Weekly News

LA OPINION DE:
Sergio Armendáriz
Tolerancia

3 de agosto de 2009.

Es Juárez la ciudad más violenta del mundo según algunos criterios marcados por especialistas en la materia. La descomposición social se acelera y la parálisis aumenta en intensidad y consecuente gravedad, el trabajo efectuado por las autoridades correspondientes brilla lamentablemente por su inoperancia, definitivamente los operativos militares y policiacos no han hecho la diferencia en relación a los objetivos originalmente propuestos, la sociedad civil no percibe avances en un proceso de intervención de fuerza que ha dejado estelas de malestar y dolor en amplios segmentos de población.

El Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, al visitar Ciudad Juárez recientemente negó la inoperancia del mencionado OCCH, que se ha caracterizado por ser sumamente polémico por una escalada de violencia ascendente que no conoce ya de antecedentes en la República. Es obvio que el funcionario federal está obligado a defender la legitimidad y curso del tan vital proyecto militar vigente de la administración del presidente Felipe Calderón, que no puede darse el lujo de perder la “guerra” declarada al crimen organizado en la cabeza visible de los cárteles omnipresentes.

Llamó la atención una expresión de Gómez Mont, en el sentido de ubicar un pernicioso fenómeno de “tolerancia social” que ha sido sustentado por un conjunto de actitudes “idiosincráticas”, finalmente causantes de un clima colectivo muy propicio para el anclaje de la subcultura mafiosa que le da condiciones de vida y reproducción al delito organizado. Es interesante semejante declaración tanto por su contenido como por la oportunidad en que se hace pública; sin duda, tiene un sentido inteligente, pero le resta valor la coyuntura temporal y situacional en que se produce.

No hay ninguna duda en el sentido de que las condiciones de pobreza, desigualdad y raquitismo educativo, han contribuido como nutrientes de una circunstancia que se ha preñado de un hábitat de cultivo pleno para la existencia incorporada o incrustada en la mafiosidad como forma de vida; actitudes, ideas fuerza, estilos de existencia, visiones del mundo y la vida y por supuesto maneras de matar y morir, están claramente delimitadas por la percepción social que las ubica y a la vez las genera continuamente. La “tolerancia social” es un eufemismo para expresar la mafiosidad imperante. La penetración de la misma es un hecho apabullante, el cuerpo social exhibe la absoluta multiplicación de las células cancerígenas, pareciera no haber ni forma ni tiempo para una compleja y difícilmente visible regeneración.

Sin duda que el Secretario de Gobernación acierta con la observación referida, de hecho, hace mucho tiempo que en conjunto con la afirmación tal debería de haberse estructurado una estrategia de intervención inteligente y sensible, acorde con la dimensión del problema, mayúscula de por sí y en incontenible crecimiento signado por el temor, sufrimiento y dolor. La participación social es ciertamente indispensable, sin embargo, exige de una forma cultural que aún no es característica nuestra, también de una percepción educada en moldes civilizados de resolución de conflictos, en premisas vitales que auspicien la coexistencia y el convivio en la potencia de la pluralidad y de la diversidad individual, siempre fecunda cuando habita un ambiente liberal.

Es malo el tiempo, el sentido de la oportunidad, que Gómez Mont escogió para desmontar sus frases en Ciudad Juárez, más bien tuvo un tufo verbal de proyección de culpas, de resentimiento y hastío impotentes. Incómodo en verdad en un contexto social malherido por la violencia, la inseguridad así como por la imbecilidad electorera, descontando el autismo de una clase política que se ve siempre reducida a su vieja voracidad en la disputa por el poder, inescrupulosa como pocas. La participación social y la vinculación ciudadana son indispensables para enfrentar el flagelo del mal actual, sin embargo, no surgen de la nada, tampoco son ordenable o aplicables por un principio de autoridad declarativo, puramente nominal.

Autoridad y participación son una buena pareja cuando trabajan en la legitimidad del común acuerdo, cuando se percibe la congruencia entre el decir y el actuar. La mafiosidad nacional no solamente ha tolerado la brutalidad del delito organizado, también lo ha alimentado con entusiasmo cómplice, mañoso.



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