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LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
* Bienes del estado

19 de marzo de 2009.

La Expropiación Petrolera es uno de los más grandes íconos del desarrollo nacional. A partir de ella se comienza a medir el desarrollo de los bienes del estado, desde una perspectiva no de proteccionismo, sino de engrandecimiento de la riqueza nacional, por eso constituye ese gran hito de nuestra historia.

Pero qué significa ahora ese 18 de marzo de 1938, en un mundo de globalidad, trasnacionales y estados adelgazados que no pretenden su intervención en la economía de sus naciones; pero también donde ya comenzamos a ver las primeras pautas de descomposición del sistema de la libre empresa, el libre mercado y los grandes cracks que han conducido a la tan llevada y traía crisis económica mundial.

Entonces en este contexto el Estado reaparece en el ejemplo del mayor liberalista de la historia, Estados Unidos, que sin mediar mayores explicaciones moralistas ha creado planes de contención de la crisis con una activa participación del Estado, al punto de generar fuertes polémicas, incluso con repercusión en nuestro país, por haberse vuelto prácticamente el dueño de las empresas que rescató.

Citygroup es un caso emblemático: al encontrarse en grave riesgo de quiebra, el gobierno estadounidense subió su participación en más de 30%, con lo que prácticamente se convierte en dueño, por su participación mayoritaria, de este grupo financiero. Entonces Citygroup- Banamex, la participación de esta empresa estadounidense en la banca mexicana, entra en una fuerte polémica.

De acuerdo con nuestra constitución, no es posible que ningún Estado extranjero participe en las empresas que operan en nuestro país, mucho menos en las que son del orden financiero; es por ello que se inició una controversia legal para definir si era obligación de la empresa vender su participación en la mexicana Banamex, a capital nacional.

Este es un caso claro de que aun bajo los preceptos del libre mercado y la globalidad, es necesario establecer parámetros de comportamiento respecto al espacio económico de las naciones, con la finalidad de evitar la intervención de intereses extranjeros en las operaciones nacionales, ese es el argumento que sostiene esta controversia. Entonces la participación del Estado no es un mito pasado de moda, sino el rector ineludible de todo lo que ocupa a una Nación.

Uno de los argumentos de la expropiación cardenista fue, precisamente, la falta de responsabilidad de las empresas explotadoras del petróleo en nuestro país, pues, como dice a la letra el propio discurso de expropiación las actividades de estas empresas terminaron por “lesionar seriamente los intereses económicos de la nación, pretendiendo por este medio hacer nulas las determinaciones legales dictadas por las autoridades mexicanas”.

Es decir, la expropiación no fue un acto político en sí mismo, ni un capricho del gobierno, se trató de la defensa legítima, respaldada por la constitución –se aplicó la Ley de Expropiación de 1936-, de los intereses nacionales. El conflicto con las empresas internacionales que operaban en México fue fuerte y el gobierno mexicano tomó una comprometida decisión que, a la luz de la historia, se convirtió en un acto heroico, fundamental para nuestra historia moderna.

La era de la transición, por llamarla de alguna manera, que ha llevado a dos gobiernos panistas a la Presidencia de la República, ha tenido como uno de los puntos fundamentales la discusión por la modificación de los esquemas de explotación del petróleo, definida de manera política, con muy poca adecuación semántica, como “reforma energética”, que el año pasado fue aprobada por los legisladores.

Ya en los hechos, esta “reforma” no hizo mucho ni para unos, ni para otros interese, sino que fue determinada por la naturaleza política de las negociaciones en las que se enfrascaron las distintas fuerzas políticas nacionales. El resultado: parco, no queda claro qué beneficios sacaremos de todo ello, mucho menos cuando meses después se anuncia que se ha encontrado un mato petrolero de dimensiones extraordinarias.

Pero, a la par del hallazgo, se asevera que no será posible sacarlo en al menos dos décadas, pues no se tiene la tecnología necesaria para su explotación. En una época de crisis como la que estamos viviendo, es muy evidente que esto lesiona los intereses de la Nación, y que el Estado está obligado a tomar determinaciones para lograr el beneficio común.

Y entonces sí, volvamos a la expropiación petrolera cardenista y los fundamentos que le dieron vida, pues no se trata de repetir los viejos logros de la historia, sino entender el sentido de los grandes actos fundantes de una Nación. En México hay una gran riqueza natural, social y cultural que no converge con la idea que se ha hecho este país de su pobreza y su falta de desarrollo.

Pensar en un 18 de marzo más debe llevarnos a redefinir las rutas de nuestro desarrollo, entender que los intereses nacionales no se negocian y que el engrandecimiento nacional debe ser la causa común de todos nuestros gobiernos, empresas, entidades políticas y sociedad. Expropiemos todos nuestros esfuerzos para estar, siempre, a favor de México.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios, muchas gracias.



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