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Plan migratorio, pendiente de Obama

13 de abril de 2009.

En su histórico ascenso y llegada a la Casa Blanca, el presidente Barack Obama contó con un aliado de excepción: los electores hispanos que le respaldaron con 66% de sus votos.

Hoy, líderes políticos, dirigentes comunitarios, sindicales y religiosos se preguntan si el presidente cumplirá sus promesas y corresponderá a este apoyo con un impulso decisivo a una reforma migratoria justa y humanitaria.

A pesar de que la Casa Blanca ha confirmado que el presidente Obama se propone impulsar una reforma migratoria este mismo año, reconoce que el ambiente político condicionado por una crisis económica sin precedentes desde los años de la Gran Depresión (1929), podrían postergar cualquier acuerdo hasta 2010.

La reforma migratoria, una asignatura pendiente que prometió resolver en su primer año de Gobierno para sacar de las sombras a más de 12 millones de indocumentados, será un componente inevitable durante su próxima visita a México, país de origen de millones de inmigrantes queesperan que el presidente Obama les permita abandonar su condición de "invisibles" y esclavos de la era moderna.

Según las encuestas realizadas por organizaciones como Pew Hispanic Center y la Encuesta de Población Activa, los inmigrantes de origen mexicano en Estados Unidos son aproximadamente 7 millones, es decir, más de 30% de la fuerza laboral inmigrante en la Unión Americana.

Su creciente peso político en estados como California, Nuevo México, Nevada, Texas, Arizona y Florida les han convertido en un codiciado objeto del deseo para demócratas y republicanos.

Según las más recientes proyecciones del Pew Hispanic Center, hacia el año 2050 uno de cada cinco ciudadanos en EU será inmigrante y 30% de la población total será latina. Una fuerza demográfica difícil de ignorar para políticos como el presidente Obama que, tan sólo en Nevada, recabó 74% del voto latino:

"Al presidente Obama lo elegimos 66% de los latinos y por ello tendría que preocuparse por quienes le ayudaron a llegar a la Casa Blanca y no por la derecha conservadora que jamás habría votado por él", aseguró Nativo López, dirigente de la Asociación Política México Americana (MAPA), en alusión a la campaña que ya han orquestado algunos de los más rabiosos representantes de la extrema derecha para acusar a Obama de preparar "una amnistía para los ilegales".

Precisamente, Nativo López se encuentra entre los líderes y dirigentes de más de 60 organizaciones defensoras de los derechos de inmigrantes que han decidido lanzar una intensa campaña para solicitarle al presidente Obama no esperar hasta 2010 y aliviar con medidas concretas la situación de millones de inmigrantes que han sido víctimas de redadas, que han sufrido el trauma de la separación familiar y que han visto cómo sus condiciones laborales y económicas han ido de mal en peor.

"La decisión de promover una reforma migratoria desde este mismo año es un avance y una buena noticia", consideró López.

"Sin embargo, le vamos a pedir al presidente que demuestre su compromiso este mismo año emitiendo órdenes ejecutivas para poner fin a las redadas y a las deportaciones; para conceder amparo temporal a quienes están tramitando sus papeles y conceder un número de seguridad social para evitar la persecución contra los inmigrantes y quienes los contratan", aseguró López al desplegar una agenda que será difícil de satisfacer en su totalidad por una Administración decidida a promover un acuerdo migratorio que sigue dividiendo al país.

A favor de que el presidente Obama aproveche su capital político, para impulsar una reforma migratoria justa y humanitaria, se han pronunciado distintas organizaciones académicas y especialistas convencidos de que el difícil entorno económico podría acentuar un ambiente de rechazo y linchamiento contra los inmigrantes.

"En el actual contexto de crisis económica, la respuesta cultural suele ser culpar a alguien por la falta de empleos y oportunidades, particularmente a los inmigrantes", consideró Ian Haney Lopez, académico en la Universidad de Berkeley, California, en alusión al ambiente antinmigrante que se vivió en los años de la Gran Depresión cuando fue deportado cerca de medio millón de inmigrantes de origen mexicano, algunos de ellos nacidos en Estados Unidos.



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