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Ayuda juez a cerrar heridas que dejó una Guerra Civil

9 de junio de 2009.

SANTA MARÍA DE TERA, ESPAÑA.- Un grupo de hombres asesinados en los primeros días de la Guerra Civil permanecieron enterrados en 2 fosas comunes en la localidad española de Santa Marta de Tera, hasta que ayer, por orden de una juez, comenzaron las excavaciones que permitirán a sus familiares cerrar las heridas, 73 años después.

La juez Tania María Chico fue la primera en España en atender al requerimiento del magistrado Baltasar Garzón para que se recuperen los restos mortales de estas personas asesinadas y reciban un entierro digno.

A primera hora de la mañana comenzaron los trabajos de exhumación, que está previsto que se prolonguen 2 o 3 días, para hallar e identificar a los asesinados, cuyos familiares se acercaron ayer hasta Santa Marta de Tera.

Uno de ellos, José Fernández Valderrey, nieto de Baltasar Valderrey, recordó cómo su madre le contaba que cuando ella tenía 11 años, en agosto de 1936, llegaron a Destriana "unos pistoleros mandados por el cura y los terratenientes del pueblo".

Se llevaron a 4 vecinos, cuyos restos mortales se intentan localizar para que sean trasladados al cementerio del pueblo junto a sus seres queridos, aunque existen dudas sobre si uno de los cuatro fue enterrado en otro lugar.

Es la primera vez que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica logra el aval judicial en su lucha para que los asesinados por el bando nacional durante la Guerra Civil reciban un entierro digno.

El vicepresidente de la asociación, Santiago Macías, explicó que tienen documentados otros 15,000 casos de familiares que buscan a desaparecidos 7 décadas después, aunque en su mayoría son fallecidos en el combate bélico y no a más de 200 kilómetros del frente de batalla más cercano, como ocurre en este caso. Contar con el apoyo judicial en las excavaciones de las fosas supone "un hito" para esta asociación, ya que permite disponer de más medios y tener el reconocimiento implícito del Estado, después de años en los que este tipo de desenterramientos se han llevado a cabo únicamente por voluntad de los familiares.

El ejemplo de esta juez ya ha sido seguido por otros de los 62 juzgados de instrucción a los que remitió el caso Baltasar Garzón tras decidir su retirada del mismo después de que la Fiscalía de la Audiencia Nacional considerara que no era de su competencia.



Pero será en Santa Marta de Tera, una localidad de tan sólo 315 habitantes por la que cada año pasan 14,000 peregrinos que recorren la ruta del Camino de Santiago, donde primero se cerrarán las heridas de la guerra.

El concejal de Santa Croya de Tera Manuel Alonso, que de niño residió en Santa Marta, dijo que en el pueblo todos conocían la historia de las fosas comunes y en los primeros años incluso había familiares que el Día de Todos los Santos se desplazaban desde la vecina León para honrar a sus seres queridos.

Fueron enterrados en las inmediaciones del cementerio, ya que al igual que a los que se suicidaban se les privó de recibir sepultura en el camposanto.

Isabel Martínez rememoró cómo en agosto de 1936 llegaron a Destriana un grupo de hombres con un listado de nombres y pidieron a su abuelo, José Villalibre, que localizara a esas personas y, como no encontró a todos, le llevaron a él también para tomarle declaración, aunque nunca volvieron a verlo.

Revivir estos hechos deja a los familiares una sensación agridulce en la que se mezcla la tristeza y la emoción por pasar página después de 73 años.

Pero la situación se complica en otros lugares de España con fosas comunes de la Guerra Civil, cuya apertura crea polémica y división de opiniones, como es el caso de la que se cree que alberga los restos mortales del poeta Federico García Lorca, en Granada (Andalucía). La Fiscalía de Granada presentó ayer un recurso de queja para que se revoque la decisión de un juzgado de esta ciudad española, que rechazó asumir las exhumaciones de la fosa al no aceptar la inhibición propuesta por el juez Garzón.

García Lorca fue fusilado el 18 de agosto de 1936. La petición para abrir la fosa donde supuestamente yace su cadáver fue presentada por la nieta de Dióscoro Galindo, un maestro fusilado con el poeta.





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