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Talibán amenaza a todo Pakistán

24 de abril de 2009.

PESHAWAR, PAKISTÁN.- El Gobierno paquistaní envió ayer 2 centenares de soldados para recobrar el distrito de Buner (Norte) de manos de los talibanes, envalentonados tras su "victoria" en el vecino valle de Swat y decididos a expandir su influencia por todo el país.

Los refuerzos de la guardia de fronteras se desplegaron en Buner, a unos 100 kilómetros de Islamabad, con la "misión de proteger los edificios oficiales y permanecerán en la zona hasta que los insurgentes hayan sido expulsados", explicó el portavoz del Ejército, Athar Abbas.

Ayer un policía murió y otro resultó herido en un ataque insurgente contra un convoy de las fuerzas de seguridad en la zona, informaron los medios paquistaníes, que también citaron testigos según los cuales un grupo de unos 30 talibanes entró en el distrito vecino de Shangla y lo estaban patrullando.

Shangla, Buner y el valle de Swat pertenecen a Malakand, una región tribal pastún de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP) en la que las autoridades convinieron en febrero en implantar tribunales de la "Sharia" (Ley Islámica) en el marco de un acuerdo de paz con los talibanes.

La insurgencia declaró entonces una tregua -como el Ejército- pero han seguido registrándose episodios de violencia y la "provocación" que supuso su desplazamiento desde Swat a Buner.

"El acuerdo de paz les ha envalentonado para expandirse", observó una fuente de Inteligencia Occidental.

El artífice del acuerdo, el clérigo radical Sufi Mohamed, declaró esta semana que la democracia y las cortes superiores paquistaníes "no son islámicas" y que las autoridades deben apresurarse en la preparación de los tribunales de la "Sharia".



De lo contrario, advirtió, serán responsables de la vuelta de la violencia a Swat, donde los servicios secretos paquistaníes calculan que operan dos mil 500 insurgentes.

"En Pakistán todos somos musulmanes y la 'sharia' tiene que aplicarse en todo el país", dijo su portavoz en Swat, Muslim Khan, sin ocultar las intenciones de los extremistas.

El acuerdo fue respaldado casi por unanimidad en el Parlamento central y rubricado por el presidente, Asif Alí Zardari, la semana pasada, pero las críticas internas se han sumado ya a las internacionales.

Aunque promocionadas como una manera de agilizar la Justicia, algunos temen que las cortes islámicas apliquen penas como la amputación de una mano por robo o la lapidación por adulterio.



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