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Un negocio que apuesta a innovar

28 de enero de 2009.

Empresario logra rescatar un negocio en quiebra y lo hace brillar en el mundo.

Hace casi 30 años Carlos Roberts evitó la quiebra del “negocio familiar”, eran cuatro taquerías en crisis que hoy responden a la razón social de “El Fogoncito”, el cual le abrió las puertas de la elite empresarial en México y el mundo.

Para muestra, Lorenzo Sertvije figura en la lista de amigos de Carlos con quien se sienta a comer por lo menos, una vez al mes. La presidencia de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) le ha dado otros amigos.

El negocio del taco que un día defendió por ser el único ingreso con el que contaba la familia Roberts le dio a Carlos proyección de empresario internacional.

Su preocupación como empresario ya no es mantener el negocio para heredarlo, ahora como conocedor del mundo de los negocios, a través de cursos y diplomados en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) sabe que lo importante de un negocio es su valor en el mercado y apostarle a la renovación.

El inicio



Cuando Carlos tomó las riendas del negocio la economía del país se había estacionado y la estatización de la banca trajo consigo una crisis económica de consecuencias insospechadas. “La gente ni siquiera salía a la calle a comprar”.

A pesar de las dificultades en 1984 Carlos Roberts intentó retomar su vida de estudiante y concluir su formación académica. Cuando abandonó los estudios en Ingeniería en la Universidad Iberoamericana sabía que esa carrera se cerraría para él por las materias que había que rivalidar por el pago de las colegiaturas.

Así que eligió Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Anáhuac, motivado mucho por que años antes había trabajado en el Canal 13, con Adriana Pérez Cañedos, cuya experiencia para él fue enriquecedora.

Como estudiante y con el Mundial de Futbol en México le fue asignada la cobertura de la selección de Brasil en la empresa Televisa y de ahí pasó a coordinar la información internacional, puesto que desempeñaba con gusto, aunque se dio cuenta de que no había nacido para ello al tener que recurrir a la autocensura.

Durante el desarrollo de un trabajo escolar en la Universidad, Carlos Roberts desarrolló el hoy mundial logotipo de “El Fogoncito”.



El valor de taquerías “El Fogoncito”, Carlos; como tantos otros empresarios, prefieren reservárselo, aunque confiesa que un “poderoso” grupo de empresarios en el país le hicieron en algún momento un “jugoso” ofrecimiento.

“Yo admiro hoy al empresario mexicano, Jesús Sotomayor, me convenció que una empresa se hace para venderla, no para conservarla y a lo mejor nosotros estamos chapados a la antigua para que la empresa esté en la familia por los siglos de los siglos.

Ahora entiendo que siempre tienes que pensar en renovar, cuando te compren vende y cuando te vendan compra. Creo que por ahí está mucho más ordenado el enfoque empresarial”.

Una vez que su padre, a quien así llama por amor, pues no se trata de su padre biológico, murió en 1982, el pequeño Carlos lo primero que hizo por las cuatro taquerías en un principio no sabía cómo hacerlo y a sus 19 años y un poco de prepotencia en el sentido de que ahora yo soy el jefe y aquí se hace lo que yo digo, de 34 trabajadores sólo le quedaron 17, pues aquellos taqueros mayores en edad “se negaron a recibir órdenes de un escuincle” sin saber que hoy Carlos ofrece cátedras para empresarios sobre técnicas para reducir la rotación de personal en las empresas.







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