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Cuando sobrevives a los masivos de Rock

14 de abril de 2009.

Presenciar en vivo la actuación de una banda de rock siempre genera adrenalina, ya sea por las enérgicas guitarras maltratadas desde el entarimado, o bien por el mismo ambiente generado por su público, entregado, nunca pasivo y siempre en favor del soberano desmadre.

¿Pero qué sucede cuando esa descarga de emociones se sale de control? Ya sea por la pésima organización, la decepción de quien toca o incluso mala leche de uno que otro loco que se cuela entre el respetable, ese espacio para la reunión y el baile se termina por convertir en una verdadera zona de desastre.

Por desgracia, no pocas veces la fiesta se ha convertido en tragedia: basta recordar a los ocho jóvenes que murieron aplastados mientras tocaba Pearl Jam en el festival de Roskilde de Dinamarca en julio de 2000 (recordar post Ritos y Locuras del Público). O cuando asesinaron a quemarropa al guitarrista Dimebag Darrell, en un recital de Ohio en 2004.

Por lo menos en México, las presentaciones en vivo no han llegado a desenlaces tan lamentables, aunque por supuesto no nos hemos librado de nuestros eventos desbordados, algunos célebres y hasta divertidos, aunque otros derivaron en serias advertencias para los organizadores.

Como sea, cabe recordar algunos de los conciertos en donde “escuchar y cantar” se convirtió en “escapar y sobrevivir”. Las malas experiencias no fueron en vano pues de ellas se ha aprendido mucho, aunque vale la pena narrarlas para todos aquellos que no las vivieron y evitar así que se repitan.

La idea del artículo es favorecer la sana difusión del género por encima del relajo destructivo, aunque para ser sinceros, también se valdrá arrebatarnos una que otra sonrisa nerviosa al revivir algunos de estos excesos, que para bien o para mal, hoy en día resultan legendarios...

AVÁNDARO 71

Aunque para nadie es un secreto que la prensa de 1971 satanizó el festival, también es cierto que tuvo sus naturales limitaciones pues nunca antes se había montado algo similar. Si bien se exageraron los problemas, a final de cuentas sí los hubo, pero nada qué lamentar más allá de estar todos desnudos y todos los pasoneados.

Por lo menos eso reflejan las crónicas que recopila Federico Arana en su libro Guaraches de ante azul.

CAIFANES EN LA VENUSTIANO CARRANZA

Se trataba de un masivo en la explanada de esa delegación, un 19 de febrero de 1995. Por supuesto la entrada fue libre, y el grupo todavía liderado por Saúl Hernández alcanzó a interpretar, como pudo, unas cinco rolas.

Saldo: chicas desmayadas, zonas acordonadas, comercios asaltados y hasta una patrulla quemándose sobre la avenida Troncoso, además del caos generado en las estaciones aledañas del Metro. Y lo peor: la prohibición del Gobierno, por un largo rato, de establecer toquines al aire libre.

CAFÉ TACUBA EN EL ZÓCALO

Así lo describió Karina Almaraz para la revista La Mosca en la Pared el 5 de junio de 2005, un día después del accidentado concierto gratuito en la Plaza de la Constitución:

“Cuatro horas de espera frente al escenario y me encontraba en medio de una bola de gañanes (...) ahí, afuera de la valla, hacía un calor infernal y la amenaza era feroz; decidí salir; eran las ocho de la noche y yo estaba fuera del lugar privilegiado (...) apretaban, empujaban, la chica de enfrente se iba a desmayar y yo le soplaba la cara; todavía pude caminar un tramo; a las ocho y media me coloqué frente a una pantalla, en medio de señoras y de unas chavas (...) y ahí valió mad… Nos empujaron desde la derecha (...) Nunca habían estado en un masivo y no sabían que deben rempujar. Nos aventaban más duro y le dije a las chavas que nos fuéramos. Aceptaron”.

PANTERA Y LAS SILLAS VOLADORAS

Este es un fragmento de la detallada crónica de Julio Morales sobre el concierto de Metallica de 1999 en el Distrito Federal, donde Pantera fue la banda telonera:

“Pantera hace presencia en el escenario (...) con los primeros estruendos de las guitarras y las potentes percusiones de la batería, las sillas empezaron a volar, estaban acomodadas obviamente en hileras y todas amarradas con cinchos, así que todos los que estaban enfrente de cada hilera las agarraron y las elevaron. Como si todos estuviesen coordinados empezaron a mover las sillas de adelante para atrás con tal sincronía que parecían olas de mar, cada quien hacía su parte para eliminar las sillas, sin duda ese momento fue el mejor que he tenido en el Foro Sol”.

Curiosamente, se trataba apenas de los teloneros de Metallica. Los boletos Zona Oro resultaron inservibles. Fue un verdadero parteaguas, porque Ocesa jamás volvió a colocar asientos numerados en presentaciones de rock.

Sobrevivientes

Más conciertos de auténtica supervivencia:

* Los Vive Latino, tal como el del año 2000, cuando los asistentes arrancaron el plástico que protegía el pasto del Foro Sol para aventárselo a bocajarro a los de Dover, eso sin contar a los aplastados en la contracorriente de gente que salía y entraba para ver a Panteón Rococó en el Escenario B.

* Y por supuesto faltan muchas (tal vez más densas), pero se espera que la “banda pesada” se entretenga con tan cardiacas e inolvidables anécdotas.





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