Weekly News

Más cerca de Sudáfrica

10 de septiembre de 2009.

La Selección de México derrotó anoche 1-0 a su similar de Honduras, con un penal marcado por Cuauhtémoc Blanco, en partido correspondiente al hexagonal final de la Concacaf rumbo al Mundial Sudáfrica 2010.

Porque en el Azteca no existen los sueños silenciosos. Y en el Tri esos sueños los pinta Blanco. La fábrica de jugadores produce: Giovani, Guardado, Ochoa, Salcido, nombres y más nombres y un mismo héroe igual si es 1999, 2001 ó 2009: Cuauhtémoc Blanco. Motor, anotador, impulsor que ayer volvió a dar un empeñón a un cuadro mexicano dirigido por Javier Aguirre hacia otra aventura mundialista. Y es que el triunfo de este miércoles sobre Honduras (1-0) ante 100 mil almas deja al Tricolor aún más cerca.

Aunque no sin sufrimientos. Porque ayer fue una carrera contra el tiempo. Honduras amarrado con todos contra su arco. México llevando cuero a lo ancho y largo del húmedo pasto. El problema para los de casa estuvo en la punta. El partido no estaba para derrochar las llegadas al arco, pero Miguel Sabah andaba fuera de tiempo y espacio. Impotente ante los centrales hondureños que lo trajeron a empujón y pasto.

Cuauhtémoc lo intentó por izquierda y derecha. Se combinó con Andrés Guardado, buscó a Giovani dos Santos, incluso por la banda a Carlos Salcido, quien al final metería el balón más peligroso del primer lapso. Un centro franco, listo para el pase a la red, pero lo dicho, Sabah llegó al Azteca fuera de tiempo, con la mira desviada y remató, sí, desviado.

Honduras acudió a lo que pudo. Algún jugador tirado en el campo por reuma en alguna pierna, pero sobre todo a su arquero Valladares, quien se cansó de rascarle gotitas al tiempo. El ambiente: mojado y escandaloso. Con la ilusión de 100 mil, menos algunos cientos de hondureños, prendados de un balón que se compadeciera a besar la red. Lo dicho, en el Azteca no existe el sueño silencioso.

Blanco. De qué otro modo podía ser. De qué otro modo podía abrirse el nebuloso panorama. Tenía que ser con el mismo nombre: Cuauhtémoc, siempre del mismo color: Blanco.

Fue cuestión de perseverancia. De desgastar la piedra catracha, eso sí, a manos de su veterano escultor. Al "Temo", dueño del martillo y toque para ese insolente chico de 20 años héroe en Costa Rica. Giovani, quien entró al área en locomotora, sin freno, por eso descarrilado por la zaga visitante, por el eso el señalamiento de Campbell hacía el manchón penal, por eso la gritería de la tribuna sabedora que en botines del Temo no hay falla, por eso el grito largo: "¡Goooooooooooooooooooooool!", por un triunfo que deja a tiro de piedra ese viaje a Sudáfrica que todos sueñan desde las entrañas.

Y a Honduras que le daba comezón el reloj, de pronto le dio un salpullido de espanto en cada vuelta a las manecillas. Ahí quedaban inútiles las echadas al césped de Valladares y compañía. Ni qué decir de los rezos de Ramón Núñez, de la desesperación ahora de Turcios ante un formidable lance de Guillermo Ochoa en plena agonía.

México duerme algunos kilómetros más cerca de Sudáfrica. No cabe duda, este Tri ha cambiado. Se nota alegre. Efectivo. Aún pendiente de corregir fallas, de hacerse con más opciones para eludir la Temodependencia. Pero a final de cuentas gana, por eso la gritería. Porque aquí en el Azteca no existen sueños silenciosos





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