Weekly News

La opinion de:
Sergio Armendáriz
Metamorfosis

29 de junio de 2009.

Según el mafiólogo y novelista siciliano Leonardo Sciascia, en el espacio de una entrevista concedida a un medio de comunicación en 1979 “… cada vez que te dan a entrever una verdad es porque ésta es necesaria para dar más fuerza a la mentira…” Sciascia aludía a las complejas relaciones entre la verdad y la mentira en el tejido social, y ciertamente también a la estrecha conexión, contradictoria y conflictiva en extremo entre la verdad y el poder. Suponía que no es la literatura lo que es fantasía, sino la realidad tal como es tomada y sistematizada por el poder.

Vivimos tiempos en México y en Ciudad Juárez de pactos, acuerdos y arreglos pretendidamente establecidos o por establecer entre muy diversos actores y agentes sociales. Concretamente, en esta frontera se presenta una nueva propuesta o una propuesta no tan nueva pero desplegada en forma de búsqueda masiva, me refiero al activismo social del Plan Estratégico de Juárez, transformado en una etapa que se denomina textualmente “el pacto” y que tiene como propósito explícito “… buscar la unión entre la ciudadanía y el gobierno para planificar y administrar los asuntos comunes de la ciudad (reconociendo que) solamente en una relación de corresponsabilidad lograremos una mejor calidad de vida en Juárez…”

En lo personal me parece que la transformación del Plan en pacto, significa un paso cualitativo adelante en relación al impacto que el Plan Estratégico como asociación civil se ha propuesto desde hace ya más de seis años de existencia. Me consta la preocupación por encontrar los medios adecuados para darle efectividad a la implementación de sus principios y metas fundacionales, la buena fe de sus principales representantes en relación a la búsqueda de un Juárez que todos queremos, sin escatimar en gastos y esfuerzos por parte de los socios impulsores que le nutren de recursos económicos y de operación.

Sin embargo, hasta hoy parece abrirse una importante ventana de oportunidad para que “prenda colectivamente” un trabajo que por su intensidad y calidad, independientemente de la diversa percepción social sobre la pertinencia o no de algunas de sus decisiones políticas, merece una mejor suerte que la tenida hasta hoy. Estamos en tiempos de “sicilianización” del país y de Juárez mismo, se percibe la conversión de una ciudad como espacio regularmente habitable en una especie de gigantesco departamento de policía en el cual abundan delincuentes por supuesto, pero también “arrepentitis” (delatores), espías y ejecutores de real y simbólica condición. Se han derrocado ideales y también ideas, asistimos a la esperanza desolada y a la descomposición de lo que alguna vez se intentó reconocer como ideologías. No es pesimismo, lo que es pésimo es esa realidad. En línea correspondiente de posibilidad de esa prendida colectiva, debemos reconocer que la conciencia ciudadana es una entidad lo suficientemente abstracta como para ser confusamente localizable, en un escenario social con rezagos brutales, injusticias arcaicas, con un sistema educativo caracterizado por su escaso avance competitivo, con unos medios de comunicación voraces en su mercadotecnia y anémicos en la oferta consistente de cultura masiva digna, es realmente poco lo que puede señalarse como “conciencia ciudadana”. En ese sentido existe una especie de cartografía de la participación cívica, con rendimientos diferenciales a partir de las posibilidades de los estratos socioeconómicos que integran la pirámide social. Por eso, se puede afirmar que existe un sinfín de mundos perceptivos que diluyen a la conciencia ciudadana.

Los pactos solamente funcionan en la medida que representan intereses y demandas colectivas reales, civilmente operarán con trascendencia si se oponen a la cultura mafiosa parasitaria del patrimonio público, por lo demás, siempre a la expectativa de la conquista del Estado. Para Ciudad Juárez es en verdad importante, más aún, puede ser decisivo, que la figura consultiva y vigilante de “el pacto” con sus propias posibilidades de propuesta social, no termine por ser simplemente asimilada por el circo del poder, que genere una renovada forma de hablar y escuchar a esta compleja urbe, que no fenezca en la mencionada confrontación entre verdad y poder convirtiéndose en una sofisticada y decadente nueva coartada de la mafia imperante en el poder político.



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