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‘Padecen en México el efecto Medellín’

10 de diciembre de 2008.

Con las manos ocupadas desabrochando el nudo de la corbata, que muy pocas veces usa, el alcalde de la ciudad, Alonso Salazar, cavila y suelta: “México está reproduciendo el fenómeno de violencia que tuvimos en Medellín”.

Con el rostro preocupado, recuerda que en los momentos más cruentos de violencia en su ciudad pensaban que era un mal propio.

“Lo que veo ahora, luego de visitar muchas ciudades latinoamericanas, es que Medellín fue el preaviso de un fenómeno que se ha universalizado, el de la emergencia de las violencias, donde se mezclan economías ilegales, como el narcotráfico, con el desencanto de masas urbanas y periféricas, que avanzan hacía procesos de desinstitucionalización dramáticos”, expone.

Salazar no siempre ha sido político, antes de lanzarse a hacer campaña era periodista. De hecho, escribió un libro sobre el poder del narcotráfico, “Profeta en el desierto”, crónica que recoge los hitos de la vida de Luis Carlos Galán, periodista que emprendió una lucha frontal contra el crimen organizado, misma que le costó la vida a manos del cartel encabezado por Pablo Escobar.

El alcalde de la ciudad que en la década de los 90 se consideró la más violenta del mundo, enlaza las manos al explicar que los fenómenos de violencia se mezclan en un escenario de “criminalidad global”.

“Las estructuras del narcotráfico de Colombia y México están conectadas con estructuras de mafiosos en Europa, y los capitales discurren por canales paralelos”, apunta.

Entrevistado en sus amplias oficinas del piso 12 de la Alcaldía, el funcionario mira constantemente los ventanales. Frente a su escritorio se encuentra una sala y una mesa de trabajo. Un mapa de la ciudad cubre una de las paredes.

En la globalización del mundo criminal, abunda, los Estados parecen impotentes ante el “lavado” de dinero.

Cada vez hay más hilos que se entrecruzan e incursionan en el mundo de la política, advierte, y van avanzando hacia una captura del Estado.

“Lo que era un problema de Medellín resultó ser un anuncio, pero en ese momento no alcanzábamos a ver el cuestionamiento profundo de la sociedad, la democracia y las relaciones internacionales”, comenta, para luego permanecer en silencio reflexivo por unos segundos.

Nuevo estilo

De 48 años, Salazar forjó su carrera política en el movimiento Compromiso Ciudadano, que fundó junto al ex alcalde Sergio Fajardo.

Remarca que prefiere a los jeans a los trajes y que le incomoda la corbata. Su apuesta: dar una nueva cara a la política, consolidar un modelo de convivencia ciudadana y mejorar la percepción de las instituciones gubernamentales.

La sociedad, señala debe hacer conciencia de que la seguridad no es un problema ideológico, sino un derecho ciudadano.

“Cuando una sociedad comienza a masificar el delito, inicia una ruptura profunda, se convierte en una bola de nieve: un policía corrupto justifica acciones ilegales, la policía viola derechos humanos, los jueces se corrompen, es un circuito muy preocupante”, alerta.

En el caso de Medellín, considera, el factor determinante para que se generara un proceso de violencia ligada al narcotráfico fue la carencia de oportunidades laborales y de desarrollo en diversos sectores.

“Eso conduce a que esas personas vean en el narcotráfico una posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas y los narcos construyeron ahí sus ejércitos de distribuidores de droga. Luego vino el empoderamiento de esos grupos en pequeños sectores territoriales”, recuerda.

Salazar ha vivido de cerca la violencia, con un tío asesinado por la guerrilla y una sobrina secuestrada en uno de los sectores más peligrosos de la cuidad.

Sostiene, sin embargo, que hay que priorizar la agenda social en el combate a la delincuencia. Subraya, no obstante, que jamás se puede “justificar socialmente la violencia”.

En construcción El alcalde se levanta de improviso y camina hacia su escritorio, sobre el que se encuentran fotografías de su hija pequeña corriendo en un jardín y una de él junto a su esposa.

Busca un casco amarillo de constructor que utiliza como símbolo de su Gobierno.

“Uno de los principios de mi Gobierno está en construir una ciudad segura. Eso era un sueño en esta ciudad, donde se volvió justificable el narcotráfico por los beneficios inmediatos. Por eso hay que enseñarle a la gente los altos costos del narcotráfico”, explica.

El alcalde que no quería ser alcalde se entusiasma al presumir que Medellín pasó de ser una ciudad marcada con una estrella negra en todo el mundo, a ser sede de cada vez más eventos internacionales.

Hace unas décadas, recuerda, se llegaron a ofrecer recompensas de uno o dos millones de pesos colombianos a quien matara a un policía. En esa época sólo el 10 por ciento de la población tenía una imagen positiva de la Policía, indica, y ahora la aceptación es del 70 por ciento.

“Una Policía corrupta y violadora de derechos humanos alimenta sistemáticamente la violencia, ya que cada homicidio genera potencialmente nuevos homicidios”, apunta.

Mordiéndose el labio inferior, el alcalde reconoce que el narco no parece ceder, pues a pesar de que se han acabado generaciones de traficantes, no se ha acabado el negocio ilícito.

Sin embargo, sostiene que la diferencia en la realidad colombiana de los 90 y la actualidad es como la que hay entre la noche y el día.

Recargándose en su asiento, el alcalde parece satisfecho de lo que hasta ahora se ha realizado.

Al despedirse, toma su corbata, la dobla y la guarda en su escritorio.

Defienden extinción de dominio

La legislación sobre extinción de dominio, vigente desde hace más de 15 años, ha probado en Colombia ser una herramienta muy útil para acotar el poder económico de los narcotraficantes, asegura Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín y precandidato presidencial.

“Esa Ley fue para nosotros importantísima y sería muy recomendable aplicarla en México, pues es una señal para los narcotraficantes que les impide que se apoderen de una riqueza sin límites”, señala en entrevista.

Antes, explica, los bienes administrados por la Dirección Nacional de Estupefacientes eran vendidos, y los recursos resultantes no tenían un destino específico. Ahora, destaca, los bienes se utilizan para apoyar a instituciones del Estado que enfrentan la lucha contra el narcotráfico -Policía, Fiscalía, Armada, entre otros-, así como para rehabilitar a drogadictos.

“Cuando son detectadas, las riquezas y propiedades pasan al Estado, y aquí se convierten en recursos para el Programa de Reparación de Víctimas, por ejemplo”, apunta.

En la actualidad, señala, existen 27 mil bienes incautados en Colombia, de los cuales más del 80 por ciento son inmuebles, los que de estar juntos, comenta, constituirían una pequeña ciudad.

Para Fajardo, para enfrentar de manera efectiva al narcotráfico se requiere una estrategia integral.

“No se trata sólo de iniciativas de Ley, se requieren programas sociales que ofrezcan alternativas a los caminos del narcotráfico”, remarca. Por lo que conoce del fenómeno en México, comenta, el combate será arduo y llevará tiempo.

“La información de prensa me muestra que esto tiene que haber sido fruto de muchos años, y las consecuencias durarán mucho tiempo. Esa manifestación de ilegalidad, esa corrupción y esa violencia es un capítulo ya visto acá”, señala.

“Van a sufrir mucho en México por lo que les está pasando. Ojalá que lo que hemos aprendido les sirva para ahorrar el camino y no tengan que repetir la historia larga de tragedia y muerte que hemos vivido”.





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