Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
* Mafia y antimafia

22 de junio de 2009.

En excelente entrevista publicada recientemente en El Diario, realizada al especialista Edgardo Buscaglia, se contienen datos y afirmaciones que brindan certezas inteligentes acerca de lo que pasa y a la vez lo que habría que hacer para enfrentar con posibilidades de éxito al fenómeno de descomposición social creciente, al parecer incontenible de violencia y corrupción que desarticula a la República.

El especialista sostiene que es indispensable romper el pacto de impunidad que actualmente existe en el Estado mafioso y sustituirlo por un nuevo pacto político que permita la salvación de México, de no ser así, se camina en ruta fija al encuentro con el Estado fallido.

En el mismo sentido, se afirma que la Convención de Palermo de las Naciones Unidas plasma las mejores prácticas internacionales para luchar contra la delincuencia organizada. México la ha ratificado como país soberano. Ahí se afirma que existen cuatro dimensiones de lucha contra la delincuencia organizada, de las cuales México está implementando solamente una, y con grandes niveles de corrupción involucrados. La primera es la persecución de la persona física. La investigación patrimonial es la segunda dimensión, no necesariamente a través de causas penales, ya que también se puede lograr el desmantelamiento patrimonial mafioso a través de las investigaciones realizadas por las autoridades tributarias.

La tercera dimensión es el ataque a la corrupción política, que aún es incógnita real en México. Buscaglia menciona que hay que atacar la corrupción política no solamente en los estados que gobierna la oposición sino también en los estados en los cuales gobierna el propio partido oficialmente en el poder federal; habrá que ver en tal sentido que es lo que va a suceder con el estratégico asunto del “michoacanazo”, a partir de ahí se podrá reflexionar válidamente en torno a las intenciones de golpeo al espectro politicomafioso o filomafioso a grandes niveles en la República.

La cuarta dimensión en la que el país se encuentra desesperadamente rezagado, es precisamente el renglón de la prevención de la delincuencia organizada, por lo que cientos de miles de jovencitos mexicanos “...se siguen deslizando como hormigas hacia pandillas, asociaciones delictuosas y grupos criminales en general...” Remata aseverando que hasta que no se implementen las cuatro dimensiones de manera integral, el problema de la delincuencia organizada no va a poder ser efectivamente controlado.

Me informo con agrado que la UACJ establece con seriedad un Observatorio de Vigilancia Ciudadana para estar al tanto de las políticas públicas que se establezcan para combatir el problema de criminalidad epidémica que vivimos en Ciudad Juárez de manera descarnada. En el mismo sentido, establece de forma curricular y por lo tanto sistemática, la asignatura optativa y transversal de Cultura de la Legalidad, desembocando finalmente y de manera muy próxima en la concreción de la Licenciatura en Ciencias de la Seguridad, lo cual es en el fondo, un paso fundamental para entender y enfrentar con los instrumentos culturales y educativos vitales al fenómeno de la mafiosidad hoy desbordado.

En esa misma dirección, se hace necesario si realmente se quiere prosperar en el encaramiento del problema, “familiarizar” concientemente al joven de nueva generación con la realidad mafiosa en la que habita; permitirle percibir de manera inteligente y clara las relaciones y diferencias entre la mafia indistinguible de la política y la delincuencia organizada; intuir lúcidamente la hegemonía extensa del espíritu de mafiosidad sobre la sociedad fronteriza y la exigencia indispensable de sobrevivencia para disgregarla, todo lo anterior recurriendo a la organización cultural de renovadas generaciones de jóvenes estudiosos o al menos estudiantes del “hecho mafioso”, de escuelas y universidades que atiendan con escrúpulo intelectual y a la vez con compromiso social, en escala de acción educativa masiva a un fenómeno de destrucción de la vida colectiva que se filtra por cualquier resquicio del tejido social y del esfuerzo de civilidad institucional.

En sentido complementario, es deseable que la iniciativa de Pacto social que promueve Plan Estratégico de Juárez, cuente con la voluntad civil que persuada y disuada acerca de la visión no electorera de la ciudadanía de esta frontera.



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