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Son técnicas criogénicas una esperanza de vida

17 de diciembre de 2008.

El corazón de Cynthia Crawford necesitó cinco descargas poderosas para volver a latir después que se desplomó en la Clínica Ochsner hace algunas semanas. Fue un rescate dramático, por cierto, aunque se trató de una intervención rutinaria que pudo haber recibido en cualquier hospital. Pero lo que sucedió después no lo fue.

Mientras yacía inconsciente, apenas aferrada a la vida, los médicos le insertaron un dispositivo inflable que roció su cuerpo desnudo con cientos de chorros de agua helada para sumirla en la hipotermia.

“Es como sumergirse en el Mar del Norte”, comentó el cardiólogo que dirige su tratamiento, el doctor Paul McMullan.

Días después, se recuperaba sin el daño cerebral que pudo haber padecido.

Durante años, los médicos han tratado de enfriar los organismos de los pacientes para limitar los daños causados por lesiones en la cabeza y la médula espinal, derrames cerebrales e incluso trauma natal y nacimiento prematuro. La técnica se usa también para el paro cardiaco. En enero, Nueva York se sumará a varias ciudades que exigen a las ambulancias llevar a muchos pacientes de paro cardiaco a hospitales que ofrecen criocirugía.

Ahora los médicos pondrán a prueba un modo nuevo y mucho más rápido de aplicar las técnicas de enfriamiento para un problema mucho más común: los ataques cardiacos, que afectan a un millón de personas en Estados Unidos cada año.

“Es extremadamente atractiva porque el sistema de enfriamiento no es invasivo y puede emplearse en una sala de hospital ordinaria”, dijo el doctor George Sopko, del Instituto Nacional Cardiológico, Pulmonar y Sanguíneo, que financia este estudio sin precedente.

La investigación con animales sugiere que es eficaz, “pero necesitamos evidencias firmes” de pruebas con seres humanos para confirmarlo, agregó.

Los ataques cardiacos se producen cuando una arteria se bloquea, privando al músculo cardiaco de oxígeno y sangre, y causando la muerte de una parte. Pero el daño no se produce todo de golpe: las células mueren lentamente, transmitiendo mensajes químicos que actúan como un efecto dominó sobre otras células. Enfriar el organismo a unos 32 grados de los habituales 36.5 desacelera este proceso.

“El tejido que podría haber muerto de no ser enfriado, puede mantenerse vivo”, explicó McMullan.

Las técnicas criogénicas se emplean desde hace tiempo. El año pasado se utilizaron en forma experimental con el jugador de futbol americano Kevin Everett que había padecido una lesión en la médula espinal. Los médicos le bombearon una solución salina frígida en las venas para reducir la inflamación y permitir la cicatrización.

Media docena de compañías venden los equipos para estas técnicas: tubos que se introducen en las venas o en la cavidad ventral, bolsas de hielo, paquetes de gel helado, mantas con solución salina fría en su interior, ventiladores que arrojan aire frío y un casquete para enfriar la cabeza.

Los cirujanos usan el enfriamiento en las operaciones a corazón abierto, y resultados promisorios de algunos estudios efectuados hace unos años llevaron a la Asociación Cardiaca Estadounidense a recomendarla para los pacientes de paro cardiaco.



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