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Es el Distrito Federal la región más insegura de México 2da parte

12 de junio de 2009.

Comparativo con países*
Las tasas de victimización de Estados Unidos, Canadá, Australia y la mayoría de los países europeos muestran desde hace veinte años una clara tendencia a la baja. En cambio, en México desde la Primera Encuesta Nacional sobre Inseguridad (ENSI-1 / 2002) tanto la incidencia como la prevalencia delictivas se mantienen sin cambios estadísticamente significativos.

Pese a la creciente sensación de inseguridad, la criminalidad en México –lo mismo respecto de los delitos que capta la ENSI, que son el 95% del total, como por lo que hace a los homicidios dolosos- no presenta variaciones significativas desde 2002, año en que el ICESI inició las encuestas.

Lo que es grave es la proporción de delitos cometidos a mano armada, que es muy alta a nivel internacional: uno de cada tres delitos se comete con arma y de éstos el delincuente la utiliza en 34% de los casos. Es decir, que una de cada 10 víctimas es agredida con arma.

*Grandes diferencias entre estados*

Son notables las diferencias que se advierten tanto en la incidencia como en la prevalencia delictivas en las entidades del país: mientras que la de mayores tasas, que es el Distrito Federal, sufrió 25,700 delitos y fueron victimizadas 14,800 por cada 100 mil habitantes en 2007, en Zacatecas la incidencia fue de 2,100 delitos y la prevalencia de 1,700 víctimas, siempre por cada 100 mil habitantes.

Refutando el tópico de que la delincuencia está generada por la pobreza, las entidades con mayor criminalidad –Distrito Federal, Estado de México, Tamaulipas, Baja California y Chihuahua– están lejos de figurar entre las más pobres del país.

Llaman la atención las cifras de Sinaloa, que parecen bajas en comparación con lo que se percibe en la propia entidad y en el resto del país. Ya en la ENSI-4 (cuyo período de referencia fue el año 2005) se advirtió un descenso significativo en la ciudad de Culiacán con respecto a la ENSI-3 (2004).

Es de señalarse que en Sinaloa el levantamiento de campo se vio obstaculizado en una localidad rural, en la que no se tuvo apoyo de las autoridades locales para aplicar la encuesta. Dicha localidad fue identificada como zona controlada por narcotraficantes.

*Homicidios, el más grave de los delitos*

Por más que otros delitos, como el secuestro, suelen tener mayor impacto social, no cabe duda que el homicidio doloso es el más grave de todo el universo penal porque destruye intencionalmente el bien de mayor valor, sin el cual no puede haber otros bienes: la vida humana.

Sin llegar a los niveles críticos de países como Santo Tomé y Príncipe (118 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes), El Salvador (80), Venezuela (47) o Colombia (37), nuestro país está lejos de alcanzar una tasa razonablemente aceptable, como la que se observa en la gran mayoría de los países europeos, Canadá, Australia o Chile, donde la tasa de ese delito oscila entre 1.5 y 3.0.

La tasa de homicidios dolosos en México, 9.7, nos coloca entre los países que registran cifras sumamente desfavorables.

Ahora bien, esa tasa nacional casi se triplica en entidades como Sinaloa, Oaxaca y Guerrero que se acercan a las de países que, como Colombia, están inmersos en conflictos armados.

El caso de Sinaloa requiere un cuidadoso análisis. Es la entidad con mayor tasa de homicidios dolosos en la República, pero muchos de ellos -15 por ciento- tienen su origen en las disputas entre las diversas bandas de la delincuencia organizada: son aquellos que se han dado en llamar ejecuciones.

*Daño económico*

Por cada peso gastado durante 2007 del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) que ascendió a 6,653 millones de pesos, las personas gastaron 15 veces más en medidas de seguridad, pérdidas económicas y gastos en salud por el delito, es decir, 102,700 millones de pesos.

Al daño económico directo que ocasionan los delitos, se agregan los gastos en salud y en medidas de seguridad, todo lo cual suma más de 100 millones de pesos, cifra superior al 1% del PIB.

Es evidente que ese costo ciudadano afecta mucho más a las personas y las familias de bajos ingresos económicos.



A las pérdidas directas a causa de la delincuencia, vale la pena añadir lo que diversos organismos empresariales señalan en torno a lo que se deja de invertir por causa de la inseguridad, cifra que asciende a más de mil 500 millones de dólares.

Cuatro de cada 10 delitos son cometidos por jóvenes entre 18 y 25 años, y seis de cada 10 por menores de 36. Este dato sugiere la urgencia de una política preventiva enfocada específicamente a la población juvenil.

En la medida en que los adolescentes y los jóvenes no cuenten con condiciones decorosas de vida, familias que les brinden apoyo, educación adecuada y horizontes laborales promisorios, las posibilidades de que se incorporen a las filas de la delincuencia serán mayores.



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