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Sumergibles, vehículo ideal de narcotraficantes

5 de abril de 2009.

Es un juego del gato y el ratón que se repite con frecuencia en las costas del Pacífico de Colombia: Un helicóptero de la marina de Estados Unidos avisora una nave del tamaño de una ballena jorobada deslizándose justo debajo de la superficie del agua.

La Guardia Costera despacha a un equipo armado para abordar la pequeña nave, al estilo de un submarino, en busca de cocaína. Los tripulantes, sin chalecos salvavidas, saludan a los guardacostas y luego saltan al agua para ser rescatados, mientras abren una válvula inundando la nave y enviando el armatoste hecho de fibra de vidrio al fondo del mar junto con su carga.

Colombia aún espera hacer algún arresto de los ocupantes de estos semisumergibles porque la evidencia del tráfico de drogas yace en el fondo del mar, junto a la nave, o sea que no hay pruebas contra los tripulantes.

Las fuerzas antidrogas esperan que una nueva ley de Estados Unidos desaliente lo que se ha convertido en el medio favorito de los narcotraficantes para transportar toneladas de cocaína desde esta nación andina hasta las costas de Centroamérica y México.

Las autoridades de Estados Unidos han hecho 12 arrestos desde octubre, cuando entró en vigencia la nueva ley federal estadounidense, que proscribió esas naves sin registro que plagan las aguas internacionales "con la intención de evadir la detección".

Los tripulantes se exponen ahora a condenas de prisión de hasta 15 años.

"Es un cambio en las reglas de juego", dijo Jay Bergman, el director regional de la agencia antidrogas estadounidense, DEA. "Ya no se consigue una tarjeta para salir libre de la cárcel" como en el juego de monopolio, agregó el funcionario, con sede en Bogotá.

Sin embargo, la ley estadounidense de Naves Traficantes de Drogas, del 2008, ya enfrenta retos.

Los acusados por esa ley que están a la espera de juicio en Tampa, Florida, han rebatido la constitucionalidad de la norma alegando que viola el debido proceso y una aplicación anticonstitucional de la llamada cláusula de Alta Mar, que le permite a Estados Unidos procesar delitos cometidos en el mar.

Los semisumergibles, hechos con un marco de madera y fibra de vidrio en astilleros artesanales de los narcotraficantes, se han convertido en la opción para grandes cargas, representando ahora un tercio de la cocaína transportada por el Pacífico hacia Estados Unidos, dijo el contraalmirante de la Guardia Costera Joseph Nimmich, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur, con sede en Cayo Hueso, Florida.

Tal monto representa un salto de 90% con respecto a 2007, según datos de esa fuerza, que supervisa las operaciones de interdicción al sur de Estados Unidos.

El almirante Guillermo Barrera, comandante de la armada de Colombia, dijo el 31 de marzo pasado, al hablar en un foro en Bogotá sobre contraterrorismo, que en los últimos tres años han capturado 23 semisumergibles, cada uno con entre cuatro y 10 toneladas de drogas.

Aunque el uso de semisumergibles para transportar cocaína no es nuevo, hace tres años surgió una versión de esos aparatos más grande y sofisticada, de hasta 18 metros de largo, al lado de la cual sus antecesores de comienzos de los años 90 parecen juguetes de plástico en una bañera.

Las versiones anteriores de los semisumergibles, bautizados como los "ataúdes flotantes", no pudieron competir con los botes pesqueros y las lanchas con motores fuera de borda, conocidas como "go fast", que consiguieron dominar el contrabando de drogas marítimo.

Pero los agentes antidrogas comenzaron a monitorear a los botes pesqueros. Eso hizo que los narcotraficantes buscaran nuevas formas de contrabando de su mercancía.

Con apenas unos centímetros fuera del agua, los semisumergibles son casi imposible de detectar visualmente o por un radar a unos tres mil metros.

Esas son parte de las causas de su relativa alta tasa de misiones exitosas.



Son impulsados por motores a diesel de 250 a 350 caballos de fuerza y les toma un promedio de una semana a una velocidad de siete nudos (ocho kilómetros por hora) para llegar a las costas de México, dijeron investigadores antidrogas de Colombia y Estados Unidos.

Los semisumergibles no necesitan de recargar combustible a lo largo de su viaje de 3.200 kilómetros.

Las naves llevan tanques con más de 11 mil litros de diesel.

