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Cuba permite salida de neurocirujana

15 de junio de 2009.

La médica cubana disidente Hilda Molina dijo no guardarle rencor a Fidel Castro por impedirle salir de Cuba durante más de una década, y aseguró que el dolor de tantos años se compensó el domingo al reencontrarse con su madre enferma, con su hijo y sus dos nietos en Argentina.

"Cualquier sufrimiento que pueda tener acumulado, y tengo el alma bastante destrozada y el físico también, se compensa con ese tesoro que recibí con ellos. Dios me ha dado un premio a pesar se todo lo que he sufrido", dijo Molina en conferencia de prensa que ofreció en la casa de su hijo Roberto Quiñones.

La galena, de 66 años, llegó en horas de la mañana a la capital argentina dos días después de que el Gobierno cubano le otorgara el permiso para abandonar la isla, que le había sido negado durante largo tiempo por su condición de disidente.

Cirujana de formación, Molina rompió en 1994 con el Gobierno castrista y emitió duras críticas al sistema comunista y su modelo científico. Molina fue recibida en el aeropuerto internacional de Ezeiza por sus nietos Roberto Carlos, de 13 años, y Juan Pablo, de 8, a los que sólo conocía por fotos, y se reencontró con su hijo Roberto, al que no veía desde que partió de Cuba hace 15 años. Más tarde visitó a su madre Hilda Morejón, de 90 años, quien abandonó la isla en mayo de 2008 y ahora se encuentra internada en grave estado de salud.

"Llevo en mi interior un luto que no se va a curar nunca. Le digo al señor Fidel Castro, que ha sido el verdugo de mi familia, que tenga la mayor paz del mundo. Ojalá tome el camino que el pueblo necesita. No le tengo nada que perdonar", afirmó Molina. La sorpresiva autorización dada a Molina el pasado viernes fue interpretada como un nuevo gesto de apertura de la isla en la era post Fidel Castro, que por problemas de salud le cedió el poder a su hermano Raúl en 2006. También fue considerado como un guiño a la presidenta argentina Cristina Fernández, que junto a su esposo y antecesor Néstor Kirchner pedían desde 2003 la salida de la doctora, lo cual les provocó algunos roces con la isla.

Para Molina, sin embargo, su caso no es suficiente como para vislumbrar una mayor apertura del régimen.

"Esto se va a resolver cuando los cubanos no tengamos que pedir permiso para entrar o salir del país. Hay 11 millones de cubanos cuyos derechos se están violando", sostuvo.

La neurocirujana dirigía el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), hasta que en 1994 renunció luego de cuestionar la ética de utilizar tejido de células madre embrionarias en estudios para tratar padecimientos como el mal de Parkinson. En ese mismo año, su hijo Roberto abandonó el país con su esposa argentina.

Aunque Cuba ha enviado a miles de médicos al extranjero en misiones oficiales de ayuda, restringe los viajes personales de los doctores al exterior bajo el argumento de que ha hecho inversiones considerables en su educación como para permitirles que emigren en busca de salarios más altos en otros países.

Los críticos del sistema unipartidista de Cuba tampoco suelen recibir permisos de salida.

En el caso de Molina, las autoridades cubanas aseguraron que las represalias contra ella no obedecían a su distanciamiento, sino a la mala gestión.

Molina, que cuenta con un permiso de salida temporal por tres meses, reiteró que su idea no es quedarse definitivamente en Argentina, pero advirtió que no regresará a Cuba mientras la vida de su madre corra peligro. "Le puse en una carta a Raúl Castro... que cuando le cierre los ojos a mi madre voy a volver. Quisiera que ella se recupere y volver juntas. Pero mientras esté en peligro no la voy a abandonar", expresó.





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