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Bebés a la carta vía fertilidad in vitro

27 de abril de 2009.

Con la emoción deseosa de quien lanza una botella al mar, Connie y Mauricio se atrevieron a pedir al banco de semen: "Queremos un niño sin alergias ni padecimientos como síndrome de Down; blanco y de preferencia alto". Puesto que él no podía procrear debido a su baja calidad espermática, la joven pareja optó por la fertilización in vitro, mediante un donador de espermatozoides del que a la postre sería concebido Emiliano, hoy de 6 meses de vida. Ésta es una historia de bebés a la carta.

Después de 12 años de matrimonio, diversos tratamientos de inseminación artificial y un intento fallido de adopción, recurrieron al Centro de Fertilidad Humana de México -que incluye un banco de semen-, donde les ofrecieron un menú a base de origen étnico, peso, estatura y estructura ósea, tipo de sangre, color de ojos y tez, color y tipo de cabello, y hasta religión y ocupación del donador del esperma: todo por 4 mil 770 pesos, o aún menos, si escogían un donador vernáculo, en cuyo caso pagarían 3 mil 250 pesos.

Mauricio siempre quiso ser alto, de modo que para él era indispensable que su hijo lo rebasara: eligió el perfil de un uruguayo de 1.80. Connie pensaba más en la salud del pequeño, particularmente, que no tuviera alergias. Para ella cuadraba también el uruguayo, quien además los cautivó porque era soltero, pesaba 80 kilos, con una estructura ósea mediana y tez blanca, ojos azules y pelo lacio y rubio. Era chef y tenía un carácter alegre, sociable, tranquilo y paciente. ¿Sus pasatiempos? Leer, cocinar, nadar. ¿Sus metas personales? Conocer otros países, escribir un libro y vivir feliz. Tal cual se le describía, aunque, como donador, era anónimo.

'¿DE DÓNDE SERÁN..?' El servicio al que recurrieron Connie y Mauricio en el Centro de Fertilidad Humana de México también se ofrece en 30 centros de reproducción asistida privados (incluido éste) distribuidos en el país, que cuentan con bancos donde se depositan, congelan y almacenan los espermatozoides hasta 15 años. "Es semilla de calidad", presume el ginecólogo Alfredo Góngora, especialista en reproducción asistida.

Mauricio dice que la suya fue "una decisión que veníamos pensando desde hace tiempo; el desgaste con médicos e incluso con instituciones para adoptar fue mayúsculo; acudir a un banco de semen requirió mucha madurez como pareja". No habían querido revelar a su familia el método al que se sometieron para concebir a su hijo. Es hasta hoy cuando deciden abordar el tema -siendo ya una familia integrada-, mientras uno y otro sostienen en brazos a un bebé saludable, tranquilo, sonriente y amado.

Emiliano Sánchez Gómez nació el 2 de octubre de 2008, es blanco como su mamá, no padece alergia o enfermedad alguna, deja dormir a sus padres toda la noche y ellos lo describen como un niño modelo, que superó sus expectativas; tanto, que en octubre próximo ella emprenderá el mismo camino para su segundo embarazo, en un "plan de hermanos", con otro de los 5 embriones que fueron fecundados por el mismo donador, el uruguayo, y que permanecen criopreservados en el banco de semen. Para ello deberán pagar el almacenamiento de dichos embriones, 2 mil 960 pesos anuales. En la primera fecundación les fue indiferente el género; esta vez Mauricio prefiere una niña.

EN BUSCA DE ESPECIMENES El complejo camino de los bebés de diseño inicia con un donante de semen que es sometido a una entrevista como primera fase del protocolo básico: ¿Cómo es su personalidad?; ¿Sus intereses y talentos? ¿Afinidad por áreas como matemáticas, mecánica, actividades atléticas, creatividad artística, música, lenguas? ¿Ambiciones y metas? ¿Por qué desea donar? Este cuestionario fue el primer filtro por el que pasó Eduardo, de 19 años, quien comenta que los estándares de calidad son rigurosos y el compromiso con el banco debe respetarse.

Los requisitos son estrictos, incluidos los de tener de 18 a 30 años; no padecer -como tampoco familiares directos suyos- trastornos genéticos mayores ni enfermedades hereditarias como asma, diabetes, epilepsia o hipertensión arterial; ser ceronegativo para el virus de inmunodeficiencia humana, sífilis y herpes y poseer un semen capaz de sobrevivir a la criopreservación espermática; ésta incluye el depósito, congelamiento y almacenamiento de los espermatozoides que serán utilizados en inseminación artificial, fertilización in vitro u otros procedimientos de reproducción.

Los espermatozoides son preparados mediante técnicas como el lavado con soluciones o gradientes de diferentes densidades que eliminan del eyaculado restos celulares, bacterias, leucocitos, espermatozoides muertos y lentos, con el fin de seleccionar los de mejor calidad.



Factores como estrés, tabaquismo, consumo de drogas, la exposición a contaminantes ambientales y el consumo de cierto tipo de alimentos con hormonas condicionan la calidad espermática, de modo que "en 2008, el 92% de donantes en el Centro de Fertilidad Humana, fue descartado por no cumplir los requisitos", precisa Alfredo Góngora.

Eduardo recibe como estímulo (la Ley General de Salud especifica que la donación se regirá por principios de altruismo, ausencia de ánimo de lucro y confidencialidad) becas para cursos de computación, inglés y francés financiados por el Centro de Fertilidad Humana de México, mientras que en algún otro centro de fertilidad los donadores reciben 500 pesos por donación.

Como donador, para Eduardo no fue requisito tener cierta estatura, ni tez y ojos de determinado color, pues en principio no se discrimina a los donantes por sus características físicas. En cambio, debió especificar cuántas parejas sexuales tuvo en el último año, la frecuencia de su ingesta de alcohol, si consumía drogas y de qué tipo, y si padecía alergias e inmunizaciones.

¿NACEN LOS NIÑOS IMAGINADOS? Entre las características físicas que se ofrecen a los futuros padres en un catálogo ampliado se mencionan detalles que pasarían desapercibidos para la mayoría: un lóbulo de la oreja junto o separado; un mentón poco partido o muy partido; dientes pequeños, promedio o grandes; cejas juntas, abiertas, con poco o mucho arco, y nariz redonda, derecha, ancha, pequeña, mediana, grande, cóncava o convexa.

No siempre la realidad se acerca a lo fantaseado: "El recién nacido resultante por estas técnicas puede no parecerse de manera total físicamente al varón de la pareja en tratamiento, ya que en la actualidad no existe ninguna técnica que pueda ser empleada para predecir los rasgos físicos al 100%", advierte Julio Francisco de la Jara Díaz, coordinador de la clínica de infertilidad del Instituto Nacional de Perinatología.



Pero en su avance vertiginoso, la ciencia y la investigación permiten "evitar enfermedades cromosómicas como la hemofilia o determinar el sexo", y "en algunos años se podrá tener mayor control en la proclividad a nacer con piel clara u oscura u ojos azules, o en que se inhiban genes como el de la diabetes", explica Francisco Rocha Cárdenas, director de Laboratorios del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI).

Por ahora, quien recurre a un banco de semen puede acceder a una foto del donador cuando niño.



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