Weekly News

La opinión de:
Edna Lorena
* De punta a punta

17 de febrero de 2009.

La presencia del crimen organizado se extiende por todo el país, cada vez más, en todas las entidades y todos los núcleos poblacionales, podemos ver los estragos de la violencia y la inseguridad pública; la exclusividad o particularidad de ciertas zonas ha sido sustituida por una terrible generalidad a la que cada vez se suman más lugares.

Nuestro estado es uno de los que más ha cargado con el estigma de la violencia, en otros lados del país se nos distinguía precisamente por esa terrible condición y no por las muchas virtudes que nos destacan. Ahora no podemos hablar de puntos fijos que focalicen esta problemática, sino vemos con mayor claridad la metástasis inevitable de este mal.

Nosotros estamos en el extremo norte de la Nación, y día con día vivimos la violencia e inseguridad de manera descarnada; pero muy al sur, en el otro extremo, el caso de Yucatán ha llamado mucho la atención, no sólo por los hechos que marcan la ineludible presencia del crimen organizado –el grupo de 11 decapitados que a mediados del año pasado ha salido a la luz, lo marca con claridad-, sino por la forma en como se ha comportado el gobierno estatal ante esto.

Las medidas que ha tomado la gobernadora, Ivonne Ortega Pacheco, contrastan con la generalidad de acciones que hemos observado, pues desde su competencia a nivel local, ha planteado una agresiva estrategia para buscar "ponerse al tu por tu" con las fuerzas criminales: armamento de alto poder, chalecos antibalas de tecnología de punta, capacitación e, incluso, la polémica medida de comprar dos granadas por cada elemento policíaco de la fuerza estatal.

Hasta aquí el propósito es muy claro, e incluso plenamente lógico, se trata de dar la batalla en igualdad de condiciones; sin embargo la efectividad de las medidas aun no ha sido probada, y tiene efectos poco claros en la ola de violencia que se vive, puesto que la confianza en los cuerpos de policía no es plena, y estas medidas no abonan en disminución de la corrupción o aumento de la eficacia.

También habría que cuestionar si estas atribuciones del orden estatal no afectan a las disposiciones de la federación, o si esto no implica una ruptura de la línea de acción de las operaciones de las fuerzas federales; o incluso, preguntarse de la oportunidad con que se aplican estos fuertes gastos en armamento, en un momento en que la crisis económica es la constante a considerar por todos los gobiernos. Todo gasto en momentos de crisis es cuestionable, aun con los mayores argumentos de necesidad.

Aun bajo todas estas consideraciones, vale la pena analizar el caso de esta entidad bajo la perspectiva de la buena voluntad y la legítima búsqueda de soluciones. En Chihuahua, nada de lo que estado o federación o, incluso, municipios nos han ofrecido para terminar con esta crisis de seguridad pública que afecta ya las garantías fundamentales de todos los ciudadanos, ha reportado resultados tangibles y satisfactorios.

Ante esto, lo verdaderamente necesario es la búsqueda de nuevas formas de acción, reinventar todas las capacidades de los gobiernos para buscar soluciones reales, rectificar el camino, asumir a plenitud las responsabilidades, y si de esta manera se logra tener una forma de acción efectiva en algún lado, que ésta se reproduzca, con las adecuaciones necesarias, a todos los rincones de país que sufren de esta metástasis dolorosa.

Y es precisamente en medio de esta gran urgencia de soluciones que inicia el proceso electoral para renovar la Cámara de Diputados, por lo que bien vale la pena enterar a los aspirantes a estos altos cargos públicos de representación, de la urgente necesidad de un enfoque distinto en el tema de la seguridad pública, primero porque se trata de una problemática que ya se ha generalizado a todo el país, y que por tanto es de su competencia, como por la grave afectación a la vida pública que ésta implica.

De un extremo a otro del país, amanecemos con las peores noticias; como un reto a nuestra capacidad de asombro, los delincuentes prueban con formas de crueldad que parecen salidas de las peores imaginaciones de la ciencia ficción, pero que terminan siendo tan tangibles como un cuerpo despojado de su cabeza en lo alto de una de las principales arterias citadinas.

Y las preguntas siguen en el aire, cada vez con menos respuestas. Los ciudadanos seguimos esperando que se tomen acciones determinantes, buscamos esperanza en las declaraciones de nuestros gobernantes, tratamos de encontrar evidencia de que hay forma de terminar con todo esto; pero la realidad se impone de la peor manera. La inseguridad toca cada vez más cerca de nuestra puerta, nos enteramos de los que lo viven, los vecinos, los amigos, la familia, y no encontramos la manera de meter las manos para que esto se detenga.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas Gracias.



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