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Revelan lado autobiográfico de "Los Simpson"

6 de octubre de 2009.

Son amarillos, tienen cuatro dedos y llevan 20 años sin crecer o envejecer, pero Matt Groening, el ingenioso y ahora multimillonario creador de "Los Simpson" confesó hoy en Cannes la verdadera inspiración de la familia más cáustica de la televisión: su propia vida.

"He derrochado tanto tiempo en mi vida viendo la televisión que la única manera de justificarme era crear mi propia serie y convertir esa experiencia en documentación", explicó, siempre con ironía, Groening ante los medios en el Mipcom de Cannes, donde conmemora dos décadas ininterrumpidas de éxito de "Los Simpson" y donde mañana toda la ciudad celebrará el Día de Los Simpson.

Así, decidió buscar en el sentimiento de decepción que experimentó cuando vio que "Daniel el travieso", una de sus series favoritas, al final no era tan "travieso" como él esperaba.

"Quería crear un personaje infantil capaz de manejar armas", explicó. Con eso y con rememorar su corte de pelo a los cinco años diseñó a uno de los protagonistas: Bart Simpson, el deslenguado e hiperactivo escolar que clama aquello de "multiplícate por cero".

Buscando su complementario creó a Homer, que tiene el mismo nombre que el padre de Groening y que es la suma de éste con "los padres de todos los que trabajamos en Los Simpson": holgazán, adicto a la cerveza y a las hamburguesas y encastrado en el sofá frente al televisor.

Y poco a poco se fue enriqueciendo el zoológico humano de Los Simpson: la esposa Marge y su imposible peinado "afro-azul", la silente Maggie o la niña entrañablemente conservadora Liza. Además, secundarios inolvidables como el "beatito" Flanders, un cuerpo de policía de cociente intelectual mínimo o el avaro magnate Burns con su esbirro de tendencias homosexuales Smithers.

"El reto era abarcar con los personajes y las bromas a todo el espectro de edad. Cuando Los Simpson nacieron no había ninguna serie de animación en el 'prime time' y teníamos que hacer gags para que se rieran los más pequeños, y otros destinados a quien había visto determinada película o leído cierto libro", explicó.

Groening, que venía de dibujos animados siempre en blanco y negro, decidió en un arrebato de aleatoriedad cromática "fauvista" que sus personajes fueran amarillos. "Siempre me resultó muy inquietante el rosa con el que representan la carne humana en los dibujos animados".

Así, creó una de las principales señas de identidad de sus criaturas: "Ahora, cuando alguien hace zapping y recibe un 'flash' de luz amarilla, reconoce enseguida que en ese canal están poniendo 'Los Simpson'", aseveró.

Finalmente, afinó la localización: Springfield, un nombre "comodín" en EEUU -existen varias ciudades con ese nombre en distintos estados del país- y que es, "sin más, la ciudad que todos tenemos al lado de la nuestra", en su caso el Springfield de Oregón.

"Hicieron un concurso sobre cuál era la verdadera Springfield y ganó la de Vermont. ¿Qué clase de honor significa ganar ese concurso?", exclamó.

Con estos cimientos y la apuesta del canal Fox -que hizo una exitosa prueba en el show de Tracy Ullman-, el fenómeno en Estados Unidos no fue una sorpresa para Groening, quien sí reconoció, en cambio, que no esperaba, con referencias tan locales, un efecto similar fuera.

"Eso sí, me frustra que en países como España repitan una y otra vez las primeras temporadas. Espero que veáis también las últimas porque la serie ha mejorado mucho con el tiempo", ironizó.

Efectivamente, después de 20 años, no hay signos de agotar la fórmula sino de perfeccionarla, en cuestión de audiencia y en cuestión de motivación para sus creadores.

"Mi episodio favorito siempre es en el que estoy trabajando, en el que pongo mis ilusiones y mis mejores ideas del momento", aseguró Groening, quien después de haber hecho Historia en la televisión, disfruta del privilegio de la plena libertad creativa.

"No importa lo que digamos, en Fox creen que lo sabremos sacar adelante y les divierte. Es en cierta manera muy frustrante", bromeó.

Asimismo, quiso matizar que no todo en su vida es como Los Simpson ni Los Simpson son su única vida. Porque, entre tanta referencia autobiográfica, se vio obligado a aclarar: "No, no soy como Flanders, dedicado todo el día a su dios".



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