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El mundo festeja triunfo de Obama

5 de noviembre de 2008.

En todo el mundo, en salones, plazas, playas y calles atestados, la victoria de Barack Obama fue aclamada por personas de diversos países como un vuelco hacia la igualdad racial, con la esperanza de que su presidencia augure un Estados Unidos más equilibrado y menos polémico.

La gente se congregó frente a televisores o escuchó en radios estruendosos el continuo flujo de información sobre las elecciones del martes en Estados Unidos. En Sydney, los australianos colmaron un salón de fiestas en un hotel. En Río de Janeiro, los brasileños hicieron fiesta en la playa. En la ciudad japonesa de Obama, la gente se puso a bailar cuando fue anunciada la victoria del candidato homónimo de su localidad.

Los observadores, muchos de ellos en países donde la idea de que un miembro de una minoría resulte elegido gobernante es impensable, hubo expresiones de asombro y satisfacción de que Estados Unidos pudiera superar siglos de conflicto racial y elegir a un afroestadounidense como presidente.

"Esto muestra que Estados Unidos es de verdad una sociedad diversa y multicultural, donde el color de la piel realmente no importa", dijo Jason Ge, estudiante de relaciones internacionales en la Universidad Pekín en China.

En un mundo interconectado donde la gente en los puntos más extremos pudo seguir la contienda presidencial paso a paso, numerosos observadores hicieron eco del pensamiento de Obama mientras se esforzaban por poner en palabras su percepción de que los comicios marcaron un momento crucial.

"Creo de verdad que esto va a cambiar al mundo", aseveró Akihiko Mukohama, de 34 años, cantante de un banda que viajó a la ciudad japonesa de Obama para actuar en un acto en favor del ahora presidente electo. Mukohama portaba una camiseta con la leyenda "Amo a Obama".

Numerosas personas consideraron que, para bien o para mal, el poderío económico, militar y cultural de Estados Unidos confirió una importancia mundial a los comicios.

"Los ojos del mundo están sobre esto", indicó el australiano Phil Keeling, que vistió una prenda de pies a cabeza con los colores rojo, blanco y azul e imágenes de Obama y del candidato presidencial republicano John McCain para asistir a un salón de fiesta en el centro de Sydney a fin de ver el desarrollo de los comicios estadounidenses en pantallas gigantes de televisión.

Entre muchos críticos de las políticas del presidente saliente George W. Bush había grandes esperanzas de que una victoria de Obama trajera consigo un enfoque estadounidense más incluyente y cooperativo internacionalmente. Muchos consideraron que la guerra en Irak es un error que Obama no repetiría.

En Alemania, donde más de 200 mil personas acudieron este verano a ver a Obama durante su gira por Europa y Medio Oriente, las elecciones dominaron los titulares de periódicos, noticieros televisivos y páginas en la internet. Entre las celebraciones más irreverentes estaba una fiesta llamada "Adiós, George" para celebrar la salida de Bush.

La Obamanía era evidente no solamente en Europa, sino también en el mundo musulmán, donde muchos expresaron esperanzas de que el demócrata busque más las negociaciones que la confrontación.

El gobierno de Bush disgustó a los musulmanes al maltratar a prisioneros en Abu Ghraib y en Guantánamo, violaciones de los derechos humanos que fueron condenadas en todo el mundo.





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