La cocaína cuesta en México unos 6 mil 500 dólares por kilo, casi el triple del precio en Colombia, de acuerdo con cálculos de la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos; una carga de siete toneladas rendiría unos 30 millones de dólares.

De allí que la tripulación no tenga problemas en hundir las naves, valoradas en un millón de dólares, tras descargar la droga, dijeron los investigadores.

Aunque las autoridades estadounidenses lograron el año pasado capturar en aguas internacionales a 11 de esos semisumergibles, uno de ellos detenido en septiembre pasado con siete toneladas de cocaína rumbo a México, se cree que al menos otros 60 de ellos lograron entregar su carga, dijo Nimmich.

El mismo monto llegaría este año, dijo el almirante James Stavridis, jefe del comando sur de Estados Unidos. Stavridis, al hablar en una audiencia en el Senado de Estados Unidos el 17 de marzo, dijo que cada uno de esos semisumergibles tiene una capacidad potencial de carga de 300 toneladas métricas de cocaína.



En lo que va de año, tripulantes han hundido cinco de esos aparatos en Colombia, tras ser detectados y perseguidos por las autoridades antidrogas.

Dos de las tripulaciones fueron detenidas y una tercera sacada de las aguas del Pacífico el pasado 31 de diciembre a unos 160 kilómetros de la costa. Todo son procesados en una corte en Tampa, Florida, dijo Joseph Ruddy, el fiscal estadounidense que lleva el caso.

Los semisumergibles decomisados en Colombia desde 2007 han brindando la oportunidad de echar una ojeada al diseño de esos equipos.

En noviembre, las autoridades colombianas detuvieron a un hombre al que califican como uno de los más ingeniosos constructores de estas naves, Tammer Portocarrero, de 45 años, quien manejaba una flota pesquera de camarones como fachada de su verdadero negocio, dijo el capitán Luis Germán Borrero, quien era para ese momento el jefe de la armada en el puerto de Buenaventura, en el Pacífico colombiano.

Las autoridades lograron decomisar dos de los semisumergibles de Portocarrero en un astillero en la selva, al sur de Buenaventura, dijo Borrero.

Portocarrero, sobre quien pesa una solicitud de extradición de Estados Unidos, supuestamente comenzó a construir ese tipo de naves y reclutar a la tripulación a mediados del 2007.

Los semisumergibles, construidos a pedido, se han vuelto mucho más sofisticados.

Los motores y sistemas de escape de gases ahora tienen una cobertura, logrando con ello que sus emisiones sean casi invisibles para los sensores utilizados por las fuerzas antidrogas.

El sistema de enfriamiento de un semisumergible, interceptado en las costas de Costa Rica en septiembre, evacuaba las emisiones de gases a través de un tubería hasta el casco y salía a la temperatura ambiente, dijo Nimmich.

Desafortunadamente para los tripulantes, las mejoras no alcanzan sus camarotes.

"Las condiciones son terribles", dijo Borrero. "No tienen baños. Las camas son dos colchones sobre los tanques de combustible y el piloto apenas si puede ver a través de pequeñas ventanas" en la mini cabina, señaló.



"El ruido y el calor deben ser algo infernal", añadió.

En un informe que consiguió la AP del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), la policía secreta colombiana, esa agencia dice que cuatro tripulantes de un semisumergible se repartieron un pago de 50 mil dólares por viaje, antes de que entrara en vigencia la nueva ley estadounidense. Las tripulaciones ahora exigen un 25% de aumento en la paga porque se acrecentó el riesgo, dijeron agentes antidrogas de Estados Unidos.

Aunque utilizan GPS, o sistemas de emplazamiento global, y teléfonos vía satélite, la tripulación no dispone de mayores equipos de seguridad.

Las fuerzas antidrogas dicen que ya manejan informes no confirmados que hablan de semisumergibles robóticos.

"Básicamente, su salvavidas es como un juguete de niños que inflas y te lanzas a la piscina", agregó el agente antidrogas estadounidense que habló a condición de anonimato por razones de seguridad, al referirse a que en junio del 2007 sólo uno de cuatro miembros de una tripulación logró salvarse cuando hundieron su semisumergible.

Se espera que mejore la tecnología.

Con tales naves en operaciones, dijo el almirante Nimmich, no es el contrabando de drogas lo que lo preocupa sino el transporte de otras sustancias potencialmente más peligrosas.

"Creo que lo que hace a los semisumergibles una potencial amenaza a la seguridad nacional es: ¿qué más pueden cargar?" preguntó.



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