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20 de mayo de 2009.

Los mercados bursátiles alrededor del mundo, incluyendo al de nuestro país, han mostrado un gran optimismo en semanas recientes, si bien con algunos días de ajuste, pero sin duda con una tendencia clara al alza.

Esto puede deberse a que quizá perciben que está cerca el fin de la crisis económica actual. Muchos, de hecho, explican este comportamiento con la idea tradicional de que, por lo general, las bolsas se adelantan alrededor de seis meses a la aparición efectiva de una recuperación de la actividad productiva.

Ojalá y sea cierta esta supuesta visión premonitoria de los mercados, pero es todavía muy temprano para echar las campanas a vuelo y pensar que ése es el caso en esta ocasión.

No hay, en la práctica, muchas razones para concluir que la recesión global, y en particular la de Estados Unidos (EU), está por terminar y que será seguida de un repunte vigoroso y sostenido de las economías. El auge reciente de los mercados no es garantía alguna de ello.

Por ejemplo, durante los años de 1929 y 1932, normalmente conocidos como la Gran Depresión, el Dow Jones repuntó más de 20 por ciento en cuatro ocasiones, sólo para caer por debajo de sus mínimos anteriores.



En la crisis actual ya se han presentado cinco rallies bursátiles en los que los precios de las acciones subieron más de 10 por ciento, sólo para retraerse otra vez.

El optimismo pasa por alto la posibilidad de que los datos recientes, si bien algo alentadores, no estén presagiando una recuperación inminente, sino tan sólo que se ha moderado el ritmo de deterioro de la economía.

Es posible, eso sí, que en Estados Unidos (EU) y muchos otros países se registren algunos rebotes de los índices de producción, en gran parte debido al brutal ajuste de inventarios que se dio durante el primer trimestre.

No me extrañaría que los inventarios estén cerca del actual nivel de ventas, por lo que pudiera comenzar un leve proceso de reposición de los mismos, que bien pudiera confundirse con el inicio de una reactivación vigorosa.

De hecho, la salida tradicional de las recesiones económicas hasta comienzos del siglo pasado, cuando todavía no existían las herramientas modernas de política fiscal y monetaria, se daba, esencialmente, por el ciclo de ajuste de los inventarios.

La expectativa es que, ahora, ese proceso natural del ciclo económico se apuntale con las medidas extraordinarias de política económica, en particular las monetarias, que se aplican desde hace meses en la economía estadounidense y otras naciones desarrolladas.

Ésa es, por lo menos, la esperanza del presidente de la Reserva Federal de EU, Ben Bernanke, quien a principios de este mes comentó que su economía se recuperará antes de que termine el año.

Su mensaje, sin embargo, no se limitó a señalar el inicio de la recuperación, sino que se acompañó de un par de advertencias. Por un lado, que esa recuperación será "gradual" y por el otro, que el desempleo "seguirá siendo elevado" durante cierto tiempo.

La historia de crisis como la actual sugiere que la palabra "gradual" bien pudiera interpretarse como un periodo prolongado de crecimiento anormalmente bajo. Aún así, éste no se puede garantizar mientras prevalezca la disfuncionalidad del sistema financiero.

Por otra parte, los obstáculos para una vigorosa recuperación no se limitan a la mala salud de los bancos. Existe también el problema del desempleo creciente en EU, lo que puede complicar aún más la situación financiera de las familias.

Éstas se han visto obligadas a elevar considerablemente su ahorro y recomponer sus balances, lo que junto a la amenaza de una mayor desocupación se traducirá en una demanda aletargada de los consumidores en el futuro próximo.

En consecuencia, no es posible descartar todavía la posibilidad de una recaída en la actividad económica, lo que volvería a deprimir los indicadores bursátiles.

En síntesis, podemos decir que lo peor ya pasó, tanto en EU como en nuestro país, en el sentido de que ya no veremos caídas tan abruptas en la actividad económica. Pero ello no se traduce, en automático, en una recuperación vigorosa y sostenida de la producción y el empleo.

Por el contrario, EU y la mayoría de los países desarrollados verán muy pronto tasas de desocupación de doble dígito y muy altos niveles de deuda pública, lo que reducirá por varios años el potencial al que pueden crecer sus economías.

Considero, por tanto, que el optimismo bursátil global es prematuro y quizá, hasta algo exagerado en las condiciones actuales. Es posible que la recesión de EU termine este año como prevé Bernanke, pero me temo que el proceso de reactivación será más lento de lo que hoy anticipan los mercados.





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