Weekly News

LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
* Confianza perdida

2 de marzo de 2009.

Construir confianza en las instituciones de gobierno resulta una tarea titánica en un país caracterizado por sus altos niveles de corrupción, sus políticas públicas fallidas, y su historial de desfalcos que ha llevado la mayoría de la población a tener una opinión negativa de los funcionarios en general y de los políticos en particular.

Establecer un acuerdo de credibilidad está basado, fundamentalmente en el ejercicio pleno de los valores máximos de la democracia: la transparencia y la rendición de cuentas, la representatividad y la eficacia, el buen gobierno y el diálogo. Pero más allá de esto, es también fundamental que dicho ejercicio sea socializado de la manera adecuada.

Mucho de esto lo logró el Instituto Federal Electoral en la etapa en que fue encabezado por José Woldemberg, aun contra todas las expectativas, con una historia de contiendas electorales totalmente oficiosas, y aun en medio del régimen príista, este IFE logró ganarse la confianza de la ciudadanía de una manera muy profunda, haciendo posible la participación y conciencia de los ciudadanos en la alternancia.

La construcción de la democracia en nuestro país tiene como pilar fundamental el lograr la independencia y credibilidad de la autoridad electoral, permitiendo con ello que las luchas electorales fueran la base de la distribución del poder público, y no los ánimos de los personajes y grupos de poder; sin embargo, el triunfo que significó la construcción de ese Instituto no logró, en lo fundamental, permear a todas las estructuras gubernamentales.

La tarea del IFE fue, en realidad, muy profunda, pues se trató de modificar desde la base la concepción del ejercicio del poder en nuestro país, y lograr que los ciudadanos distinguieran como legítimos los triunfos avalados por esta autoridad. Pero el auge de credibilidad del instituto se echó por tierra con el mal manejo de la crisis electoral y poselectoral de la contienda presidencial de 2006.

Tal parece que la credibilidad hubiese estado basada sólo en el consejo que presidía Woldemberg, y al ser renovado este, con los matices políticos en que se realizó la sucesión, se comenzó a mermar el capital de confianza que tan eficazmente se había construido. Y es en este punto donde se comenzaron a evidenciar las carencias que la autoridad electoral no había logrado abatir en su reciente evolución.

Una de estas carencias fue, sin lugar a dudas, el que el nivel de confianza en la autoridad federal no haya logrado replicarse en los institutos estatales, muchos de los cuales siguieron funcionando bajo un esquema de poca transparencia y presumible parcialidad; la mayor cercanía de los institutos estatales con los ciudadanos produjo entonces una falta de correspondencia entre lo que se consideraba del IFE y lo que se observaba en los IEE.

Las decisiones que ha venido tomando el IFE desde su innovación han implicado, en mucho, a los indicadores de la vida democrática, pues en la transparencia del instituto reside mucho del sustento de la credibilidad de los gobiernos. Ahora estamos iniciando un nuevo proceso electoral federal, que se enfrentará a un panorama sumamente adverso, no sólo por las fuertes problemáticas a las que se enfrenta el país, sino por los retos que exige la ciudadanía para sus representantes.

Llegamos a este 2009 con una autoridad electoral un tanto desgastada, sumida en fuertes polémicas por decisiones que han denotado cierto afán tendencioso o poco claro, como es el caso de las sanciones a las televisoras por la peculiar emisión de los spots que la nueva ley electoral les mandata. Incluso no había que perder de vista la molestia de los ciudadanos por los gastos del propio instituto, considerando en ello los altos sueldos de los funcionarios.

Es un dicho bastante conocido el que dice que construir confianza es una labor de toda una vida, pero perderla consiste en sólo un instante. Parece que el desarrollo de los institutos electorales habla mucho de ello; y la gravedad de ello no es menor, puesto que supone la pérdida del sustento democrático del país, si bien es cierto que debemos evolucionar a una vida pública de participación más allá de sólo lo electoral, lo cierto es que la transparencia y credibilidad en este punto es fundamental.

Resulta insostenible plantear un panorama de evolución democrática si no se considera como básico el papel de las autoridades electorales y la sana relación de éstas con la ciudadanía, de tal manera que no sólo funcionen como árbitros de la democracia, sino como sus principales impulsores, que vayan más allá de los procesos de elección, para llegar a verdaderos mecanismos de representación y participación ciudadana, abriendo la puerta a una vida cívica fuerte y propositiva.

El IFE y los IEE no pueden olvidar su papel y es necesario que reconstruyan la relación de confianza con la ciudadanía que se ha ido fracturando, quizá debamos volver al análisis de aquel IFE que estaba entre las instituciones punteras en la preferencia de la sociedad y saber cuáles eran los componentes de esa confianza. Este año de elecciones, en medio de la gran complejidad que enfrentamos como Nación, puede ser una muy buena oportunidad para ello.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios, muchas gracias.



Descarga nuestra nueva App para iOS y Android



Comentarios



Publicidad

Compartir en redes sociales



Juarez independiente


 

Diseño de Aplicaciones Móviles