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La opinión de:
Sergio Armendáriz
Abstención 2009

15 de diciembre de 2008.

En la dinámica común de la práctica política, el abstencionismo carece de verdadero interés social tanto en los procesos de legitimación del poder político, como en las estrategias de consulta popular…

Más allá de la estridente declaración de los índices de abstención en los dispositivos electorales, o como parámetro para valorar la importancia de los resultados de la opinión pública, al fenómeno en sí mismo no se le atribuye ningún peso político.

Así pues, el sentido del consenso democrático se establece en función de los indicadores de la participación social, a través de los dispositivos procedimentales de elección política; en consecuencia, la mayoría se constituye por efecto de quienes tienen la disposición para emitir su sufragio, o para expresar su opinión en los foros de consulta social, sin importar demasiado que sea la mayor parte de la ciudadanía quien se abstenga de participar.

Para algunos estudiosos, el abstencionismo representa, acaso, un simple defecto o insuficiencia del compromiso político individual.

Así tenemos que el famoso italiano Norberto Bobbio identifica en la actitud abstencionista una cierta conformidad con el régimen político vigente; en la democracia, la masa de los ciudadanos no sólo interviene activamente en el proceso de legitimación del sistema en su conjunto, usando su derecho de voto para sostener a los partidos constitucionales, y también no usándolo, porque en este caso es válida la máxima de quién calla otorga, es decir, se trata de una cierta manera de constitución apática del consenso social democrático.

Empero, en los países en transición democrática la apatía política significa muchas cosas, menos conformidad, acuerdo o consenso con la actualidad del sistema político.

El abstencionismo denuncia, en estos casos, un cierto desencanto y desconfianza en la pertinencia, confiabilidad y funcionalidad de la práctica democrática, es decir, la ausencia del compromiso ciudadano, a través del ejercicio electoral, cuestiona la legitimidad de la democracia como una estrategia real de intervención de la sociedad civil en los asuntos de gobierno, sobre todo en el terreno económico.

Una amplia tradición de autoritarismo político, acompañada de estridentes deformaciones de la construcción del consenso democrático, han dispuesto en la población de una cierta indiferencia hacia los asuntos que atiende la clase política.

La mayoría de la sociedad, de estos países en transición a la democracia, se interesa más por el espectáculo que representan los escándalos y los debates políticos, sobre todo a partir del frívolo tratamiento que le otorgan los medios masivos de comunicación, que por la importancia del significado o del contenido de los temas en cuestión.

La apatía política, en este sentido, se interpreta como un mandato popular de continuidad de la administración pública instaurada por los procedimientos democráticos; se trata, pues, de una apatía legitimadora del sistema político establecido.

Por otro lado, la abstención en tanto resistencia pasiva que denota una relativa inconformidad social para con el estado que guarda la situación política, o para con determinadas posiciones ejecutivas o legislativas; representa una suerte de protesta cívica, descrita a través de la indiferencia política, que puede ser entendida como una advertencia previa a la resistencia activa y, aún, a la sanción electoral.

En esta perspectiva, se supone que el sustraerse de la participación política manifiesta un desacuerdo tácito con las decisiones y/o las acciones de la gestión pública.

El fenómeno extremo de esta modalidad de la abstención, se sitúa en la completa desconfianza tanto en la honestidad y claridad de las acciones del aparato de Estado y el régimen de partidos, como en la pertinencia de la participación social en las dinámicas de gobierno, situación que parece ser la que caracteriza a la relación actual entre el poder político en México y la ciudadanía irritada por el peligroso brote de ingobernabilidad y violencia existentes hoy en día.

Sin duda, un severo desafío de credibilidad y confianza para el sistema político mexicano y la clase oficial que domina su expresión institucional.



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