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Urgen al país políticas anticíclicas

4 de marzo de 2009.

El presidente Calderón ha anunciado tres programas económicos desde comienzos del 2008, mientras que el Senado organizó recientemente un Foro para discutir las acciones para contrarrestar los efectos más negativos de la recesión de Estados Unidos (EU) sobre nuestra economía.

El gran ausente en estos programas del Gobierno mexicano, sin embargo, es un alivio importante a los contribuyentes. Nuestras autoridades no contemplan disminuciones y devoluciones de impuestos, así como tampoco el reconocimiento de que el IETU es un pésimo impuesto, que complica aún más los problemas financieros de las personas y las empresas en épocas de crisis.

El pensar sólo en más gasto público y no regresar dinero a los contribuyentes es una clara muestra del tradicional "mi, me, conmigo" que caracteriza los argumentos que utiliza el Gobierno frente al sector privado para justificar sus acciones.

Por ejemplo, cuando explicó el presidente Calderón a los representantes empresariales el IETU, lo hizo con el petate de que era la única manera de cubrir los compromisos del gasto público, donde destacan según él los relacionados con la salud y la educación.

Lo grave del caso es que los empresarios le hayan comprado ese argumento al presidente para apoyar un bodrio tributario como el IETU, en vez de responderle que si no tiene ingresos, a pesar de las decenas de miles de millones de dólares de ingresos petroleros extraordinarios, pues entonces que recorte su gasto.

Más cuando mucho de ese dinero se va a destinar a solventar los compromisos que diferentes gobiernos hicieron y que los del PAN no han podido cancelar en los contratos colectivos de los sindicatos de Pemex, del Seguro Social, de maestros y de Luz y Fuerza del Centro.

Estoy convencido de que el IETU desaparecerá como gravamen en México, pero no porque el sector privado vaya a adoptar una postura durante el presidente, ni porque éste reconozca abiertamente que se equivocó. Va a desaparecer porque el Gobierno de Estados Unidos, que lo tiene en revisión, acabará por rechazarlo.

La misma actitud del "mi, me, conmigo" adoptó el presidente con el anuncio del congelamiento del precio de la gasolina en un nivel superior al que existe en EU, aún después de la depreciación del peso, ya que lo presentó como un gran sacrificio de ingresos públicos.

La lógica del Gobierno ha sido siempre, y no cambió con la llegada del PAN al poder, que para que el Estado, improductivo, sostenga y eleve su gasto, se necesita que lo reduzca el sector productivo de la economía.

El desdén del Gobierno por los contribuyentes de este país y su obsesión por elevar los ingresos públicos para sostener su gasto, serán todavía más evidentes en unos meses.



En estos días los ahorradores están recibiendo las constancias de ingresos y retenciones de las instituciones financieras. Muchos verán, con sorpresa, que a diferencia de otros años, se les retuvo como impuesto sobre la renta una cantidad mayor a la que tienen que pagar por los intereses reales recibidos.

El fisco retiene, religiosamente, el 0.85 por ciento del capital invertido a cuenta de impuestos por los rendimientos reales. La mayoría de las personas obtuvo intereses reales muy bajos o quizá hasta negativos por sus ahorros en 2008.

Esto hará que muchos ahorradores tengan un saldo de impuestos a favor por este concepto. Ello es particularmente cierto para los pequeños ahorradores, quienes por los montos invertidos y su escasa capacidad de negociación obtienen, por lo general, los rendimientos menores.

Una cosa, sin embargo, es tener derecho a una devolución, y otra muy distinta es lograrla. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) se especializa en poner todo tipo de obstáculos para regresar el dinero a los contribuyentes, tanto en tiempos de bonanza como de crisis.

Lo más probable, por tanto, será que la obsesión por el "mi, me conmigo" hará que ahora se esmere aún más en bloquear esas devoluciones, puesto que el Gobierno atraviesa una mala época de ingresos, que promete ser peor el año próximo.

El presidente Calderón dice estar preocupado por las personas de menores ingresos, pero es a ellas a las que esta retención perjudicó más. Los pequeños ahorradores son, por lo general, asalariados cuya declaración de impuestos la presenta la empresa en la que trabajan.

Para recuperar los impuestos que se les retuvo en exceso, debieron haber avisado en su empresa en diciembre pasado que deseaban presentar una declaración individual, lo que seguramente no hicieron.

Estas personas perdieron ya la oportunidad de que el Gobierno les regrese su dinero. El fisco perpetra, así, un atraco de cuello burocrático sobre los que menos tienen.

Pero no será fácil lograr esa devolución de impuestos aún para las personas que dieron ese aviso, ya que tienen que hacer los trámites para obtener la Firma Electrónica para presentar su declaración por Internet y pedir la devolución.

Ellos no cuentan, por lo general, con el conocimiento o la asesoría necesaria para cumplir esos y otros requisitos que les permitan cumplir todas las condiciones y trabas que pone el SAT para devolverles su dinero.

El resto de los ahorradores, que presenta cada año su declaración de impuestos, también tendrán, en muchos casos, un saldo a favor. Si usted cae en esta situación, tampoco espere que le sea fácil recuperarlo. Por el contrario, prepárese para un largo y penoso vía crucis en los pasillos del SAT.

La Secretaría de Hacienda no contaba, al hacer su cálculo de ingresos para 2009, que tendría la obligación de regresar ese dinero. No espere, por tanto, que "mi, me, conmigo" mostrará mucha buena voluntad para hacerlo.



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