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Obama: la figura, los retos y las perspectivas

20 de enero de 2009.

La luna de miel que viven el pueblo norteamericano y Barack Obama es indescriptible. Según una encuesta dirigida por CNN, casi la totalidad de los norteamericanos aprueba la forma en que el hoy presidente ha dirigido la transición, y 8 de cada 10 personas piensan que al país le irá mejor de su mano en los próximos años.

Obama está, de alguna forma, en todos lados: en cada escuela, en cada plaza, en cada restaurante, en cada bar. Todos hablan de él. Nadie lo critica y nadie quiere criticarlo. Hoy ni el pétalo de una rosa toca a quien muchos consideran la encarnación del sueño americano y la esperanza del mundo. En esta “Obamanía” no hay medio de comunicación que deje de compararlo con las figuras más emblemáticas de la historia de este país: con Kennedy, con Roosevelt, con Luther King y hasta con Lincoln.

Primero pensé que esto se trataba de un complot de la CIA y los medios de comunicación para mandar un mensaje de unidad a los enemigos del mundo. Después pensé que la sociedad estaba cegada, que se estaba dejando llevar por la mercadotecnia y por lo que Sartori llama el poder de la videopolítica, es decir, la alienación televisiva y el colapso de la crítica lógica individual.



Sin embargo, poco a poco me convencí de lo mismo: Obama sí es un extraordinario político. Es un progresista, un excelente orador, un intelectual decidido, tiene sentido del poder, pero no se marea, sabe organizar masas en torno a un ideal, tiene tanta confianza en sí mismo que se rodea de talentos incluso superiores a él, su liderazgo está rodeado de una historia de lucha personal como de leyenda y, como si faltara algo, se ve que es buenísima gente.

Pero aún así, hay algo fundamental en la elección de Barack Obama como presidente que va más allá de estas capacidades, del color de su piel, o de la creencia de que él tenga soluciones mágicas: la búsqueda de la sociedad por el respeto. Durante 8 años los norteamericanos no han visto otra cosa que discursos vacíos, muertes sin sentido en búsqueda de armas nucleares inexistentes, resentimiento mundial y muchos otros problemas causados por un Gobierno en el que parece que dan premios al más incompetente. Según una encuesta del The New York Times, publicada esta semana, 9 de cada 10 norteamericanos piensan que su país ha navegado por el rumbo equivocado y Bush se va con una tasa de aprobación del 22%. Ante esto Obama habló claro: “no participemos en una política de cinismo sino en una política de cambio y esperanza”.



Ahora, hay que tener en cuenta que, como el cambio y la esperanza no son fines en sí mismo sino instrumentos para llegar a algo mejor, Obama tendrá que resolver problemas tangibles, que en el corto plazo no será fácil. La nueva Administración recibe un legado desastroso: dos guerras, un sistema de salud quebrado, un déficit fiscal de más de un trillón de dólares (¡son 12 ceros!) y la peor crisis financiera desde la gran depresión de los 30’s. A esto se le suman otros retos muy variados como: hacer frente al calentamiento global, reformar el sistema capitalista, luchar contra el terrorismo, mediar pacíficamente entre superpoderes y evitar la proliferación nuclear. Esto no es nada fácil, y si resuelve uno solo de los problemas en su Administración, deberíamos de darnos por bien servidos.

Ante la imposibilidad de resolver estos problemas pronto, Obama, quien es un mago en el uso de los símbolos, comenzará a mandar mensajes que harán mucho efecto en el público dentro y fuera de Estados Unidos, y se enfocará a dar resultados modestos, pero tangibles. En cuanto a política interior ya se habla sobre el primero de estos mensajes: el lanzamiento de un nuevo “New Deal”, en alusión a las medidas del súper paquete económico que propuso Roosevelt en 1929 para hacer frente a la gran depresión. Esto causará efectos muy positivos si tomamos en cuenta que durante el año pasado 2.5 millones de norteamericanos perdieron su empleo y que 4 millones más podrían perderlo este año si no se toman las medidas adecuadas. En lo relativo a política exterior, el gran mensaje a mandar, y que muy probablemente se concrete la próxima semana, será la orden de clausura del centro de detención de Estados Unidos de Guantánamo, en Cuba, lugar donde el Gobierno de Estados Unidos tortura y viola derechos humanos de enemigos del Estado bajo el argumento de que, como no están en territorio estadounidense, los prisioneros no tienen derechos constitucionales.

