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Desinterés por las agresiones a periodistas

10 de marzo de 2009.

Las constantes agresiones contra periodistas y el grado de impunidad que guardan las investigaciones de los crímenes contra los comunicadores han hecho de México el segundo país más peligroso para el ejercicio del periodismo. Esta situación tiene poca repercusión en la sociedad en general y pone de manifiesto la falta de unidad gremial entre los comunicadores.

Atentados como el consumado contra las instalaciones de Televisa-Monterrey, el pasado 6 de enero, hacen que una ola de protestas se levante de inmediato para manifestar repudio y condenar las acciones, pero en poco tiempo estas acciones son olvidadas.

En materia de agresiones podemos plantear cierto patrón en los acontecimientos: Se presenta el agravio, hay reacciones de protesta y muestras de solidaridad, aparece el silencio y los hechos son olvidados, después de vez en cuando son recordados por algunos organismos no gubernamentales.

A la falta de interés por parte de la sociedad, en cuanto a las agresiones a periodistas, y la falta de unidad del gremio periodístico, hay que agregarle el descrédito que las autoridades promueven en el tema

Alberto Orellana Wiarco, titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra Periodistas (FEADP) de la Procuraduría General de la República (PGR), en su informe presentado el 9 de diciembre señaló que “sólo tres de los 25 asesinatos cometidos contra informadores entre 2007 y 2008 tienen relación con su ejercicio profesional”.

Entrevistada sobre el tema la relatora para la Libertad de Expresión de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Eréndira Cruz Villegas, señala que hay muchos factores que generan un problema estructural alrededor de las agresiones a periodistas.

“Que tiene que ver, evidentemente, con la política de Estado que ha desdeñado, que ha minimizado, la importante labor de los periodistas. Hay una relación muy pragmática gobierno-periodistas, donde los funcionarios públicos mantienen cerca a los periodistas cuando les conviene; pero cuando un trabajo periodístico les genera ruido, lo tienden a silenciar y acallar”, señala la relatora.

¿Qué pasa con la unidad gremial?



—Al respecto, se ha generado todo un clima de opinión donde el propio gremio periodístico ha contribuido con su propia desunión. Un gremio unido, un gremio fortalecido como sujeto activo de su propio derecho, que cae en cuenta que tiene derechos, principios, ayuda a fortalecer la unificación y la movilidad social.

Parece ser que las agresiones contra comunicadores interesan muy poco a la sociedad.

—La sociedad, si está informada es una sociedad que se moviliza, por eso es tan fundamental que se denuncien las agresiones. Si una sociedad se informa, si sabe lo que está ocurriendo, va a actuar. La sociedad tiende a crear mecanismos de protección, pero las denuncias de las agresiones se presentan en notitas chiquitas, que pasan en páginas pares, sin que nos enteremos o como un incidente más en nota roja.

La espiral del silencio

Balbina Flores, corresponsal de Reporteros Sin Fronteras en México, opina que hay poco interés, por parte de la sociedad, en las agresiones a periodistas porque “tradicionalmente ha habido una distancia entre los medios y la sociedad. Generalmente la sociedad ve a los periodistas como el medio. Los medios son las empresas, los periodistas son los obreros de la comunicación”, señala la también periodista.



“Esta situación ha ido cambiando, sobre todo porque se han generado medios independientes”, agrega la corresponsal.

Las críticas a los medios generan agresiones y los resientes movimientos sociales reaccionaron contra el quehacer informativo de algunos periodistas.

—En las movilizaciones de Oaxaca, en el 2006, hubo varias agresiones a periodistas por parte de integrantes de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca). Lamentablemente hay esa percepción, que está muy arraigada en la sociedad, de que los periodistas son los medios, por lo que se piensa: Tú periodista eres culpable de que tu medio nos agreda. Hay que cambiar esa percepción.

La falta de denuncia de las agresiones contra periodistas inhibe a la sociedad “porque se hace una espiral de silencios y en una espiral de silencios hay complicidades”, señala Eréndira Cruz Villegas, y agrega que muchos periodistas no quieren denunciar las agresiones porque tienen miedo y porque “los sistemas de procuración e impartición de justicia, que son las instancias garantes para salvaguardar su vida, no están funcionado”, afirma la relatora.

