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LA OPINIÓN DE:
Edna Lorena Fuerte
* MENONITAS, EN ESPERA

12 de mayo de 2009.

A finales del año pasado vimos la primer manifestación pública del descontento de las comunidades menonitas del norte del estado, quienes bloquearon diversas vías de comunicación, para exigir al gobierno del Estado su pronta intervención en la ola de secuestros que azota a estas comunidades, afectando gravemente su economía. Ahora, desde principios de este mes, están en la capital estatal en plantón permanente por la misma causa.

A partir del secuestro de Eric LeBarón, de 16 años, y miembro de la familia fundadora de la comunidad que lleva su apellido, por cuya liberación sus captores exigen 1 millón de dólares; se generó esta movilización social que llevó a cerca de la tercera parte de la comunidad a aposentarse frente a nuestro palacio de gobierno para exigir que sean devueltas las garantías de seguridad a las comunidades.

Este caso ejemplifica dos posturas opuestas, y sin embargo indivisibles, respecto al tema del secuestro en la sociedad; mientras que la familia le pidió a la comunidad que no intervinieran en el asunto, pues ellos esperan lograr negociar con los captores y entregarles la cantidad que exigen a cambio de la liberación del joven; quienes están en Chihuahua, Chihuahua, se han manifestado en contra de la negociación y esperan que el gobierno pueda resolver el asunto.

El argumento de los segundos es que, en su comunidad, ellos mismos saben quiénes son los plagiarios, quiénes forman parte de su grupo y cómo se organizan, de modo que, al momento, se les puede considerar como un grupos más improvisado, con poca estructuración, sin embargo, de lograr conseguir el dinero que reclaman por este joven, tendrían la posibilidad de crecer como grupo delictivo, al punto, de volverse imparables.

Es evidente que se un lado domina la desesperación de la familia por recuperar a su ser querido, ante una situación tan terriblemente traumática como es un secuestro, y del otro lado, está el temor de una comunidad entera por el crecimiento de la delincuencia organizada, ver cómo los casos de secuestro y robo se van expandiendo de manera exponencial, ante la invisibilidad de las autoridades y la justificada lucha contra el narcotráfico.

Pero el punto de coincidencia entre ambos grupos es la espera, ante el agotamiento de los recursos a su mano, esperan ayuda, soluciones, justicia. Los menonitas en la diáspora se han caracterizado por su profunda unidad, la fortaleza infranqueable de sus tradiciones y organización social jerarquizada, su apartado modo de vida y su cultura del trabajo. Durante todo su asentamiento en nuestro estado, han convivido con los chihuahuenses a cierta distancia de las problemáticas, hasta cierto punto ajenos a la dinámica externa.

Pero la gravedad de las cosas los ha hecho, ahora, salir de sus casas, si bien es cierto que el propio secretario de gobierno, Sergio Granados, los ha recibido con muestras de la mayor disposición y promesas de todo el apoyo, no estamos seguros de qué tanto podrá hacer un gobierno que se ha mostrado insuficiente frente a la situación de la inseguridad pública.

A finales del año pasado, cuando se llevó a cabo esta primer protesta, la consigna de demanda era que si no se les daban garantías de seguridad y justicia, estas comunidades tomarían la justicias en propia mano. Ahora, unos meses después, tiempo en que el crimen organizado se ha ido posicionando cada vez más, ya no es esa la idea que sostienen, se habla de confianza en el gobierno y sus instituciones de seguridad.

Quizá este sea un cambio de perspectiva ante una situación que se desborda, si históricamente las comunidades cerradas, ortodoxas, que representan los menonitas, han logrado resolver prácticamente todas sus problemáticas basados en una organización interna de fuerte religiosidad; el verlos ahora tomar las calles de nuestra capital, es un claro indicador de la gravedad de la situación que vivimos. Los menonitas están a la espera, pero no son sólo ellos quienes reclaman garantías para seguir viviendo en Chihuahua.

DÍA DE LAS MADRES

Desde este espacio me permito enviar un fuerte abrazo a todas las madres de nuestro estado. El festejo del Día de las Madres es uno de los más grandes emblemas afectivos de nuestro país, las madres mexicanas no sólo son centro de la organización y cohesión social, sino motor de la emotividad de todos los mexicanos. Este, como todos los 10 de mayo, a pesar de todas las contingencias habidas y por haber, se dan regalos, se compran flores, se obsequian canciones, se reúnen las familias. Este día es una de las mejores muestras de la capacidad afectiva de nuestro pueblo.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias



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