Un tema que es preciso aclarar en esta euforia pro-Obama es que él será presidente de Estados Unidos, no el protector de México, ni de América Latina, ni de los olvidados del mundo. Su principal reto es su país: él lo sabe y nosotros debemos entenderlo también. Las oportunidades para vencer la indiferencia sobre México son escasas y existen dos problemas fundamentales que nos deben preocupar.



El primero es que México no suena por ningún lado en Washington, y cuando suena, suena mal: se le dice Estado fallido, pobre, corrupto e inseguro. El pasado martes en el Senado, Hillary Clinton se refirió a México y al resto de Latinoamérica casi al final de su lista de prioridades regionales, por debajo del Sudeste asiático y sólo antes de África. Realmente son pocas las iniciativas (como la del México Institute del Wilson Center) por impulsar un mejor entendimiento entre nuestro país y Estados Unidos, con un sentido de corresponsabilidad frente a retos comunes.

El segundo problema es la falta de interlocutores de alto nivel entre nuestro Gobierno y Estados Unidos. Al retirar Bill Richardson (cuya mamá es mexicana y vive en México) su nominación al cargo de secretario de Comercio, México perdió a su principal aliado. Otros aspectos no ayudan: Obama nunca ha visitado México y el vicepresidente Biden se ha opuesto a los tratados de libre comercio con América Latina. Igualmente, la propia secretaria de Estado Clinton jamás se ha caracterizado por favorecer a México en algún sentido.





Solamente dos políticos mexicanos de alto nivel se han reunido con Barack Obama: Felipe Calderón, por tradición oficial, hace unos días en Washington; y Humberto Moreira, por afinidad personal, hace unos meses en Chicago. Agradezco que hayan recibido a nuestro presidente después de su torpe error de declarar en septiembre que “el señor McCain tiene un mayor conocimiento de la realidad mexicana”, en comparación con Obama. En Washington las buenas relaciones pesan, por lo que espero que la diplomacia del Gobierno Federal esté a la altura de esta nueva oportunidad histórica de tender puentes con el país vecino.



A nivel local, tenemos que estar pendientes de varios temas. La recuperación económica de Estados Unidos afecta directamente las variables de inversión extranjera en Coahuila así como la revisión (o no) del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un punto interesante es que, tanto el presidente Calderón como Obama, en sus respectivos países, planean paquetes de inversión en infraestructura como parte del proceso de reactivación económica y, según un artículo del Washington Post, parte de esos fondos podrían ser utilizados en comunidades de ambos lados de la frontera, lo cual tendría un impacto favorable para nuestro Estado.



Un tema toral seguirá siendo la reforma migratoria, que impactará directamente a los paisanos coahuilenses que viven en Estados Unidos. La cooperación en materia de seguridad seguirá siendo central así como el intercambio educativo, como el que mantiene el Gobierno del Estado con el Washington Center para capacitar jóvenes en la capital de Estados Unidos, brindándoles la oportunidad de conseguir empleo en organizaciones internacionales.

Barack Obama es un político extraordinariamente capaz que enfrenta tiempos extraordinariamente difíciles. Ojalá en México entendamos el ejemplo y de algún lado surja ese liderazgo político extraordinario que necesitamos ante una situación de parálisis que se está prolongando demasiado. Cada crisis representa también oportunidades. Aprovecharlas o dejarlas pasar dependerá, en gran medida, del tipo de política que construyamos.



Nota: Hoy se escribe historia. Mañana les tendré una crónica con pormenores de la toma de protesta de Barack Obama.





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