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Se ‘mexicaniza’ el Gabinete de Obama

4 de diciembre de 2008.

Designa el presidente electo de EU a Bill Richardson, hijo de madre de origen mexicano, como titular de Comercio.

Con la designación de Bill Richardson como secretario de Comercio, el Gabinete de Barack Obama y su primer círculo de colaboradores en la Casa Blanca se “mexicanizó” aún más, conforme se suman a cargos claves personajes de origen mexicano.

Richardson, hijo de madre mexicana y padre estadounidense, encabeza la lista de personajes de origen mexicano o nacidos en México que formarán parte del próximo Gobierno que asumirá funciones el 20 de enero próximo o que ya están en las filas del equipo de transición.

“En relación con los funcionarios latinos, cuando la gente vea a todo mi equipo (...) no sólo en términos del Gabinete, sino de los colaboradores de la Casa Blanca, la gente va a decir, éste es uno de los Gabinetes (...) más diversos de todos los tiempos”, declaró Obama.

Aunque el mandatario electo sólo ha designado a la mitad de su equipo, la lista incluye ya a Louis Caldera, el nuevo director de la Oficina Militar de la Casa Blanca, quien será el militar de origen mexicano de más alto rango que servirá en la Casa Blanca el próximo gobierno.

Hijo de inmigrantes mexicanos, Caldera nació en El Paso, Texas, en 1956 y creció en California, a donde sus padres emigraron cuando tenía cuatro años de edad. En su nueva oficina supervisará a dos mil elementos militares al servicio del presidente.

Obama designó además al químico mexicano Mario Molina como miembro del equipo de transición y copresidente de los planes para desarrollar la política de ciencia y tecnología del nuevo Gobierno.

Molina, de 65 años nacido en México, naturalizado estadounidense y ganador del Premio Nobel de Química en 1995, es actualmente profesor del Departamento de Química y Bioquímica de la Universidad de California en San Diego (UCSD).

Obama designó además a Mariano-Florentino Cuéllar, nieto de inmigrantes mexicanos de Tamaulipas y criado en Caléxico, para encabezar su grupo consultivo sobre migración y es mencionado en la lista para dirigir la Oficina de Inmigración y Servicios Migratorios (CIS).

De sólo 36 años, “Tino” Cuéllar tiene un currículo impresionante que incluye una licenciatura por la Universidad de Harvard, una maestría de Stanford, estudios de leyes en la Universidad de Yale y un doctorado en Ciencias Políticas de Stanford, donde es profesor.

La lista de personajes de origen mexicano puede ampliarse toda vez que Obama considera al legislador demócrata por Arizona, Raúl Grijalva, de origen mexicano, para encabezar el Departamento del Interior, de acuerdo con fuentes demócratas.

El legislador demócrata de California, Xavier Becerra, también de origen mexicano, es mencionado para ocupar la Representación Comercial de la Casa Blanca (USTR), una versión que cobró vuelo al conocerse un viaje que realizó ayer a Chicago, Illinois, para reunirse con Obama.

Linda Chávez-Thompson y María Echaveste, de origen mexicano, han sido mencionadas para ocupar la cartera de la Secretaría del Trabajo. La primera es una dirigente sindical histórica y la segunda fue alta funcionaria durante el Gobierno del presidente William Clinton.

Más de 30 latinos ocupan posiciones en el equipo de transición de Obama y otros como Cecilia Muñoz, de origen boliviano, ocuparán posiciones en la Casa Blanca, en este caso como directora de Asuntos Intergubernamentales.

Entre éstos figura Tom Pérez, Xavier de Souza, León Rodríguez, Jeffrey Morales, Juan Otero, María Blanco, Alejandro Mayorkas y Víctor Méndez, entre otros.

Designar a nuevo jefe de la CIA, tarea delicada

Durante los dos años de su campaña presidencial, Barack Obama lanzó fuertes críticas a los programas antiterroristas más controversiales de la Administración Bush, desde ocultar a sospechosos de terrorismo en cárceles secretas de la CIA, hasta interrogarlos con métodos que denunció como tortura.

Ahora Obama debe hacerse cargo de la CIA, en la que está demostrando ser una de las empresas más complicadas de la fase de transición a la Casa Blanca.

La semana pasada, John O. Brennan, veterano de la CIA que era considerado en amplios círculos como la selección más probable de Obama para dirigir la agencia, retiró su nombre de los candidatos después de que críticos liberales atacaron su presunto papel en el programa de detención e interrogatorio de la dependencia. Brennan sostuvo que había sido un “firme opositor” a las duras tácticas de interrogatorio, y sin embargo Obama evidentemente decidió que la nominación de Brennan no merecía una batalla con algunos de sus seguidores más ardientes en la izquierda.

La búsqueda de otra persona por parte de Obama y su futura relación con la agencia son complicadas por la tensión entre su aparente deseo de romper de tajo con las políticas de la Administración Bush que ha condenado, y su preocupación por la posibilidad de aislar a una agencia que tiene un papel central en la campaña contra Al Qaeda.

Electrifica al mundo diplomático designación de Clinton Hillary Rodham Clinton no habla ningún idioma extranjero, pero ha visitado 90 países. Nunca ha negociado un acuerdo entre dos partes en guerra, pero un discurso que ofreció en Beijing en 1995 sigue siendo citado por activistas de los derechos de la mujer en todo el mundo.

Seleccionada por el presidente electo Barack Obama para ser su secretaria de Estado, Clinton tiene un currículum en muchas formas más ligero que el de sus predecesores. No porta las décadas de conocimiento académico y político que Condoleezza Rice llevó al trabajo, ni la sapiencia militar de Colin L. Powell, o siquiera la experiencia de Warren Christopher como subsecretario de Estado.

Tampoco tiene la clase de relación cercana con su jefe que tuvo James A. Baker III. Ni la credibilidad de Madeleine K. Albright o Henry A. Kissinger, cuyo mismo lugar de nacimiento —Praga y Baviera— les daba un aura de sofisticación que agregaba lustre a sus credenciales diplomáticas.

Y sin embargo, la selección de Clinton ha electrificado un mundo diplomático en el que los funcionarios pueden ahora tener la expectativa de sentarse frente a frente con una ex primera dama y candidata presidencial estadounidense, con todo el drama que conlleva la historia de los Clinton.

“Cuando llegue a una capital, esa ciudad estará fascinada”, indicó George Friedman, director general de Stratfor, una compañía de análisis de riesgos geopolíticos. “Algo que tendrá es la atención absoluta de cualquier líder extranjero que esté con ella”.





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