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Cristante, a un paso de igualar a Miguel Marín

9 de diciembre de 2008.

Los ingredientes están sobre la mesa. El plato fuerte —la gran final— ya lo saborean, entre llamaradas y máquinas de vapor, las aficiones de Cruz Azul y Toluca, sazonado con múltiples ingredientes.

Uno de ellos, la suma de otro récord relacionado con el portero Hernán Cristante, próximo a igualar en títulos (cinco, para ser precisos) al legendario Miguel Marín, una de las glorias de La Máquina de los años 70, y quien el próximo 30 de diciembre cumplirá 17 años de fallecido.

“Me parece que sería justo para él (Cristante), aunque no creo que los cruzazulinos piensen lo mismo”, percibe Max Marín, comentarista de la cadena TVC Deportes, hijo del extinto guardameta argentino.

Y es que, de lograr la meta, Cristante la obtendría curiosamente en una final contra Cruz Azul, equipo que inmortalizó Miguel Marín en los 70.

“Sí, así es. La verdad es que para él sería redondear una gran temporada y para el Toluca representaría ser de los mejores equipos de la década o en torneos cortos”, añade Max, quien vuelve a insistir, “hay que ver también qué dice Cruz Azul”.

Entrevistado en el palco de prensa del estadio Nemesio Díez, después de que el Toluca afianzó el boleto a la final, Marín valora la trayectoria de Hernán y considera justo que aspire a igualar los números de su padre: “Es un hombre sensacional dentro y fuera de la cancha, ustedes lo han visto, profesional 100%.

Acaba de romper un récord totalmente merecido”.

Renuente a los halagos, Hernán Cristante procura restar presión y sólo opina: “Los records escríbanlos ustedes, a mí no me quita el sueño ni me preocupo; lo importante para mí es lo que está haciendo el club, la entrega del grupo y lo que puedo compartir con la gente”.

Humilde, agrega: “Vamos a tratar de buscar ese título contra una escuadra que tiene historia, títulos y que merece respeto”.

Eso sí, “sería espectacular, brillante, poder coronar un año que empezó regular y donde el equipo nunca bajó los brazos”.

Mientras Cristante —coincidentemente argentino, como Marín— profesa la sencillez, Max Marín atesora entre sus recuerdos aquel partido en que su padre se lesionó, en la otrora Bombonera, por un pisotón del ecuatoriano Ítalo Estupiñán.

¿Usted tenía kryptonita?

— Bueno, fue un accidente —responde—. Yo no le quise pegar. Lo que pasa es que él soltó el balón y le pegué en el dedo.

De hecho, Ítalo —una de los añejos ídolos toluqueños— prefiere compartir otras memorias. “Siempre que jugamos contra Cruz Azul le hice gol a Marín”, celebra el moreno, cargado de historias, como la que reeditarán celestes y choriceros.



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