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LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
* Fragilidad institucional

24 de febrero de 2009.

Los magnicidios y atentados contra altos funcionarios públicos dan cuenta de los momentos más cruentos de una Nación, sea de manera subrepticia o evidente, las más profundas estructuras de la gobernabilidad están siendo vulneradas. Llegar al punto de atentar contra la vida de las personas que representan el orden gubernamental es un indicativo de la gravedad de la situación que vivimos.

Aun cuando un funcionario ve afectada su integridad o, incluso, pierde la vida en circunstancias que no tienen una intencionalidad y se trata de meros “accidentes”, como ha sido el caso de Juan Camilo Mouriño, la desaparición física de personajes de ese nivel de importancia pone en riesgo a las instituciones que representan.

La protección de los funcionarios es la preservación de la investidura, asegurar que la toma de decisiones se mantendrá y, con ella, la institucionalidad. Pero el tema de la intencionalidad no es menor, las razones que llevan a cualquier persona, o grupo de personas, a atentar contra un funcionario tienen que ver con la descomposición del panorama público.

No sólo se trata de la afectación hacia una persona, sino a todo lo que representa esa persona, es decir, a todos a los que nos representa; lo que ha sucedido ayer con el gobernador de nuestro estado, más allá de las pesquisas que se generen y las posibles responsabilidades que se finquen, implica un fuerte riesgo para la estabilidad chihuahuense, ya de por sí vulnerada por el crimen organizado.

No es posible echar en saco roto la advertencia de estos hechos, se trata de una amenaza directa y no podemos dejar de considerar que la lucha contra el crimen organizado ha comenzado a llevar a nuestras instituciones a un alarmante estado de fragilidad. El que uno de las escoltas personales del jefe del ejecutivo estatal haya muerto es de la mayor importancia.

Entonces debemos considerar la seguridad de nuestros funcionarios como una prioridad del orden, no porque su vida valga más que la de los otros ciudadanos, sino porque de ellos depende el orden y la estabilidad del régimen que representan. Cuando se ha tocado la vida de personajes públicos de este nivel, se han marcado los momentos más cruentos de la historia nacional.

Sí, se deben fincar responsabilidades, dar seguimiento y analizar el rumbo que llevan las operaciones contra el crimen organizado, hacer un verdadero análisis de resultados y no sólo paliativos en el discurso que traten de levantar los ánimos caídos. Se trata de ser realistas y consistentes con la dinámica que estamos viviendo, si no se asume lo que está pasando no se puede trabajar en consecuencia.

Cerrar los ojos esperando que los problemas desaparezcan no es la solución, observarlos en toda su magnitud, dimensionarlos y considerar proyectivamente sus efectos es lo que nos puede llevar a ganar una batalla tras otra y recuperar el orden y las garantías en nuestro estado; de lo contrario, seguiremos cediendo terreno a los sicarios y sus intereses.

El gobernador debe estar preocupado por su seguridad, debe estar verdaderamente alarmado por la situación que vivimos, pero sobre todo, debe estar consciente de las implicaciones que tiene su persona para con todos los chihuahuenses, se debe a nosotros porque nos representa. Asumirse como un líder es entonces responsabilizarse de a quienes guía.

De la mano de estas reflexiones queremos hacer un llamado a las autoridades federales para que volteen a nuestro estado, para que el gobierno estatal sea verdaderamente respaldado, que la idea de cooperación de la Operación Conjunta resurja con nuevas estrategias ante esta realidad que se impone. La problemática de la violencia está tocando a todo el país, no podemos permitir que nos aísle.

¿Dónde están las garantías que preserva nuestra Constitución?, ¿dónde las autoridades que deben preservarlas?, ¿dónde está el pleno ejercicio del poder que da bienestar a los ciudadanos?. Nada de eso se encuentra en un estado en donde su mandatario es balaceado en total impunidad, y si no está aquí, ¿dónde está?, ¿cuál de estos sicarios lo ha secuestrado y a qué costo tendremos que rescatarlo?. Todas son preguntas que urgen respuesta.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas Gracias.







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