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Influenza 'ataca' a las Águilas en el Azteca

27 de abril de 2009.

México, Df.- Cuando el América juega en el Azteca, el estadio suena hueco, muy hueco. Igual con o sin afición; igual ante 11 que contra 10. América es la misma caricatura. Inofensivo en casa. Aunque ayer al menos sus aficionados no tuvieron que abuchearle, no por el resultado, sino por la imposibilidad de asistir por las medidas preventivas para controlar la influenza en el DF. Ayer, esta otrora ave rapaz cayó 1-2 ante Tecos, que se mete fuerte como segundo del sector dos en la lucha por clasificar a la liguilla, mientras los amarillos se encaminan a su cuarta campaña al hilo sin boleto a la fiesta.

“¡Vamos… vamos América, esta tarde tenemos que ganar”! Es un grito hueco, lejano, tan artificial como el sonido local, necio intento de transmitir el cobijo de casa, un hogar que América ha hecho ajeno, irreconocible, lo mismo con miles que con el desierto cemento.

Jesús Ramírez, técnico de los azulcremas, juega con fichas. Una semana intenta con Fernando Ortiz, a la siguiente lo borra, y busca la solución en Jesús Sánchez en la central. Como carrilero, igual ante Chivas prueba a Beausejour, pero ayer intentó con Silva. En la contención, Argüello está en desuso y Enrique Vera no se cansa de repartir patadas, aventones, perder balones y, por qué no, hasta atropellar para regalar un penalty.

El resultado es el mismo. Y es que los amarillos ofrecían un tentador botín. Por eso Tecos no se resistió; rudimentario o no, se lanzó sobre los hombros del chaparrón Rodrigo Ruiz para desquiciar a los zagueros americanistas. El Pony se basta para des-equilibrar y servir a placer, igual para Rafael Medina que a Fredy Bareiro o Zamogilny, hasta que Vera se pone "bello" con el penalty, y ahí Carlos Morales ya no perdona y manda arriba a los Tecolotes. América intenta pero es limitado en posibilidades. Lo hace tartamudeando, sin hilvanar más de tres toques cuando ofende. Y peor, cuando logra sobrepasar las líneas, porque si no es Cabañas el que resuelve, nadie logra acertar al arco. De ahí la desesperación del goleador paraguayo ante la suerte de Ángel Reyna para quedar un par de veces frente al marco y en ambas perderse la igualada. Para el complemento, Vera hace berrinche apenas sale del campo. Avienta playera, calcetas y espinilleras. Ortiz se le acerca, se supone que calienta, pero se lo toma con calma, silencio del coloso.

América sufre el segundo golpe gracias al remate de Mario Ortiz a centro de Medina, cuando los Tecos ya jugaban con 10, tras la expulsión de Bareiro.

El gol de De Pinho es tardío (1-2), ni siquiera sirve para sumar. Es lo mismo de toda la campaña cuando el América juega en el Azteca, un estadio que suena hueco, vacío, sin gente, alma ni triunfos del local. Al final no hay más qué decir, Chucho Ramírez tenía razón: enfrentar a Chivas era como medirse a Tecos, cierto, ante ambos perdió por un gol.





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