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Accidente de aeronave trunca meteórica carrera de Mouriño

5 de noviembre de 2008.

La meteórica carrera política de Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación, acabó de manera trágica la noche de ayer cuando el avión en que viajaba, procedente de San Luis Potosí, se estrelló en la zona de Las Lomas de Chapultepec, al Poniente del Distrito Federal.

A Mouriño, amigo cercano del presidente Felipe Calderón, lo acompañaba el titular de la Secretaría Técnica para la implementación de las reformas constitucionales en materia de seguridad y justicia penal, José Luis Santiago Vasconcelos, quien hasta agosto pasado se desempeñó como subprocurador de Asuntos Internacionales de la Procuraduría General de la República (PGR).

En el Gobierno de Vicente Fox, Santiago Vasconcelos condujo la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, donde recibió diversas amenazas de los capos de las drogas.

Ambos funcionarios visitaron San Luis Potosí, donde participaron en la firma del Acuerdo para la Legalidad y la Justicia.

También, pusieron en marcha, junto al gobernador Marcelos de los Santos, el Programa Paisano 2008.

Antes de abordar el avión en el aeropuerto Ponciano Arriaga, a Juan Camilo Mouriño se le vio sonriente compartiendo con el mandatario estatal.

Al filo de las 17:00 horas, el titular de Gobernación abordó el Lear Jet modelo 45 construido en el año 2000, matrícula XC-VMC, con destino a la Ciudad de México.

A las 18:42 el piloto de la aeronave, José Luis Ramírez, transmitió un mensaje de alarma y la comunicación se perdió.

Cerca del bosque de Chapultepec y a unos metros de Periférico y Paseo de la Reforma, cayó el aparato ocasionando el incendio de por lo menos 40 automóviles y heridas a 40 personas, algunas de extrema gravedad.

En la confusión, se difundió que era una aeronave la que se había accidentado, hacia las 20:00 horas, consternado, Max Cortázar, vocero del presidente Calderón, confirmó: “Desgraciadamente el secretario de Gobernación viajaba en el avión”.

Junto al vocero presidencial, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, pedía no adelantar ninguna conjetura sobre el desplome de la nave.

Al filo de las 20:26 el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, llegó hasta el lugar del accidente y frente a los restos sólo movió la cabeza en actitud de lamentación.

Antes, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, se acercó hasta la línea donde estaban los reporteros y fotógrafos. Ahí, habló con un tono de evidente tristeza, indicó: “hemos confirmado que el secretario de Gobernación está entre las víctimas y es una pérdida para todos, lo que puedo decir es que esto es una lamentable y triste pérdida”.

Los rostros de consternación de los funcionarios federales y locales eran más que evidentes. Varios de ellos, como el caso del vocero presidencial, Max Cortázar, tenían los labios prácticamente secos y blancos, pero no perdían detalles de las primeras acciones de los peritos, donde destacaban los especialistas en artefactos explosivos de la (PGR).

El Ejército entró en operación al filo de las 20:10 horas y de inmediato rodeó toda la zona afectada. Había huellas de daños en todo el perímetro, como en un vehículo color rojo donde lo que parecía una aspa quedó clavada en el toldo.

A unos metros de donde se encontraba la aeronave carbonizada, un grupo de ministerios públicos federales inspeccionaba centímetro a centímetro el jet que cayó en el cruce de las Ferrocarril de Cuernavaca y Periférico.

Los equipos de bomberos que llegaron para sofocar el fuego que provocó el desplome de la nave dijeron que fue consumida en su totalidad y que todos los pasajeros habían perecido.

Marcelo Ebrard ofreció sus condolencias a la familia del secretario de Gobernación y confirmó que también se reportaban 40 personas lesionadas, varias “muy graves”.

Para que pudieran trabajar en el lugar los peritos de Aeronáutica Civil y especialistas en explosivos de la PGR, personal de la compañía de Luz y Fuerza del Centro habilitaron lámparas para iluminar el lugar de los hechos.

Autoridades locales y federales hicieron pública la coordinación que establecerán para esclarecer los hechos.

Entrada la noche y tras regresar de una gira de trabajo por el estado de Jalisco, el presidente Felipe Calderón confirmó que en el accidente fallecieron Juan José Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, así como los funcionarios Miguel Monterrubio, Arcadio Echeverría, Norma Díaz y el capitán Julio César Ramírez Dávalos.

También murieron el copiloto Álvaro Sánchez, y la sobrecargo oficial Gisel Carrillo.

El mandatario expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas y su apoyo absoluto “en estos momentos tan difíciles” e hizo una referencia especial a Mouriño.

Muerte cimbra al presidente

El anuncio cimbró al presidente Felipe Calderón como no se le había visto nunca, lo conmocionó... incluso se llevó la mano a la cabeza y dio un leve traspié, pues ya caminaba rumbo al helicóptero después de encabezar la entrega de viviendas en este municipio.

La noticia comenzó a correr entre los medios de comunicación que acompañan al mandatario 10 minutos después de ocurrida la caída de la aeronave en Reforma y avenida Ferrocarril de Cuernavaca, en ese momento Calderón ya hacía uso de la palabra y, por prudencia, no fue avisado en ese momento.

Su equipo esperó a recibir más información y calculó a que Calderón bajara del templete y entregara una vivienda para, después, ya de camino al helicóptero, darle la fatal noticia.

Minutos antes, Aitza Aguilar y Alejandra Sota, coordinadora de Estrategia y Mensaje Gubernamental, fueron informadas del accidente mientras Calderón emitía su discurso. Ellas, velozmente dejaron el acto para, en la parte posterior del lugar del evento, hacer llamadas telefónicas. El mandatario no lo detectó.

Todavía hubo tiempo para que Calderón entregara las llaves de una de las casas a una familia de este lugar y, ya enfilado hacia el llano donde aterrizaron los cuatro helicópteros, se le acercó seria, sin perder la serenidad, Aitza Aguilar.

Calderón, enfundado en una chamarra café, informal, con camisa azul, recibió la noticia y quedó pasmado, con la boca entreabierta por una fracción de segundo. Siguió caminando mientras le daban más datos y todo el equipo de Los Pinos recibía llamadas hasta en tres teléfonos al mismo tiempo.

La oscuridad ya había caído y el camarógrafo de Cepropie, Arturo Garay, diligente, encendió la lámpara de su equipo para alumbrar el camino. Con los zapatos embadurnados de lodo –pues se riega agua en el helipuerto para no levantar tolvaneras- Calderón subió a la aeronave para recibir los reportes a detalle.

Fueron 35 largos minutos de vuelo. La noticia se la dieron segundos después de las 19:20 horas.

Ya en el aire seguían las llamadas, muchas de ellas se repitieron pues en el aire la señal no es buena y la comunicación se entrecortaba. En los otros tres helicópteros también reporteros, equipo de comunicación, logística y hasta el Estado Mayor Presidencial seguía a detalle cualquier novedad de lo ocurrido.

En el aire se pudieron apreciar las primeras imágenes en teléfonos celulares tomadas de la televisión. La brillante luz de la fotografía del incendio que salía del teléfono iluminó todo.

Fue un largo recorrido hasta llegar al hangar presidencial donde el mandatario ya había ensayado sus palabras, las frases con que recordaría a Juan Camilo quien, más que su colaborador, su compañero de partido, era uno de sus mejores amigos.



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