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Cumple Obama cincuenta días en la Casa Blanca

11 de marzo de 2009.

El presidente de EU, Barack Obama, cumplió ayer sus primeros 50 días en la Casa Blanca, dominados por la crisis económica y una serie de medidas que cancelan algunas de las políticas más destacadas de su predecesor, George W. Bush.

Obama llegó a la Presidencia catapultado por un fervor popular con escasos precedentes -dos millones de personas asistieron a su investidura- y acompañado de una lista enorme, y muy poco envidiable, de tareas pendientes.

La principal es la economía. Estados Unidos atraviesa su peor crisis desde la Gran Depresión y los mercados han caído un 18 por ciento desde la llegada de Obama a la Casa Blanca.

El mandatario concentró sus primeras semanas en el cargo en la promoción de un plan de estímulo económico dotado de 787 mil millones de dólares y que finalmente se promulgó el 17 de febrero.

Obama ha reconocido que buena parte de sus posibilidades de reelección en 2012 descansarán en el éxito de este plan, que asegura que permitirá crear o evitar la pérdida de 3.5 millones de puestos de trabajo en dos años.

Además, propuso una iniciativa para ayudar a los propietarios de vivienda y un plan de rescate para el sistema financiero, y pidió al Congreso que le envíe un proyecto de Ley para la reforma del sistema regulador.

La semana pasada lanzó los primeros pasos para acometer una reforma del sistema sanitario, que en la actualidad deja sin cobertura médica a cerca de 46 millones de personas.

Según la Casa Blanca, esa reforma es indispensable para recuperar la salud económica a largo plazo, dados los gastos cada vez más astronómicos de la sanidad.

Obama celebró ayer su 50 día en la Casa Blanca con la presentación de un plan para la mejora de la educación, otro aspecto que considera crucial para mantener la competitividad de Estados Unidos.

Durante sus siete semanas de mandato, además, el presidente ha emitido una serie de órdenes ejecutivas y memorándums que cancelan buena parte del legado de Bush.



Apenas dos días después de su toma de posesión, firmó una orden para el cierre de la prisión de Guantánamo en un año y para prohibir el uso de la tortura en interrogatorios, en una señal al mundo de un giro radical en la posición diplomática estadounidense.

Poco después suscribió otra medida para facilitar que los estados impusieran controles más estrictos sobre las emisiones contaminantes de los automóviles.

Hace dos semanas anunció el fin de las operaciones militares en Irak -y, por lo tanto, a fines prácticos, de la guerra- para agosto de 2010, cuando habrán regresado al menos 90 mil de los 142 mil soldados estadounidenses desplegados en el país árabe.

Y el lunes firmó una orden ejecutiva que pone fin a la prohibición a financiar con fondos públicos la investigación con células madre procedentes de embriones, una medida que Bush había implantado a bombo y platillo.

A diferencia de su predecesor, que optó por permanecer en la Casa Blanca -o viajar sólo por la costa Este- en sus primeros tiempos de mandato, Obama apunta que será un gobernante viajero.

Varios de sus anuncios, como el fin de las operaciones de combate en Irak, se han producido fuera de Washington. El presidente -que también ha efectuado ya su primer viaje al extranjero, a Canadá, y en dos semanas emprenderá una gira por Europa- se ha fijado como objetivo salir de la capital al menos una vez por semana.

Obama, como el día que llegó a la Casa Blanca, mantiene su aire de confianza y continúa su mensaje de optimismo y de que, con sus medidas, la crisis se acabará resolviendo.



Sin embargo, persiste la incertidumbre sobre la marcha de la economía, que a todas luces continuará cuando cumpla sus cien días de mandato, a finales de abril.

El jefe de Estado ha prometido reducir a la mitad en cuatro años el déficit fiscal heredado, de 1.3 billones de dólares, aunque su primer presupuesto, de 3.6 billones, eleva drásticamente esa descompensación y la sitúa en los 1.8 billones.

Sus medidas económicas han sido acogidas con división de opiniones entre los expertos y caídas en los mercados.

Está por ver aún cómo cumple su promesa electoral de estar dispuesto a dialogar con países hostiles como Irán.

Habrá que esperar a los cien días para conocer cuál será su estrategia definitiva en la segunda guerra abierta del país, en Afganistán.





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