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LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
*ALERTA EPIDEMIOLÓGICA

27 de abril de 2009.

De una semana a otra ha cambiado totalmente el panorama de las preocupaciones públicas en nuestro país, la alerta epidemiológica que han lanzado las autoridades nacionales ante el brote de este nuevo tipo de influenza porcina ha puesto en alarma a toda la población. A este momento, ya se sumaban más de un centenar de víctimas fatales por el virus.

Esta rápida evolución del contagio ha despertado la preocupación de las máximas autoridades nacionales, que han tomado medidas no poco drásticas para el manejo de la contingencia, así, las clases de todos los niveles escolares en el centro del país (DF y zona metropolitana) están suspendidas al menos hasta el 6 de mayo, así como todos los espectáculos y eventos de recreación programados para estos días.

El objetivo es frenar el avance del contagio evitando las concentraciones masivas de personas. Evidentemente el impacto en la vida cotidiana es de la mayor magnitud, lo que se ha refrendado con los mensajes de alerta que han lanzado los diferentes niveles de gobierno, el resultado es claro, según las crónicas periodísticas de este fin de semana, el centro del país estuvo atípicamente desolado.

Calles vacías, comercios cerrados, y la gente transitando en las calles detrás de un tapabocas. Las implicaciones de esto no son menores; en toda la historia reciente del país no podemos recordar un impacto de tal magnitud en el ánimo colectivo, ni una movilización sanitaria de esta naturaleza, llevada al punto de tener al Ejército repartiendo tapabocas en la calle.

Pero aun con todo este despliegue de acciones, y con que hayamos visto al propio Presidente informando y dando aun las más mínimas recomendaciones de rigor, existe la sensación de que “hay algo que no sabemos”, y sin duda serán muchas cosas, pues la información en estos casos de emergencia es un insumo que debe analizarse con la mayor responsabilidad.

La premisa debe ser no causar alarma, aunque la alarma esté implícita en la misma situación, pues la magnitud de una emergencia depende, en mucho de la forma en como se maneje. Por ejemplo, mucho se ha dicho sobre el temblor de 1985, respecto a la responsabilidad de las autoridades en el caos y la confusión que se vivió, que llevó la situación de una emergencia, a un desastre mayor.

Sin embargo, la evolución de la sociedad nos ha enseñado que sólo la información, transparente y veraz, es la forma para superar el caos; los mexicanos exigimos conocer, en tiempo y forma, toda la información disponible respecto a la influenza porcina, los casos que se van presentando, el porcentaje de mortalidad, las posibilidades de cura, los estadios de la sintomatología, cuándo se supone que hay una “detección temprana”, los avances en las investigaciones sobre el virus.

Necesitamos tener certezas más concretas sobre el lugar en donde estamos parados, qué podemos esperar de nuestros gobiernos, cuál es la capacidad de acción de las autoridades de salud, y claro, cuál es la evolución del estado de alerta que estamos viviendo. Hasta ahora la información en los medios nos dice que el contagio se va expandiendo, se están presentando más casos en más estados de la República y en el extranjero, principalmente Estados Unidos y Canadá.

La información clara y completa nos permite tomas las decisiones más adecuadas, a partir de la alerta, miles de personas, familias completas, cambiaron su agenda del fin de semana y decidieron no salir de casa, esta semana, se ha decidido que continúe la suspensión de clases, y se ha recomendado que se planeen las actividades productivas de tal manera que se puedan escalonar los horarios de los trabajadores de las empresas y evitar las concentraciones.

Como resultado de esto, habrá un impacto, no sabemos de qué magnitud, en las actividades productivas, sobre todo si consideramos que el centro del país es una zona económicamente centrada en el sector de los servicios, y que ya este fin de semana se observó un impacto negativo en el consumo y afluencia de zonas turísticas, corredores comerciales, centros de entretenimiento, etc; sumándose a lo derivado de las cancelaciones de eventos masivos.

No pudo haber peor momento para una situación como esta, la crisis económica es el tema que subyace detrás de todo esto, y no podemos dejar de pensar en los costos de los paros de actividades; así que a preocupaciones como esta, y el tema de la inseguridad pública y la violencia, se suma ahora el pánico de esta epidemia.

Desde este espacio nos permitimos hacer un llamado a la responsabilidad de nuestras autoridades en todos los niveles, no sólo su responsabilidad de actuar, sino la de informar, sobre todo exigimos sensibilidad en las medidas que se adopten, pensando en la afectación a la vida cotidiana de toda la sociedad y a sus implicaciones en lo económico y social. A veces la lógica del “más vale que sobre y no que falte” es errada si se considera que se tiene en las manos las vidas de millones de personas.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas Gracias.



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