¿Cómo sensibilizar a la sociedad ante el fenómeno de las agresiones a periodistas?

—Sin duda alguna, afirma Cruz Villegas, los propios periodistas tienen que asumirse como tales. Tienen que asumirse como actores activos, como parte activa de un derecho, los periodistas siempre velan por todos menos por ellos y eso hay que cambiarlo.



Algunos medios han decidido proteger a sus periodistas con chalecos antibalas, rotando a los reporteros en la fuente policiaca, publicando noticias sin la firma de los autores, o de plano no publicando información relacionada con el crimen organizado.

Deberíamos preguntarnos: ¿Qué están haciendo los propios periodistas para protegerse?

126 agravios en 2008

El Centro de Periodismo y Ética Pública (Cepet) y Reporteros Sin Fronteras presentaron los informes Periodismo bajo la violencia del narcotráfico y Juárez: La violencia y los medios.

Del primer informe se desprende la siguiente información.

A lo largo del año 2008 se registraron 126 agravios contra periodistas.

Cinco periodistas fueron asesinados debido a su trabajo periodístico.

Un periodista fue reportado como desaparecido.



En un contexto de creciente violencia a lo largo del territorio nacional, Chihuahua se convirtió en el estado más violento para los periodistas, pues registró 14 casos de agravios, seguido de Oaxaca (13 casos), Veracruz (12 casos) y el Distrito Federal (12 casos).

Las fuerzas del orden, policías y militares, fueron los principales agresores (28%), seguidos de los funcionarios y políticos (27%). En 17% de los casos se desconoce quiénes pueden ser los agresores.

Si bien los ataques más graves y violentos tienen la marca del narcotráfico, es necesario señalar que las fuerzas públicas (policías y militares), junto con los funcionarios públicos, son los principales agresores de periodistas y medios de comunicación.

El incremento de los agravios de las fuerzas del orden fue notable y se explica por los operativos en contra del narcotráfico, ya que fueron frecuentes los casos en los que los periodistas fueron amedrentados con armas de fuego, sufrieron la destrucción de sus equipos y golpes, entre otros, para impedirles las coberturas de las noticias.

Es necesario resaltar que después de los reporteros (43 casos), los directores de medios de comunicación resultaron ser los más agredidos, pues se registraron 17 casos, lo que significa 16% del total de agravios. Los fotógrafos aparecen en tercer lugar con 13 casos.

Los periódicos registraron 71 casos, lo que significa 56% de los agravios; las revistas aparecen en segundo lugar con 18 casos (14%); la radio aparece con 10 casos y la televisión registró siete incidentes.



Juárez: La violencia y los medios es resultado de una visita, realizada en la primera semana de diciembre, por Reporteros Sin Fronteras y Cepet con el objetivo de constatar la situación de la libertad de expresión en dicha entidad.

Este informe recogió, mediante entrevistas con reporteros y directivos de medios, el clima de miedo que impera en Ciudad Juárez: “Somos incómodos ya ni siquiera por lo que publicamos sino por lo que sabemos”, señaló un comunicador.

Dicho informe no podría dejar de mencionar el caso del asesinato de Armando Rodríguez, reportero de El Diario, ultimado el 13 de noviembre de 2008. Al respecto el informe señala que una serie de rumores trataron de vincular a Armando Rodríguez con el narcotráfico.

“Sobre el crimen de Armando Rodríguez Carreón ha circulado la versión de que tenía vínculos de amistad con uno de los capos del narcotráfico. La información apareció en una bitácora (blog) en internet de forma anónima.

Pero lo que resulta preocupante es que la versión de posibles vínculos del reportero asesinado con el narcotráfico provino también de la Procuraduría de Justicia del Estado de Chihuahua y fue comunicada a El Diario de forma no oficial a través de personal de la Fiscalía Especial para la Atención a Delitos cometidos contra Periodistas de la Procuraduría General de la República”, señala el informe presentado a finales de enero.



De nueva cuenta parece ser que las autoridades pretenden “reducir” las estadísticas en cuanto a las agresiones a periodistas utilizando rumores para descalificar la actividad periodística, en lugar de mejorar el sistema de impartición de justicia.

Como menciona el informe Juárez: La violencia y los medios, si las autoridades tienen pruebas de las presuntas relaciones entre narcotraficantes y periodistas, que las muestren.





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