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Asignan calificación a Cemex

8 de julio de 2009.

Se acabó la mitad del año y el desempeño de la actividad productiva fue bastante peor a lo esperado en enero. Esto se debe, en parte, a que la recesión en Estados Unidos (EU) probó ser más profunda, lo que repercutió negativamente sobre nuestro aparato industrial, particularmente el sector automotriz.

Sin embargo, no todos nuestros males en lo que va del año provinieron del exterior. La crisis económica en México se agravó, además, porque se cometieron varias torpezas de política económica en nuestro país, siendo la más costosa la paralización de toda la economía por la "emergencia" sanitaria.

No hay duda, por tanto, que el primer semestre fue terrible para la economía mexicana. Es muy probable que cuando se dé a conocer la caída del Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre, veamos que la contracción acumulada durante la primera parte del año fue la más severa para un lapso similar en más de 7 décadas.

Los datos oficiales sobre el desplome del PIB en la primera mitad del año, respecto a igual periodo del 2008, se conocerán hasta el 20 de agosto, pero desde ahora se pueden hacer algunas estimaciones que no estarán muy alejadas de la realidad. La caída del 8.2 por ciento en el primer trimestre es posible que se haya visto seguida por una algo más severa en el segundo, que bien pudo ubicarse alrededor o por encima del 10 por ciento.

Esto se debe tanto a la parálisis mencionada antes como al efecto estacional de Semana Santa, que el año pasado cayó en marzo y éste en abril. Visto en su conjunto, no sería una sorpresa que la disminución del PIB se haya ubicado entre 9 y 10 por ciento durante el primer semestre. Esto, sin embargo, forma parte ya de la historia. Una historia triste y decepcionante, que borró todo el avance económico de esta administración y nos regresó al cuarto trimestre del 2005, pero que quedó atrás. Ahora se trata de ver hacia delante y confiar que las cosas mejoren en el futuro inmediato. En este sentido, han aparecido indicios de que los próximos meses serán menos sombríos y que quizá, en algún momento del tercero o cuarto trimestre, comience una recuperación.

Por un lado, el panorama en EU todavía no se despeja del todo, pero cada día son más las voces que insisten sobre la proximidad del fin de la recesión. Los más optimistas lo ubican, de hecho, durante este verano, si bien otros lo esperan hasta fines de año.



No perdamos de vista, sin embargo, que una cosa es dejar de caer y otra muy distinta comenzar a recuperarse. Hay economistas que no descartan la posibilidad de que una vez que toque fondo la economía estadounidense, pudiera permanecer estancada por un tiempo o, en el mejor de los casos, registrar un repunte muy lento de la actividad productiva.

Es por ello que algunos no compartieron el optimismo de los mercados bursátiles durante la primavera, porque no sólo está pendiente la velocidad de la recuperación, sino también conocer la forma en que las autoridades estadounidenses resolverán los severos problemas de un déficit público enorme y el posible regreso de las presiones inflacionarias.

Aún así, considero que hay elementos de juicio suficientes para concluir, como hacen algunos analistas y autoridades, que el segundo semestre será algo mejor que el primero, tanto en EU como en México.

En lo que resta del año la industria mexicana mostrará algo más de vitalidad, en parte por el proceso de reposición de inventarios, pero también porque las políticas de relajamiento fiscal y monetario en ambos lados de la frontera comenzarán a surtir efecto. Esto quiere decir que el ritmo de caída del tercer trimestre en relación con igual periodo del 2008 será algo más leve, lo que también ocurrirá con el cuarto trimestre de este año.

La inflación, por su parte, ha cedido algo de terreno por los efectos de la recesión, pero me parece que todavía no refleja por completo la depreciación del peso, cosa que ocurrirá en lo que resta de este año y en 2010.

Mañana se dará a conocer oficialmente el dato de junio, que muy probablemente se ubicó todavía cerca del 6 por ciento. Las autoridades y muchos analistas lo esperan por debajo del 4 por ciento para diciembre. No comparto esa opinión. Veo difícil que haya un abatimiento sensible de este fenómeno en lo que resta del año. Considero, en consecuencia, que la inflación se mantendrá ligeramente abajo del 5 por ciento al fin del 2009.

En síntesis, el panorama económico fue pésimo en el primer semestre. Hay indicios de que lo peor quedó atrás, pero no hay razón para esperar una recuperación dinámica y vigorosa. Más bien estaremos frente a un proceso muy lento de mejoría económica, que será también la pauta durante 2010.





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