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Ordena Papa auditar a Legionarios de Cristo

6 de mayo de 2009.

Todas las instituciones que regenta: 125 casas religiosas, 150 colegios, 21 institutos superiores, nueve universidades y 630 centros de educación no formal que tiene distribuidos en 22 países, recibirán la visita de cuatro enviados del papa Benedicto XVI, quienes se encargarán de vigilar su funcionamiento, sus normas, su moral, su ética y por supuesto, sus finanzas.

Consciente del potencial que tiene la Legión y de su importancia en el mundo religioso actual, el Pontífice busca recuperar su credibilidad, su honor y su prestigio, después del escándalo que provocó el descubrimiento de que su fundador, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, cometió abusos sexuales a niños, además de engendrar una hija con una de sus amantes.

Así, Ricardo Watty Urquidi, de la diócesis de Tepic, México; Charles Joseph Chaput, arzobispo de Denver, Estados Unidos; Giuseppe Versaldi, obispo de Alejandría, Italia; y el sacerdote jesuita Gianfranco Ghirlanda, rector de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se encargarán de investigar todas las instituciones educativas de la Legión para después entregar un informe a las autoridades del Vaticano.

Y será luego el Papa quien tenga la última palabra para hacer recomendaciones, destituciones y nombramientos. Joseph Ratzinger pretende que esta institución que pertenece a la Iglesia católica se transforme y, sobre todo, que recupere su buena reputación de antaño.

También busca transformarla. Quiere que se abra al mundo, que sus miembros tengan más libertad, que puedan dejar la Legión si así lo deciden sin sentirse presionados, que se acabe con los secretismos, con las mentiras, con el oscurantismo, con las luchas de poder y que la gente deje de verlos como una secta. Y por supuesto quiere borrar el pasado de su fundador y sobre todo, desterrar el culto a su personalidad, a su vida y a su obra.

Y es que Marcial Maciel, que fundó la congregación en 1941, llevaba una doble vida. Abusaba sexualmente de jóvenes y seminaristas, convivió con una mujer con la que tuvo una hija, y fue acusado de robar dinero a la orden.

Pero pese a las acusaciones que se vertieron sobre él, el Papa Juan Pablo II siempre lo apoyó, protegió y defendió.

En mayo de 2006, cuando Juan Pablo II ya había muerto, la Congregación para la Doctrina de la Fe invitó a Maciel a “una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público. El 30 de enero de 2008 murió sin haber pedido perdón, tal y como reclamaban sus víctimas. Sus restos fueron enterrados en su pueblo natal, Cotija de la Paz en Michoacán.

Ahora, un año después de su muerte, con esta auditoria Ratzinger quiere recuperar la buena reputación de una de las congregaciones religiosas más amplias —actualmente cuenta con 800 sacerdotes, más de dos mil seminaristas y otros 65 mil miembros laicos de su movimiento Regnum Christi—, y poderosas de la Iglesia católica. Un complicado objetivo que sólo el tiempo dirá si logra o no.





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