del Interior de Italia se negó a comentar el problema.



La única alternativa es entablar una demanda contra el Ministerio en un Tribunal civil, que puede demorar al menos tres años, dijo Morozzo della Rocca. El profesor de derecho señaló que la mayoría de las personas sin documentos carce de tiempo y dinero para ir ante un Tribunal.

“Italia actúa de manera deshonesta al aplicar la convención” de la ONU, añadió.

Halilovic comenzó su proceso ante un Tribunal hace seis años, y lleva consigo los documentos que le entregó el Tribunal, como única prueba de su intención de hacer las cosas de manera legal. Pero eso no fue óbice para que la Policía lo arrestara hace dos años como inmigrante ilegal, durante un chequeo de rutina.

Halilovic está desempleado y recoge trozos de metal para revenderlos, la ocupación más común de los gitanos en Italia. Sus cuatro hijos, que van de los cinco meses a los cuatro años de edad, no pueden ser registrados como residentes debido al status de su padre. Y pueden confrontar los mismos problemas cuando lleguen a los 18 años de edad.

“Si me hubieran dado la ciudadanía, podría haber continuado mis estudios o me habría alistado en el Ejército”, dijo. “Necesitamos un documento, cualquier documento. Lo necesitamos para poder brindar a nuestros hijos un futuro”.



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