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Mujeres son blanco de la violencia en el mundo

25 de noviembre de 2008.

Un grupo de jovencitas afganas se dirige a la escuela, en Kandahar. De repente, dos sujetos en una motocicleta se acercan y les arrojan ácido en la cara, desfigurándoles el rostro.

Tal es la “expiación” que, a decir de los agresores, deben cumplir las adolescentes por tener la osadía de querer estudiar.

Lejos de ahí, en Somalia, una niña de 13 años es lapidada por islamistas, ante cientos de testigos, tras haber sido declarada culpable de adulterio. En efecto, Aisha Ibrahim Duhulow era casada y cuando iba de camino a ver a su abuela, fue violada por tres tipos. Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, después del abuso, la niña presentó una denuncia, sin imaginar que de víctima se convertiría en culpable de un delito castigado con la muerte. En Armenia, un dicho popular reza así: “La mujer es como la lana; entre más la golpeas, más suave se pone”.

Del otro lado del mundo, el panorama no mejora mucho. En Guatemala, si bien en mayo de este año entró en vigor la Ley contra el feminicidio y otras formas de violencia contra la mujer, la Policía reveló que hasta el 10 octubre, 610 mujeres habían sido asesinadas. El mismo periodo, en 2007, la cifra fue de 590. En Uruguay, el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad revela que entre 2006 y 2007 las denuncias por violencia intrafamiliar contra las mujeres aumentaron 50 por ciento y, en promedio, cada 12 días hay un intento de asesinato a una mujer.

En este sombrío marco se conmemora hoy el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres. Pero, a varias décadas de distancia, la propia ONU reconoce que falta mucho por hacer; que muchos actos criminales contra las mujeres se quedan en la impunidad; que en países en conflicto, como el Congo, las violaciones y asesinatos de mujeres son el común denominador.

Una de cada tres mujeres, advierte el Fondo de Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM), sufrirá alguna forma de violencia a lo largo de su vida, convirtiéndose “en parte de una epidemia que devasta vidas, fractura comunidades y frena el desarrollo. A pesar de algunos avances sobre el tema en la última década, su horrenda escala permanece sin ser reconocida. Nuevas dimensiones incluyen el tráfico de mujeres y niñas”.

En noviembre del año pasado, Amnistía Internacional difundió un reporte que no es mucho más optimista: más del 70 por ciento de las mujeres víctimas de asesinato mueren a manos de sus esposos o compañeros. Pero quizá haya atisbos de esperanza. Con todo su miedo, 300 mujeres afganas se reunieron en Kabul bajo el lema “no a la violación ni violencia. Justicia y amor”. En Yemen, Arwa, una niña de nueve años forzada a casarse y a soportar abusos y golpes, solicitó y consiguió el divorcio.

La violencia contra las mujeres “es un acto criminal y debe ser castigado, y esto debe percibirse de manera clara”, afirmó en Ginebra la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, con motivo de esta conmemoración.



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