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LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
* DÍA DEL TRABAJO, AÑO DEL DESEMPLEO

5 de mayo de 2009.

Más allá de que este 1º de Mayo no vimos el tradicional desfile de las comparsas de todos los sindicatos, ya que la emergencia sanitaria lo impidió, lo que sí hemos visto con mucha claridad es la caída de la población económicamente activa, con un dramático aumento del desempleo, el peor en los últimos 12 años.

Desde la gran crisis del “error de diciembre”, que devino en el llamado “efecto tequila” que creó una caída en cadena de todas las economías latinoamericanas, no habíamos roto la frontera de los cinco puntos porcentuales en la cifra oficial de desempleo. En octubre de 1996, hace doce años, se calculó el desempleo en 5.2%, este año, el mes de enero ya arrojaba 5% en los cálculos del INEGI.

A estas alturas, con la temida contracción económica rondando los cuatro puntos porcentuales, la economía mundial en recesión, la crisis de la inseguridad y, ahora además, la situación epidémica de la influenza tipo A; la situación del empleo es por demás caótica, no sólo se ha perdido gran cantidad de empleos, sino además no se han generado, ni por asomo, en la proporción que se necesita para mantener a flote las necesidad de la creciente población económicamente activa (PEA).

Siguiendo con las cifras de enero pasado, junto con las cifras del desempleo, hubo también un aumento significativo en la cifra de subempleados a nivel nacional, esto es, aquellas personas que cuentan con un ingreso, pero no en las condiciones de un empleo regular con prestaciones y acceso a servicios. En esta categoría hay 7.1% de la PEA. Según estas cifras entonces, estamos hablando de 3 millones 200 mil personas subempleadas, y 2 millones 260 mil personas desempleadas.

A principios de año aun estábamos en el debate de si podríamos crecer este año o dadas las condiciones que vivimos estaríamos estancados en el crecimiento cero. Hoy, iniciando el quinto mes del año, sabemos con certeza que no sólo no creceremos, sino que nuestra economía se contraerá fuertemente, los analistas hablan de un 4% o casi 5%, y esto aun sin considerar el factor influenza que, al menos en la capital del país ha dejado sin ingresos durante esta contingencia a millones de empleados del sector de servicios, y acá en el norte ya ha afectado duramente al ya de por sí mermado sector maquilador.

Hace falta ver las nuevas cifras del INEGI en materia de empleo para estos meses, pero por lo pronto sabemos que el panorama no es nada alentador para febrero se calculaba en 5.3%. Nuestro Presidente, paradójicamente autonombrado el “presidente del empleo”, parece haber dejado muy abajo en sus prioridades la protección del empleo y ahora además, se cargan en los hombros de la mayoría los costos de la crisis sanitaria.

La situación del empleo en nuestro país tiene una historia muy larga de tropiezos e inconsistencias, ni aun en el “milagro mexicano” podemos hablar de una taza de ocupación exitosa, más aún, la crisis del modelo se debió en mucho, a la imposibilidad de generar empleos con el ritmo del crecimiento poblacional. Entonces nunca, en la historia reciente de nuestro país, hemos hablado de niveles de ocupación mínimos, ni certeza productiva para las nuevas generaciones.

Desde que podemos recordar, estamos inmersos en oleadas entre malas y peores para las personas que buscan un ingreso en la economía formal. Como resultado de esto, la cifra de subempleo es inevitable, y aun más, la de economía informal, pues cuando las puertas de la legalidad se han cerrado para tantos, vemos proliferar toda clase de negocios al margen de la regularidad que nuestras autoridades fiscales pueden desear.

Y ahora, con el sector de los servicios prácticamente frenado, el turismo en las puertas de una fuerte crisis – una de nuestras principales líneas áreas canceló en estos días cerca del 10% de sus vuelos-, la burocracia parada y el sector industrial con paros técnicos en horarios escalonados; estamos ante el peor panorama para, ya no digamos el desarrollo económico, sino al menos el sostenimiento de las condiciones actuales.

Todo parece indicar que este año, de inseguridad, violencia generalizada, crisis económica y sorprendente emergencia epidémica, bien podría ser llamado al final, el año del desempleo, no porque en los otros años no se haya vivido una constante crisis del empleo, sino por las dimensiones que parece ir tomando en estos meses el fenómeno. Tenemos la peor combinación de factores para que se afecte al empleo, incluso al informal, y no logramos ver que esto se ubique en la escala de prioridades de nuestros gobiernos.

Triste día del trabajo, sin comparsas sindicales en las calles, pero más triste aun porque trabajo es, precisamente lo que más falta en los hogares mexicanos, ya no hablemos de ocupaciones de calidad, conforme a lo previsto en nuestras leyes, que le permitan a los empleados construir un patrimonio y gozar de cierta seguridad social, no, se trata de que no hay ni las ínfimas ocupaciones que mantengan a flote la subsistencia diaria. El desempleo es una grave epidemia que venimos sufriendo desde hace décadas y a nadie se le han ocurridos las medidas sanitarias para evitar su expansivo contagio.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Muchas gracias.



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