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Lidia Italia con abusos sexuales de los sacerdotes

14 de septiembre de 2009.

VERONA, ITALIA.- Ocurría todas las noches cuando él era niño, según el hombre sordo. A veces en la habitación del sacerdote, a veces en el baño, incluso en el confesionario.

Alessandro Vantini dijo que cuando era niño y asistía a un instituto católico para sordos, los sacerdotes lo sodomizaron tan a menudo que llegó a sentir "que estaba muerto". Este año, él y decenas de personas que asistieron a la misma escuela hicieron algo inusual en Italia: Denunciaron públicamente que los curas los obligaron a realizar actos sexuales con ellos.

Durante años reinó la cultura del silencio en torno a los abusos sexuales de los religiosos en Italia, donde la Iglesia es considerada una de las instituciones más respetables, según varios estudios, pero ahora gana fuerza una campaña para ventilar los abusos y castigar a los culpables en el propio patio trasero del Vaticano.

Una investigación contabilizó 73 denuncias de abusos sexuales de menores por parte de curas en la última década en Italia. Las víctimas ascienden a por lo menos 235 personas. El cálculo toma en cuenta informes de la prensa y de los portales y blogs de las víctimas. Casi todos los casos salieron a la luz luego que estalló un escándalo de abusos en Estados Unidos.

Según la investigación, la Iglesia italiana pagó compensaciones por algunos cientos de miles de dólares, una cifra ínfima comparado con los 2,600 millones que lleva pagados la diócesis estadounidense o los 1,500 millones de dólares de la iglesia irlandesa.

Los casos registrados en Italia se asemejan mucho a los de Estados Unidos e Irlanda e indican que los curas generalmente se aprovechaban de los más pobres, de personas con trastornos físicos o mentales y de drogadictos.

En un país tan católico como Italia, rara vez se critica a la Iglesia. Tampoco se habla mucho del sexo y sobre todo, de relaciones entre un cura y un niño, especialmente en los pueblos chicos.

"Es algo doblemente tabú", dijo Jacqueline Monica Magi, fiscal de varios casos de pederastia. "Italia es muy provinciana".

El muro de silencio comenzó a derrumbarse cuando 67 personas que habían asistido al instituto Antonio Provolo para sordos de Verona firmaron una declaración denunciando abusos sexuales, pederastia y castigos corporales en la escuela entre las décadas de 1950 y 1980 a manos de los sacerdotes de la Compañía de María.

Si bien no todos dijeron haber sido víctimas de los abusos, 14 de los 67 firmantes juraron en declaraciones escritas y filmadas haber sufrido de abusos por años en Verona. Imputan en total a 24 personas, incluidos varios sacerdotes.

Al explicar por qué se calló durante tanto tiempo, Vantini, quien tiene 59 años, dijo: "¿Cómo le iba a decir a mi padre que un cura había tenido relaciones sexuales conmigo? Uno no podía decirle a los padres, porque los sacerdotes le pegaban".

Vantini denunció con nombre y apellido a dos sacerdotes y dos hermanos laicos, tres de los cuales están vivos, pero pidió que no se hiciesen públicos sus nombres por temor a acciones legales. Se mostró nervioso y agitado al hablar y dijo que no tiene sosiego desde que un cura lo violó cuando era niño.

"Sufrí de depresión hasta los 30 años", expresó, usando el lenguaje de signos. "Mi esposa me dijo que era bueno que hablase porque me sacaba una carga de encima", agregó el hombre, quien estuvo en el instituto desde los seis hasta los 19 años.

Un viejo compañero de Vantini, Gianni Bisoli, de 60 años, nombró a los mismos cuatro y a otras 12 personas, incluidos curas de la congregación, a los que acusó de sodomizarlo, de forzarlo a tener sexo oral y a masturbarlos.

Bisoli acusó asimismo a un finado obispo de Verona, monseñor Giuseppe Carraro -quien es considerado para la beatificación- de molestarlo en cinco ocasiones.

Carraro fue absuelto en una investigación que dispuso la diócesis, pero los investigadores no entrevistaron a ninguna de las supuestas víctimas. El proceso de beatificación fue suspendido durante la investigación, pero fue reanudado posteriormente.

Bisoli dice que todavía recuerda el recorrido que hizo un día a lo largo del río Adige, desde el instituto hasta la residencia del obispo detrás de la Piazza del Duomo. Lo acompañó uno de los acusados de abusos.

"Me llevó a la curia. Alguien abrió la puerta y me hicieron entrar. Estaba oscuro", relata. "Vino el obispo y empezó a toquetearme. Traté de alejarme, pero siguió manoseándome por 15 o 20 minutos. Yo no sabía qué hacer".

En otra ocasión, dijo Bisoli, el obispo trató de sodomizarlo con una banana. Otra vez, estaban en un sofá y lo sodomizó con un dedo, ofreciéndole golosinas para calmarlo, indicó.

En una oportunidad, según Bisoli, el obispo le ofreció unas cruces de oro que le habían llamado la atención.

"Le dije que por lo menos me diese 10,000 o 20,000 liras para comprarme una Coca Cola o un helado", indicó Bisoli.

El actual obispo de Verona, monseñor Giuseppe Zenti, acusó inicialmente a los denunciantes de mentir y dijo que todo era parte de una disputa entre la congregación y la asociación de estudiantes sordos en torno a unas propiedades, pero cuando uno de los laicos acusados admitió las relaciones sexuales con los estudiantes, Zenti ordenó una investigación interna.

La investigación concluyó que existieron algunos abusos, pero muchos menos que los denunciados. En la investigación, sin embargo, no se entrevistó a las supuestas víctimas, sino a personas vinculadas con el instituto.

Zenti le pidió perdón a las víctimas y les expresó su "profunda solidaridad".

Entre algunos casos figuran denuncias de inducir a los niños a la prostitución, de participar en rituales satánicos y uno en el que la propia Iglesia había determinado que un anciano religioso florentino había incurrido en abusos.

Cuando se dictaron sentencias, nunca pasaron de los ocho años de cárcel. No está claro cuántos imputados fueron detenidos, ya que en Italia hay procesos de apelaciones que toman mucho tiempo.

Al estallar el escándalo en Estados Unidos en 2002, el número dos de la Conferencia de Obispos Italiana, monseñor Giuseppe Betori, dijo que los abusos de los sacerdotes eran tan escasos en Italia que la conferencia ni siquiera los analizó, pero tanto los prelados italianos como el Vaticano se toman el tema mucho más en serio ahora.

Monseñor Charles Scicluna, fiscal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que interviene en los casos de abusos sexuales de los curas, reconoció que se estaba tomando conciencia de la gravedad del problema.

"Hay un cambio de mentalidad, que me parece muy positivo", manifestó.

Scicluna admitió incluso que los abusos son un tema de vieja data que hay que erradicar.



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