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México-EU, una relación compleja

16 de enero de 2009.

Analistas y observadores consideran que el entorno económico adverso y la guerra de los cárteles de la droga se ha convertido en el principal componente de una relación de países aliados, México y Estados Unidos, que no podrán escapar de su vecindad, ni de su interdependencia en el inicio de un nuevo mandato en la Casa Blanca.

Por eso, cuando el presidente de México, Felipe Calderón, aseguró ante Barack Obama, mandatario electo de EU, en el encuentro que sostuvieron hace unos días en esta capital, que “mientras más seguro esté México, también estará más seguro EU”, un nutrido grupo de congresistas (tanto demócratas como republicanos) no pudieron menos que coincidir con una premisa que promete convertirse en mantra de unas relaciones bilaterales que deberán profundizar en materia de seguridad pero, además, en el terreno económico y comercial y en el siempre espinoso capítulo migratorio, donde podrían producirse algunos avances durante el mandato de Obama.

“México ha sido y seguirá siendo un país aliado muy importante y tenemos que apoyarle en estos momentos”, dijo un estrecho colaborador de Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial del Senado y uno de los demócratas de más alto rango que han participado activamente en las negociaciones para sacar adelante la Iniciativa Mérida.

Pero, más allá del pronunciamiento político, una primera mirada a los resultados del primer encuentro entre Calderón y Obama ofrece un panorama más prometedor y conciliatorio de lo que muchos habían anticipado.

“En principio, ha sido muy revelador el lenguaje que ha utilizado el equipo de Barack Obama después de su encuentro con Calderón, específicamente en el capítulo del TLC. Ahora hablan de mejorar el tratado y ello supone un gran contraste con la retórica que se utilizó durante la campaña, cuando se habló literalmente de la necesidad de renegociar el acuerdo”, consideró Armand Peschard-Sverdrup, del Centro para Estrategias y Estudios Internacionales de Washington (CSIS), al subrayar el aparente cambio de tono y matiz de Obama en el capítulo del TLC que tanto México como Canadá se han resistido a renegociar.

Precisamente, como parte de las propuestas deslizadas por Obama, destaca la creación de un grupo consultivo que permitiría a ambos países avanzar en temas como el TLC, energía e infraestructura lo que permitiría progresar en el terreno de la conciliación de posturas.

Por otro lado, Peschard consideró que, más allá de la obvia necesidad de reforzar los mecanismos de seguridad para hacer frente a los cárteles de la droga, “lo que ha resultado realmente sorprendente tras este primer encuentro es la importancia que Obama le ha concedido al tema migratorio”.

A favor de la posibilidad de un acuerdo, que difícilmente podría avanzar en los primeros 100 días o incluso en el primer año de mandato de Obama, se impone la sabia doctrina de la realpolitik que recomienda a los demócratas apostar por una reforma migratoria que no sólo sacaría de las sombras a 12 millones de indocumentados y garantizaría mayor seguridad a la nación, sino que, además, les garantizaría el apoyo generacional de una minoría con más de 18 millones de votos bajo el brazo.





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