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Pide Benedicto XVI defender ‘incisivamente’ a las familias

19 de enero de 2009.

Ante un mundo que vive un concepto de libertad “engañoso”, el Papa Benedicto XVI instruyó a católicos y a las organizaciones sociales que defienden los derechos de la familia a ser más incisivas en su acción, para que se promuevan medidas legislativas y administrativas que sostengan los derechos inalienables de la institución familiar

En mensajes vía satélite dirigidos desde el Vaticano a la Basílica de Guadalupe, donde ayer se clausuró con una misa el sexto Encuentro Mundial de las Familias, el Santo Padre aseguró que la familia tiene derecho a ser reconocida en su propia identidad y a no ser confundida con otras formas de convivencia, así como poder contar con su debida protección cultural, jurídica, económica, social y de salud.

El Vicario de Cristo también anunció, al término de la celebración eucarística, que el sexto Encuentro Mundial de las Familias se llevará a cabo en Milán en 2012, con el tema: “La familia, el trabajo y la fiesta”.

“Es necesario, por tanto, desarrollar una cultura y una política de familia, que sean impulsadas también de manera organizada por las familias mismas. Por ello las aliento a unirse a las asociaciones que promueven la identidad y los derechos de la familia, según la visión antropológica y coherente con el Evangelio, así como invito a dichas asociaciones a coordinarse y a colaborar entre ellas para que su actividad sea más incisiva”, dijo el Papa.

Benedicto XVI reconoció que la labor educativa se ve dificultada por un engañoso concepto de libertad, en el que los caprichos y los impulsos subjetivos del individuo se exaltan hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión de su propio yo.



La verdadera libertad debe ejercerse con responsabilidad, optando siempre por el amor verdadero, dijo el Papa, y subrayó que más que teorías se necesita la cercanía y el amor característicos de la familia, porque es “donde se aprende a vivir verdaderamente a valorar la vida y la salud”.

Fueron dos los mensajes que el Papa Benedicto XVI envió a México en el marco de este encuentro internacional al que asistieron católicos de diversas partes del mundo. Uno de ellos fue transmitido a través de una videograbación previa a la celebración eucarística y el segundo fue en tiempo real vía satélite, donde anunció cuál sería la próxima ciudad sede de estos eventos, que fueron iniciados por Juan Pablo II en 1994.

Antes, durante la homilía Tarcisio Bertone, secretario de Estado Vaticano y representante de Benedicto XVI en este encuentro, recomendó a los padres de familia ser generosos con sus hijos, sin ser permisivos; ser exigentes, sin ser duros; ser claros con ellos, coherentes y decir, no, en el momento oportuno.

La celebración eucarística fue concelebrada por Bertone, el arzobispo primado de México Norberto Rivera Carrera, y el presidente del Consejo Pontificio Consejo para las Familias, Ennio Antonelli.

Los aplausos tardan en llegar

La reacción de aplausos inmediata que en épocas pasadas causaría la presencia del Vicario de Cristo tardó en llegar.

Desde la pantalla gigante, que asemejaba un retrato colgado, Benedicto XVI aseguraba que había peregrinado espiritualmente hasta el Santuario Mariano, a través de los medios de comunicación, para estar presente en la clausura del VI Encuentro Mundial de las Familias.

En el atrio de la Basílica de Guadalupe se oyó lejana la voz de una voluntaria, que no tuvo resonancia entre los asistentes, justo cuando Benedicto XVI había iniciado su mensaje: “Se ve, se siente, el Papa está presente; se ve, se siente, el Papa está presente”.

De inmediato, reconociendo su impertinencia, la joven contuvo su euforia para escuchar el mensaje del Santo Padre, en el que reconocía en México a un país donde el Evangelio se había arraigado profundamente.



Algunas banderitas amarillas con el escudo del Vaticano ondeaban y no sólo confirmaban lo dicho por Benedicto, sino que recordaban la frase por la que su antecesor Juan Pablo II será recordado en Tierra Azteca: “México siempre fiel”.

Fiel a su devoción, los miles de asistentes, que según los organizadores fueron 25 mil, escucharon atentos a Benedicto. No hubo aplausos que lo interrumpieran, pero tampoco Joseph Ratzinger hizo pausas para recibir muestras de afecto.

Su discurso terminó y las ovaciones llegaron después de cinco segundos, como en espera de que cuando el Papa terminara de leer su mensaje y la bendición, improvisara algunas palabras.

La imagen de Benedicto XVI regresó a ser el cuadro inamovible en la pantalla gigante. La tecnología vía satélite terminó. Al tiempo concluyeron los vítores al máximo representante de la Iglesia Católica para dar paso a los rostros de las personas en el atrio, que intentaron interactuar con el Papa, pero que las nuevas tecnologías o su predilección por un personaje carismático provocaron, ovaciones masivas al unísono, pero sin duda el recuerdo de aquel que en su última visita a México durante la canonización de Juan Diego dijera: “Me voy pero no me voy. Me voy, pero me quedo con ustedes”.



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