Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Verdad o falsedad

7 de septiembre de 2009.

Vaya descontento que ha generado el manejo de algunos contenidos de historia en los libros de texto que se imprimen actualmente o que se imprimirán en el futuro próximo en el nivel de educación primaria. Siempre existe disputa en torno a la interpretación que presume de ser objetiva respecto a la historia nacional, sin embargo, hoy que el país se sacude violentamente ante el embate de fuerzas poderosas desestabilizantes, hoy también que se controvierte acerca del Estado o la sociedad fallidas, en un ambiente que cuestiona absolutamente todas las viejas certidumbres, la historia patria vuelve a ser objeto de replanteamientos y reinterpretaciones polémicas.

Las etapas históricas se convierten en una especie de chicle conceptual, que se manipula al arbitrio de los poderes que imprimen millones de textos, para determinar los accesos a la conciencia de los infantes que cruzan por las no muy competitivas aulas de la escuela mexicana. La Conquista y el Virreinato amenazan con ser exterminados de una generación de textos que los incluía en uno de los grados de la escuela primaria, el tercero específicamente.

La leyenda negra mexicana siempre ha satanizado el pasado español que nos integra también como nación, es increíble, pero a estas alturas del transcurso de la vida del país aún se cierne grotescamente un odio mestizo-indigenista que carcome el núcleo original del componente étnico-cultural de la nación. La mentira se asentó en la escuela mexicana cuando se mitificaron como padres nacionales a Hidalgo y al símbolo de la guadalupana, pareja casta y santa de imposible ayuntamiento, ocultando en tal sentido a la cópula fundacional y real de Cortés y Malinche.

El odio liberal mexicano, al triunfo de la guerra de Reforma e Imperio, no solamente cubrió de gloria a Juárez y su generación brillante de compañeros de armas, leyes y letras, a la vez pulverizó en la rabia fratricida cualquier posibilidad de integración de virtudes y valores del componente hispánico de la identidad nacional; odio, resentimiento, despecho y ánimo de exterminio se le metieron en las entrañas al mexicano volcado con angustia a conformar un Estado que lo salvara de los estragos de una diversidad seminal complejamente amalgamada.

Los mitos no han penetrado la conciencia porque se han asentado en sedimentos de falsedad, su poder de inspiración y convocatoria son frágiles y efímeros, nuestra nacionalidad ha resultado epidérmica, sus efectos dan como producto ciudadanos de baja intensidad y escasamente entusiasmados con lejanos orgullos republicanos. Ciertamente, la historia y sus textos exigen una reinterpretación profunda y rigurosamente crítica, hay mucho que reconsiderar en los mitos y las mentiras mexicanas, la calidad de la nación depende de la contextura inteligente de ciudadanos que sepan de sus orígenes, en sus virtudes y defectos.

Definitivamente no es con amputaciones epocales o con pragmatismos desinformados e irresponsables como se salvará una mitología nacional que naufraga en sus contenidos objetivos y también en su energía espiritual. El vacío mexicano de inicios de siglo y la frivolidad de la importancia de su historia enseñada por parte de la clase en el poder, indica una crisis mayor, la de un país que no encuentra origen ni destino preclaros, una nación que ha fracasado en la constitución de un Estado que le marque rumbo cierto y seguro.

La coyuntura es importante porque implica un proceso de reflexión crítica por parte del magisterio que trabaja con los textos en cuestión, en estrecha vinculación con los niños y niñas de la educación primaria. En Ciudad Juárez también hay abundante temática que considerar en el renglón de la historia regional; símbolos, personajes, épocas, gobernantes, ciudadanos, instituciones y varios elementos sociales y culturales más, deben ser inteligentemente redescubiertos para entender y comprender la tortuosa vida de una frontera que se debate en la actual masacre en el asfalto. La Escuela debe jugar un papel fundamental hacia un superior nivel de conciencia cívica. Existe una deuda inmensa para con la conciencia histórica de las generaciones de niños y jóvenes, el costo de no hacerlo ya, es realmente siniestro, terrible y fatídico, el país entero está en juego, sus estallidos sociales son la respuesta natural a la falsedad histórica perversamente inducida.



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