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Nació en Austria la canción navideña ‘Noche de Paz’

19 de diciembre de 2008.

Son muchas las leyendas que se han tejido en torno a este villancico, tan sencillo y a la vez tan hermoso. Su historia es tan modesta como la propia canción, interpretada a lo largo de 19 décadas por famosos cantantes.

Noche de Paz” se ha cantado por miles de voces infantiles de todas las nacionalidades y por los fieles, tanto en las grandes catedrales como en las pequeñas iglesias de los países cristianos.

El autor del texto fue José Mohr, un sacerdote que se inspiró en la fe y en la confianza de los hombres. Franz Gruber compuso la música y era íntimo amigo del sacerdote. Ambos hablaban un idioma fácil de entender en el corazón de los pueblos y con su melodía repartieron el don del espíritu, lleno de paz y de esperanza, que reina durante la temporada navideña en todos los rincones del planeta.

Aunque la canción es interpretada en casi todos los idiomas, excepcionalmente se recuerda al poeta y al compositor, a la ciudad y al país donde vivieron. Las partituras llevan impresos sus nombres, así como las fechas de sus nacimientos y fallecimientos, pero fuera de eso, poco se sabe de ellos.

Se tocó por primera vez el 24 de diciembre de 1818. Después de las guerras napoleónicas, volvía a reinar la paz en Europa, también en las calles y casas de Oberndorff, una antigua población pesquera, situada a orillas del río Salzach, en la región de Salzburgo.

FELIZ SOLUCIÓN

La gente se preparaba para la tradicional Misa de Gallo, que se celebraría en la pequeña iglesia de San Nicolás. Pero ese año, la ceremonia no tendría la solemnidad de otras veces, ya que el viejo órgano no estaba en condiciones de emitir sonidos melodiosos y, por tanto, el servicio religioso se haría sin música.

Lo que no sabían los feligreses es que el joven sacerdote Mohr y su amigo, el maestro y organista Gruber, iban a encontrar una feliz solución, al componer una canción navideña sencilla, cuya melodía, al mismo tiempo que halagaba al oído, haría palpitar los corazones.

En la tarde del 23 de diciembre de aquel año de 1818, Mohr entregó a su amigo el texto y pocas horas más tarde, Gruber compuso la música para dos voces y coro. Como instrumento de acompañamiento eligió la guitarra.

No se sabe con exactitud si la melodía fue cantada por primera vez durante la misa o después de ella, pero lo que sí es seguro, es que la gente de la pequeña población de Oberndorff sintió una gran emoción al oírla. Pero nadie pensó que ese villancico, junto a los nombres de José Mohr y Franz Gruber, alcanzaría la inmortalidad.

Durante la primavera de 1819, el constructor de órganos Maurecher viajó desde el Tirol a Oberndorff, con el fin de reparar el órgano de la iglesia y fue él quien se llevó el texto y las partituras a Alemania. Ahí la escucharon los hermanos Strassner, fabricantes de guantes que visitaban numerosos mercados y ferias comerciales de ese país.

Trece años más tarde (1832) la cantaron ante una población católica en Leipzig, y desde allí el villancico emprendió su largo y glorioso camino a través del mundo, como “canción popular tirolesa” y cristianos de todo el mundo la adoptaron como un símbolo musical para las fiestas navideñas.





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