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Pánico y derrumbes deja nuevo terremoto en Italia

8 de abril de 2009.

L'Aquila, Italia.- Una réplica de 5.3 grados Richter sembró ayer el pánico y causó algunos derrumbes en esta ciudad del Centro de Italia, en la que aún se continúa excavando para extraer posibles sobrevivientes del terremoto ocurrido la madrugada del lunes.

El nuevo sismo levantó una nube de polvo en el Centro Histórico de L'Aquila, una urbe de más de 750 años de antigüedad que vive una de las pruebas más duras desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, tras el sismo de 5.8 grados Richter que sacudió la ciudad el lunes.

El último balance de los servicios de socorro hablaba de 235 muertos y casi mil heridos, al menos 100 de ellos de gravedad.

En la céntrica vía XX de Septiembre se continúan los trabajos en algunos edificios colapsados, como el que era sede de la Casa del Estudiante, donde la tibia esperanza de encontrar a personas con vida recibió un golpe casi mortal luego de que fueron encontrados cuatro cadáveres.

"Excavaremos toda la noche, no descansaremos hasta encontrarlos a todos", dijo un voluntario arribado desde la Norteña ciudad de Bergamo.

No lejos de ahí se extraían cuerpos también de jóvenes estudiantes, que vivían en un edificio destruido más por la incuria de los constructores, que por la violencia del fuerte sismo del lunes.

La réplica de anoche provocó nuevos derrumbes en L'Aquila, como en la iglesia de las Almas Santas, en la plaza del Domo, o en el muro medieval que circunda la ciudad.

"Aquí parece que llegó el fin del mundo. Una cosa tremenda, estoy viva de milagro", dijo una anciana, que recorría sin rumbo el Centro de la ciudad.

Los cadáveres de las víctimas, muchas de ellas menores de edad, fueron en su mayoría trasladados al hangar de la escuela de oficiales de la Guardia de Finanzas para su identificación, mientras los funerales masivos están previstos para el próximo viernes.

L'Aquila, capital de la central región de Abruzzo, ha quedado de rodillas y el propio primer ministro, Silvio Berlusconi invitó a sus habitantes a no retornar a sus casas ante el peligro de nuevos derrumbes.

Lo más impresionante son las ruinas de algunos edificios medievales del Centro Histórico, mientras testigos confirmaron que la vecina fracción de Onna, un pueblo de no más de 400 habitantes, en su mayoría ancianos, fue borrado del mapa.



En algunas zonas de la ciudad fueron instaladas tiendas de campaña para los damnificados en las que, según portavoces de Protección Civil, hay cupo para 17 mil personas.

Otras seis mil han sido instaladas en hoteles de las ciudades vecinas, mientras Berlusconi llamó a que se "fueran al mar", con los gastos pagados por el Gobierno.

Benedicto XVI también sigue "con atención" los trabajos de auxilio a los damnificados por el sismo, además de rezar por las víctimas, los sobrevivientes y los socorristas.

Esto lo dio a conocer la Radio Vaticana que reveló la presencia, en el lugar de la catástrofe, de un equipo de ocho bomberos del cuerpo del Estado de la Ciudad del Vaticano.

"En la madrugada, apenas supimos de esta tragedia hablé con nuestros superiores, después informamos al Santo Padre, al secretario de Estado y a toda la Secretaría de Estado", indicó Domenico Giani, comandante de la Gendarmería papal.

"Nos pareció un deber en este momento de gran dolor, hacer que también una escuadra de nuestros bomberos estuviese presente para dar una mano ante la emergencia".

El funcionario señaló que los socorristas vaticanos se encuentran destacados en la localidad de Onna, pueblo que ha sido completamente destruido.

Grupo de Río expresa solidaridad La pequeña aldea de Onna es la imagen de la desolación.



El mortífero terremoto que conmovió Italia aplastó a los pobladores mientras dormían y mató a 40 de sus 300 habitantes. El resto huyó a duras penas para engrosar las filas de 50 mil desamparados en la región. El fenómeno convirtió una comunidad pintoresca y unida en un pueblo fantasma poblado por un puñado de sobrevivientes azorados.

Algunos deambulaban confundidos con unas pocas posesiones en la mano. Otros lloraban con la mirada fija en una pila de escombros de tres pisos de alto: la guitarra rota de un niño, el cochecito de una bebita y un colchón teñido de sangre.

"Es terrible", se lamentó ayer María Rita Colaianni, de 34 años, aferrando una vasija grabada en oro que rescató de los restos de su hogar aplastado en este pueblo a 120 kilómetros al Nordeste de Roma.

"Parece como que todos los niños murieron", agregó Colaianni quien, junto a sus padres y un hermano, escapó con vida. Todos sus vecinos de la casa de al lado murieron, incluyendo dos niños de 6 y 8 años.

Los rescatistas usaron grúas, topadoras y sus propias manos en una búsqueda desesperada de sobrevivientes, mientras helicópteros militares de transporte traían más ayuda y suministros.

Pero Cristina Di Tommaso, mayor del servicio de protección civil que coordina los esfuerzos en Onna, dijo que había pocas esperanzas de hallar a nadie con vida debajo de las altas pilas de escombros entre vigas de acero retorcidas y bloques irregulares de hormigón.

"El noventa por ciento de Onna se vino abajo", informó la prensa.

Di Tommaso agregó que los esfuerzos por determinar cuántos desaparecidos quedaban se vieron complicados por el descubrimiento de que varios inmigrantes indocumentados estaban en el pueblo cuando se abrió la tierra el lunes de madrugada.

Las autoridades trataban de determinar de dónde venían. La mayoría de los inmigrantes indocumentados en Italia procede de Rumania, la ex Yugoslavia o el Norte del África.

El Grupo de Río, al que pertenecen más de 20 naciones latinoamericanas, expresó su solidaridad y condolencias al pueblo y al Gobierno de Italia por las más de 200 víctimas mortales que dejó el terremoto que sacudió ayer una región del Centro de ese país europeo.

"El Grupo de Río transmite sus más sinceras condolencias a los familiares de las víctimas del terremoto y desea el pronto restablecimiento de la normalidad en las regiones afectadas", indicó la Cancillería mexicana en un comunicado.



El Gobierno mexicano, que encabeza la secretaría Pro Témpore del Grupo de Río, indicó que esta organización expresó su solidaridad a Italia por "las consecuencias del terremoto que afectó a la región del Abruzzo, provocando la pérdida de vidas, heridos, damnificados y cuantiosos daños materiales".

Los coordinadores nacionales del Grupo se han dado cita en México en una reunión del encuentro preparatorio del diálogo ministerial con la Unión Europea (UE).



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